Durmiendo con su enemigo

Durmiendo con su enemigo

Ahora que está la Semana Santa a la vuelta de la esquina me ha venido a la mente uno de los múltiples viajes que hice cuando tenía novio.

Este en concreto fue al poco de empezar nuestra relación.

Queríamos ir a Cartagena, a conocer la ciudad y ver un poco las procesiones, y aprovechando el viaje, hacer noche allí. Mi ex se lo comentó entonces a un amigo, Juan,  y éste decidió venirse con nosotros.

Este amigo en concreto conocía a mi ex desde hacía años. Se conocieron con la idea de pegar un polvo pero a mi ex no le atrajo nada, así que simplemente quedaron como amigos. Esta situación en concreto es algo que no he entendido nunca, lo de crear una amistad a partir de ese punto en concreto, porque bajo mi punto de vista uno de los dos (el rechazado) siempre va a sustentar esa amistad en unas ganas (escondidas) de que algún día pase algo. Al conocer a Juan, la forma que tenía de relacionarse con mi ex no hizo sino confirmar lo que pensaba.

Por eso no me pareció nada bien que él quisiese venir un fin de semana con nosotros, por muy amigos que fuesen. A mí no se me ocurriría ir de carabina con una pareja, y más cuando la pareja está al comienzo de la relación, pero a él pareció darle un poco igual.

Para rematar todavía más la situación, no había otras habitaciones disponibles en el hotel (era bastante pequeño, en temporada alta y reservamos a última hora) con lo que la única posibilidad que nos dieron era la de añadir una cama supletoria a nuestra habitación. Yo pensé entonces que Juan diría que no en esas circunstancias, pero contra todo pronóstico ni eso le detuvo y aceptó venirse con nosotros.

Yo entre que estaba algo molesto y tampoco es que Juan me cayese demasiado bien, decidí entonces aprovechar la situación, pues lo de compartir la habitación con él y mi pareja comenzó a resultarme algo morboso…

El día lo pasamos muy bien aunque Juan no paraba de tirar chinitas como para intentar demostrar que él siempre había estado con mi ex tanto en los buenos como en los malos momentos (mientras que yo acababa de llegar a su vida…).

Mi ex, encima,  en lugar de pararle los pies, parecía que aún le hacía gracia saber que yo me ponía celoso por el tema, con lo que aún le seguía todavía más la corriente a su colega, que no sé qué expectativas tendría, aunque dejaba claro que él y yo amigos no íbamos a ser nunca.

Así pasamos el día hasta que llegamos a la habitación.

La cama supletoria estaba al lado de la de mi ex, aunque un poco separada. Mientras, las nuestras, estaban juntas como formando una sóla de matrimonio.

El cuarto de baño estaba, como en casi todos los hoteles, entrando a mano derecha, y en el pasillo que daba a la habitación había un espejo de cuerpo entero, con lo que la visión del baño desde la cama de Juan, era completa.

El primero en ducharse fue Juan, y cuando acabó entré yo, aunque le dije a mi ex que para ahorrar agua y tiempo, se metiese también conmigo.

Allí estuvimos “jugando” un poco bajo la ducha y al salir, aprovechando que del vaho se había empañado todo el baño, abrí la puerta lo suficiente para que Juan nos pudiese ver desde el espejo.

Estuvimos ahí morreándonos como Dios nos trajo al mundo y totalmente empalmados, hasta que mi ex se dio cuenta de lo que pretendía (vio la puerta y el espejo) y paró en seco no sin antes descojonarse de la situación y llamarme “cabronazo” con una amplia sonrisa.

Él salió del baño y yo me quedé un rato secándome con la toalla frente al espejo, pues a mí en concreto sí me daba morbo que Juan pudiese estar mirando.

Sin embargo, cuando salí a la habitación, igualmente desnudo, me sorprendió ver que Juan estaba dormido, o al menos se lo hacía, aunque eso sí, con el cuerpo girado hacia la zona donde estaba el espejo del pasillo.

Mi ex me hizo gesto de que no hiciese ruido, para no despertarle, y nos acostamos.

Pero el calentón que me había entrado a mí no era ni medio normal, así que empecé a hacerle arrumacos a mi ex a ver si lo ponía a tono. Y lo puse, vaya que si lo puse.

Tanto que comenzamos a morrearnos sin importarnos que su amigo durmiese a escasos centímetros. En un minuto los dos estábamos desnudos y aunque en principio nos cubrían las  sábanas, el calor interno hizo pronto que nos destapásemos. Nos comenzamos a comer las pollas, por turnos, de rodillas sobre la cama y magreándonos como si estuviésemos solos en la habitación…hasta el momento en el que Juan se giró y siguió “durmiendo” cara a nosotros.

En ese instante, nosotros, tiesos como íbamos, nos quedamos completamente en silencio y mirando a ver si él hacía algún gesto que delatase que en realidad estaba despierto. Más bien al contrario, comenzó a emitir sonidos como para hacer ver que en realidad estaba soñando, con lo que decidimos seguir a lo nuestro.

La situación estaba siendo tan morbosa que en el momento en que nos pusimos a hacer el 69 ambos no pudimos más y nos corrimos en la boca del otro, con unos gemidos sordos que evitaron que la situación se nos fuese todavía más de las manos.

Juan en ese momento se giró de vuelta a la pared, y siguió durmiendo como si nada hubiese pasado.

Mi ex siempre pensó que él realmente estaba dormido, y que no vio nada, pero yo a día de hoy aún tengo la duda, razonable, de que vio absolutamente todo pero no se atrevió a decir nada por miedo a quedarse sin ver el espectáculo que le estábamos dando.

Es algo que nunca podré saber ya, pero como experiencia fue una de las más morbosas de mi vida.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Anuncios

El donante

El donante

Estos días que cumple años la hija de mi amiga Raquel me ha venido a la mente el momento de su concepción.

No es que estuviese yo presente en esos momentos pero… es que yo pude haber sido el padre. Dicho así suena un poco como el título del disco de Bertín Osborne, de extraño nombre “Yo debí enamorarme de tu madre”, en versión gay, pero todo tiene una explicación.

Mi amiga Raquel llevaba ya tiempo diciendo que la búsqueda de tíos se había acabado, que ya no tenía ni edad ni ganas y que el dinero que tenía ahorrado se lo iba a gastar en ella misma. Yo en principio pensé que se iba a poner tetas, o algún arreglito estético de ese tipo, pero lo que no me pensaba nunca es que en lo que estaba pensando era en quedarse embarazada. No por nada, sino porque ella nunca había hablado de tener hijos, ni la veía con ganas de ser madre. Sólo había que escucharla cuando comentaba lo pesadas que eran las compañeras de su trabajo que habían sido madres recientes para darse cuenta de que las ganas de maternidad no habían hecho mella en ella. Sin embargo, supongo que el tic tac biológico (¿o sería la propia sociedad?) habían empezado a minar su moral hasta que decidió dar el paso.

Lo que pasa es que en aquel momento, mi amiga Raquel no tenía pareja, ni visos de tener una pareja pronto. Asqueada de todo, hacía mucho que había decidido no atarse a ningún hombre, aunque lo que realmente pasaba es que los tíos pasaban de ella.

Así que cuando me dijo que había decidido ser madre me quedé un poco de piedra. Le dije lo primero que cómo pensaba hacerlo, y todavía me dejó más de piedra su planteamiento: Follando con el primero que pillase. Sin goma.

Partiendo de que podía pillar de todo, y que era una tremenda locura, aluciné un poco porque tampoco ése era su estilo. Aunque desde que había conocido a una muchacha en su gimnasio (que no nos caía bien a ninguno), y que era más puta que las gallinas pues no me sorprendía tampoco demasiado. La amiga, casada, se ve que le ponía los cuernos al marido todas las veces que podía y más, y era la que le había metido esas ideas en la cabeza.

Yo le dije de todo cuando me lo comentó pero era una batalla perdida. Ella lo había decidido así y al fin de semana siguiente iba a hacer todo lo que pudiese para conseguirlo.

Y lo hizo.

Me comentó que había conocido a dos chavalines gracias a su amiga y que mientras uno se estaba follando a la otra en la playa (era verano), a ella se la estaba metiendo el otro aunque no se llegó a correr.   Por lo visto, sólo con esos mete-saca ya ella se empezó a agobiar, el chico no se lo tomó demasiado bien y con todo ese mal rollo la cosa no llegó a cuajar. Se había dado a cuenta a tiempo de la locura que pretendía hacer, y decidió no seguir por ese camino. Su amiga, además, no se tomó demasiado bien el cambio de criterio de Raquel, discutieron y ambas se mandaron a la mierda mutuamente (por suerte para mi amiga).

Así que entonces optó por el segundo método, que me afectaba a mí. Bueno, a mí y a varios de sus amigos, puesto que a todos (de uno en uno) nos empezó a proponer si queríamos ser el padre de su futuro hijo…

Cuando me llegó mi turno (que no sé en qué orden me tocó ni me importa) me agobié muchísimo nada mas escucharlo. Yo la quería mucho (y la sigo queriendo) pero ser padre eran palabras mayores. Ella lo planteaba en plan que nunca me pediría dinero, ni mi apellido, que sólo era una desinteresada donación y ya está. Y que esa donación podía ser interna o en un tubito para su posterior inserción. Todo planteado de forma muy aséptica a pesar de lo que me estaba proponiendo: Que podía elegir entre follar con ella o no…

Yo no tardé ni dos segundos en contestar y por supuesto mi respuesta fue negativa. Yo es que no me veía teniendo a un chiquillo por ahí con mi careto y hacer como si no fuese el padre, o desentenderme de ese modo que planteaba ella… Era todo tan frío que no me gustaba nada. Mi respuesta hubiese sido la misma si el planteamiento hubiese sido ser padre a todos los efectos,  puesto que eso tampoco era algo que me hubiese propuesto a corto plazo. Ni a largo tampoco, la verdad.

Mi respuesta no fue demasiado distinta a la de los otros amigos de Raquel. La queríamos mucho pero lo que nos pedía no estábamos ninguno dispuestos a dárselo. Que estas cosas en la ficción salen bien (se me ocurre ahora el caso de Mauri y Bea en “Aquí no hay quien viva”) pero en la vida real….nunca se sabe.

Así que al final acabó acudiendo a una clínica de fertilidad y por los cauces habituales, inseminación artificial por un donante desconocido, nació al final una chiquilla que le robó media vida y desde entonces es la niña de sus ojos.

¡Felicidades!

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

L.A. Zombie

L.A. Zombie

Hace un tiempo cuando comenté la película Hellbent os hablé de que había encontrado una página web con un catálogo de películas en el que se combinaba el género de temática con el de terror.

El otro día eché mano de ella de nuevo y encontré para mi sorpresa que también existe la combinación del porno con el terror.

La versión de la película de la que os quiero hablar, que ya tiene unos años (es de 2008) llevaba adosado el subtítulo (“Hardcore”) por lo que me hace dudar de si es que había una versión más light en la que no hubiesen escenas pornográficas. Si existe esa versión, yo no di con ella, así que os hablaré de la versión superguarra que es la que me vi anoche.

He de deciros que si os gusta el subgénero del gore dentro del terror, ésta os encantará, pero si no os gusta, que es mi caso, os recomiendo que paséis un poco de ella porque hay escenas (sobre todo las primeras) que son bastante asquerosas.

La película, protagonizada por el actor porno François Sagat, comienza con una escena del protagonista emergiendo de las aguas del mar cual Úrsula Andress en James Bond contra el Dr. No, pero con un tío, desnudo y maquillado en plan zombi. El maquillaje es de traca, con una dentadura extrañísima y un color de piel entre verde y morado que deja al buenorro de François como un verdadero cuadro.

De la orilla de la playa, ya pasa a la carretera, de noche, cuando un jovenzuelo enfoca con las luces de la furgoneta al zombi, que va totalmente desnudo haciendo autostop por el arcén. El joven, que debe pensar que sólo es peligroso parar si es la chica de la curva, recoge  entonces al zombi como si tal cosa, supongo que con la intención de ver de cerca el pollón del autoestopista, sin importarle el asqueroso aspecto que presente.

Por cierto que en esa escena ya empiezan los fallos de continuidad porque de estar desnudo, François aparece después vestido con suéter y capucha, y luego otra vez desnudo (desconozco si esos fallos son cosa del director,  o que el encargado del montaje tuvo un mal día).

Y de ahí al accidente y muerte del conductor, supuestamente atacado por el autoestopista zombi. Una muerte bastante desagradable con el corazón bombeando en los últimos estertores fuera de su cuerpo. Y es justo en ese hueco donde llega el zombi y le mete el rabo para así devolver a la vida al chaval y acabar follándoselo contra la furgoneta. Eso sí, con el condón puesto, que una cosa es estar muerto y otra ir por ahí a lo loco.

La escena en sí a mí ni me dio morbo ni nada, por todo lo sangriento que es el tema. Encima, para rematar, el plano final es un vistoso primer plano de la polla del zombi, acabada en forma de uña, expulsando sangre al correrse. Una asquerosidad bien grande.

Pues bien, a pesar de que la cosa ya no prometía nada, no sé muy bien porqué seguí viendo la película.

En la siguiente escena sucede un poco más de lo mismo porque en una pelea entre dos tíos uno mata al otro dejando allí el cuerpo en mitad de un barranco. El zombi llega, se lo lleva a un descampado y sobre un colchón, que más mierda no puede tener, le baja los pantalones y se la mete por un boquete del cuerpo (no, no es el culo) hasta que lo resucita y es él quien se folla al zombi. En esta escena llegué a pensar que no me extrañaba que los actores porno tomasen viagra, porque en una escena con tanta sangre y vísceras, yo no conseguiría ponerme a tono…

Y ya después de esto comienza el descontrol total de la película porque si en la escena anterior me había percatado que al zombi se le estaba yendo el maquillaje, en la siguiente, que se baña en un charco, el maquillaje ha desaparecido por completo. Ah! pensé yo, pues entonces aún tiene su punto la película porque el tiarrón de François al natural, gana mucho….pero no, porque el maquillaje del zombi aparece y desaparece sin motivo ni razón alguna.

Incluso en la siguiente escena, un negraco también asesinado al que revive el zombi restregándole la polla por el agujero de bala de su frente,  se combinan escenas en las que está con y sin maquillaje a la vez.

En la siguiente ya toca de nuevo sin maquillar, que parece que se ha curado de su zombienfermedad, y revive a un indigente que había muerto entre cartones. Y se lo folla. Un buen samaritano, vamos.

Pero de repente, ya viene lo más extraño de la película y es una escena que parece sacada de otro film por error (de hecho pensé que se me había colado otra peli sin darme cuenta), pero nada de eso.

La escena transcurre en una habitación en la que entre varios descuelgan de la pared a un tío (que no vuelve a aparecer), y  para celebrarlo se ponen a follar en grupo. Esta escena que como película porno está muy bien, no parece tener relación alguna con nada de lo sucedido hasta que llegan dos matones y por un asunto de drogas matan a los otros cuatro en plan escabechina.

Esa escena es tan sangrienta que se ve que el director pensaría que poniendo unos plásticos en las paredes igual después les tocaba limpiar menos, pero debieron soltar tantos litros que las paredes las pringaron igual. Es ahí donde aparece el zombi (otra vez maquillado) y, sin venir a cuento, se venga de los malos y resucita a los muertos, esta vez sin necesidad de follárselos ni nada.

Y cuando parecía que la cosa no podía ir a peor, cuando ya nada en la película tenía sentido alguno, comienza una combinación de escenas del zombie / no zombie recordando sus crímenes, y llorando, con y sin maquillaje, mientras va a un cementerio a desenterrar una fosa.

¿Por qué motivo?

¿Querrá volver a su ataúd?

¿Querrá desenterrar a un ex?

¿A quién le importa?

Total, un despropósito de principio a fin que ni excita, ni da terror, ni nada de nada.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Piraña 3D

Piraña 3D

Una cosa habitual cuando viajas, es el momento en que te encuentras a un español por el mundo. Si encima, ya no español, sino que incluso es de tu propia ciudad, la emoción ya se desborda totalmente. Que puede que no lo conozcas de nada, ni él a ti tampoco, pero el hecho de encontrarse a un “vecino” fuera de tu entorno habitual, a todos, creo yo, nos alegra.

Hace poco me sucedió algo similar. Estando fuera, durante mis últimas vacaciones, me encontré vía app con uno que me sonaba de haber intercambiado algún (casto) mensaje en su día. Ni habíamos quedado ni nada, pero su perfil me sonaba por la foto tan sugerente que tenía: un torso desnudo velludete.

Le escribí diciendo que yo también era de Valencia, y enseguida iniciamos una conversación.

El tío iba más caliente que yo y eso se notaba. Empezó a enviarme fotos a cual más explícita y aunque eso es algo que a mí no me pone demasiado (hay que dejar cosas a la imaginación), al poco ya me había calentado y me dirigía al hotel donde él se alojaba.

Me había comentado que se había cogido el fin de semana para desconectar un poco y que por eso tampoco quería dar demasiados rodeos. Me dijo que entrase directamente al hotel y cogiese el ascensor de la izquierda, que subiese a la cuarta planta y que allí me estaría esperando, en la habitación 402, con la puerta entreabierta desnudo sobre la cama. Y que lo hacía así por el morbo de la situación. Las cosas claras, vamos.

Llegué, subí y entré.

Y sí, en la cama había un tío completamente desnudo, velludete… pero con algo más de tripa que las fotos que me había enseñado.  Que no es que estuviese embarazado de 9 meses, pero  de 4 o 5 igual  sí.

De hecho le pregunté si era el mismo que el de las fotos, y me dijo que sí, pero que últimamente había engordado “un poco”.

En ese momento se puso en pie y el tío me sacaba una cabeza (y eso que soy alto). Era una bestia parda, grande, moreno como recién salido de una película de Falcon Studios o Men.com. Se abalanzó sobre mí y sin dejar de morrearme, me empezó a desnudar.

A mí la situación me empezó a dar un morbazo bestial con lo que lo de su tripa en 3D empezó a pasar a un segundo plano. Me llevó en volandas casi a la ducha (chico limpio) y ahí empezó a comerme a besos. Pero no eran besos normales. Con cada morreo, mordía un poco.  Comenzó entonces a bajar hacia abajo hasta que llegó a mis pezones y ahí empezó a succionar, mordisquear y lamer que creí que me desmayaba ahí mismo.

Siempre pensé que yo no tenía sensibilidad en esa zona pero qué equivocado estaba…

Estuvo varios minutos concentrado con mis pezonacos que al final me empezó a doler de tanto que me los había trabajado. Jamás me los había visto tan en punta, y pensé que como se acercase un poco más podría hasta sacarle un ojo.

 Me dio la vuelta (el tío era tan grande que yo parecía un muñeco en sus manos) y empezó a mordisquearme desde el cuello hasta los tobillos. En el culo me pegó cada mordisco que me tuve que girar para asegurarme de que no me había arrancado una nalga completa. De hecho pensé que igual había dado con un caníbal, y que habría ya un reguero de sangre mío en el suelo de la bañera (peliculero que es uno…).

De ahí pasamos a la cama, sin dejar de tenerlo sobre mí. De hecho estaba tan pegado a mí que me costaba respirar con semejante maromo ahí encima. Comenzó entonces a bajar por mi cuerpo hasta llegar a la polla y lo que hizo fue comerme los huevos como si no hubiera un mañana. Todo con pequeños mordiscos, claro que sí, supongo que marca de la casa.

Así estuvimos bastante rato. Mucho rato Era del tipo de gente al que le gustaba hacer disfrutar y eso se notaba. Llegó un momento en que si me tocaba yo un poco notaba que iba a acabar corriéndome. y así se lo dije. No tardó ni dos segundos en cogérmela y hasta que no solté mi última gota no paró.

Exhausto, agotado por la situación (podéis imaginaros una fuente de esas de chorros, porque fue algo parecido), le dije que lo sentía pero que no podía más. Él dijo que había pasado muy bien y que le apetecía estar un rato conmigo en la cama, que ya se correría luego.

Ahí el hombre se explayó y me comentó que en realidad tenía pareja, chico, y que no estaban muy bien entre ellos. Que vivían en un pueblo bastante alejado de donde yo vivo y que el hecho de verme en la app era porque trabajaba por donde yo vivía. Me dijo que realmente no sabía que hacer, porque a su novio le quería, pero que en sexo se aburría bastante con él. Necesitaba desahogarse. Y no sólo a nivel sexual.

Estuvimos charlando un buen rato, aunque yo soy bastante malo para aconsejar a nadie.

Después nos volvimos a duchar, y aunque nos animamos los dos de nuevo, a mí se me había hecho bastante tarde con lo que ya me tuve que ir.

Al día siguiente él se fue y lo pude comprobar por los kilómetros que ya nos separaban en la aplicación. Lo que no se me fue fue el dolor en los pezones durante una semana. De hecho incluso se me llegaron a poner morados por el pedazo de mordiscos que me había pegado el tío, así que os podéis imaginar lo hipersensibles que los tuve durante ese tiempo.

Al volver a mi ciudad, el tío volvió a aparecer. Sin embargo, no he querido volver a quedar con él, aunque me lo ha propuesto. Sigue con su pareja, y a mí es algo que me incomoda. Vale que es solo sexo y que el problema, en todo caso, es suyo. Pero inmiscuirme en una pareja, aunque sea así, no va demasiado conmigo.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

La Trastienda

La Trastienda

No hace mucho, un sábado por la mañana,  recibí un mensaje del Wapo en el que con el típico “qué cerca sales” un tío me entró con ganas de cachondeo. Esa charla,  bastante divertida, acabó derivando en si tenía huevos o no de ir a llevarle  un café  a su trabajo (una floristería) puesto que no había podido desayunar en condiciones. A mí basta que me digan “a que no eres capaz” para hacer algo (en eso soy bastante inmaduro), así que compré un cafetito en un bar y hacia su trabajo que me fui.

Cuando llegué, el tío alucinó porque pensó que no iba a ser capaz de llevarle el café prometido. Antes de ir ya nos habíamos mandado fotos y yo le había dicho cómo iba vestido, para así evitar confusiones. Estuvimos charlando un poco hasta que me dijo que pasase a su trastienda.

Un poco de charla entre nosotros y ambos nos dimos cuenta de que había algo de tensión sexual y que no íbamos a tardar demasiado en resolver.

Al poco empezamos a comernos las bocas, y el empalme fue casi instantáneo. El problema era que siendo un establecimiento abierto al público, la gente entraba a cada rato por lo que mucho, mucho no podíamos hacer…o eso pensaba yo.

Cada vez que entraba alguien, un sonido como de pájaro nos avisaba en la trastienda por lo que él se adecentaba un poco y salía como si nada. El tema es que la cosa se fue calentando y cada vez que salía, la hinchazón de su paquete era cada vez mayor por lo que intentaba con la camiseta tapar lo que podía. A mí la verdad es que el hecho de que entrase gente a cada rato empezó a darme morbo así que intenté sacarle partido a la situación, con lo que empecé a desnudarme poco a poco. Cada vez que el volvía de atender al público yo iba cada vez más desnudo hasta que acabé totalmente en bolas y él ya subiéndose por las paredes.

Entraba, nos enrollábamos y el salía al mostrador ya como podía. En una de tantas, en la que él se llegó a quedar desnudo de cintura para abajo,  tardó tanto en arreglarse y salir (su polla no bajaba) que ya empecé a darme cuenta de que la situación se nos estaba yendo de las manos, por lo que pisé el freno. Para enfriar un poco la situación, mientras él atendía fuera decidí vestirme de nuevo…y menos mal que lo hice. Cinco minutos después llegó su hermana a hablar con él y entró en la trastienda donde se encontró conmigo.

La cara del tío al entrar era un poema, aunque al verme ya vestido se relajó un poco. Me presentó como un amigo que había ido de visita y yo saludé cordialmente, diciendo que ya me iba para evitar una situación incómoda y posibles malos rollos. Nada más salir del local me escribió un mensaje diciendo que por favor no me fuese muy lejos, que su hermana estaría poco tiempo. Y así fue, unos 15 minutos después me dijo que volviese y acabásemos lo que habíamos empezado. Y eso hicimos.

Por fin cerró el local y en la trastienda dimos rienda suelta al calentón que llevábamos acumulado.  El sofá y la silla que tenía nos dio mucho más juego del que pensábamos y la corrida de ambos fue de campeonato (por cierto que me alegró dar con otro igual o más lechero que yo, que ya es).

Cuando acabamos, le ayudé a cerrar la tienda y hablamos un rato, de mi vida y sobre todo de la suya, con una situación familiar, bastante más complicada.El chico era dueño a partes iguales con su mujer de la floristería.  Sí, de él y su mujer. Yo me quedé en ese momento un poco helado,  y me percaté de que no llevaba anillo de casado, aunque tampoco eso significaba mucho. Me confesó que aunque su matrimonio estaba ya roto, y en vías de divorcio, como socios del negocio seguían tan normales y por motivos económicos a ambos les interesaba que siguiese siendo así. También por esos motivos, seguían compartiendo domicilio conyugal. Estaba claro que con este tío lo único que tendría sería sexo y en ese momento me pareció bien.

Días después me escribió de nuevo. Quería ver si podíamos quedar de nuevo en su tienda para repetir lo mismo. Y lo repetimos. Sin embargo, una experiencia nueva tiene su morbo la primera vez, la segunda… pues ya no tanto.

Aún intentó que hubiese una tercera vez, pero a mí ya no me apeteció. Supongo que se quedaría bastante chafado por el mensaje que le envié, dejándole claro que no siempre iba a estar a su disposición (“cuando dejo de estar caliente, vuelvo a ser persona”), así que la cosa ya quedó en nada.

Él pareja no buscaba, supongo que lo único tener un follamigo para quedar de vez en cuando, y yo pensé que para eso mejor era tener a alguien con una situación bastante menos complicada que la suya.

Bueno, eso pensé yo o eso me dije a mí mismo, puesto que de nuevo pensar en iniciar algo con alguien (sea ese algo lo que fuese) me había empezado a poner nervioso…

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Estación Central de Brasil

Estación Central de Brasil

La época estival que ahora está acabando es la época del año en la que más activo estoy sexualmente. Bueno,  mejor dicho, con ganas estoy todo el año pero es durante esta época en la que esas ganas se materializan más. Yo supongo que se junta no sólo las ganas, sino también el calor, y esa desinhibición propia de estos meses, que hace que todos (creo yo) liguemos más.

Al principio del verano, estando en la playa un domingo por la mañana recibí un mensaje por mi app de ligoteo de cabecera. Generalmente lo que entra más por los ojos es la foto que ponga el otro en el perfil, pero en este caso la fotografía (un primer plano de su boca) tampoco es que llamase demasiado la atención. Lo que sí tenía el chico era labia, porque empezamos una conversación con bastante facilidad. Tanto que al poco ya me estaba invitando a ir por donde él vivía para tomarnos algo. Y fui.

Generalmente antes de quedar con alguien se pide foto de cara (o de cuerpo) para ver antes lo que te vas a encontrar después, pero en este caso ni el la pidió ni yo a él tampoco. En eso estaba pensando cuando llegué al lugar donde habíamos quedado y mientras le estaba escribiendo vi un tio apoyado en un árbol que me miró, mientras él también escribía por el móvil. El hombre en cuestión iba vestido por su peor enemigo, con el pelo color azul pálido, y varios piercings en las orejas. También llevaba un barrigón de campeonato y la camiseta a duras penas podía taparle el ombligo. Cuando vi tal imagen, y pensé que podía ser mi cita, me dije a mí mismo que era mejor tomar las de Villadiego y de una forma educada soltar alguna excusa. Eso  me disponía a hacer cuando recibí un mensaje en el  que el tío me decía que me estaba esperando en su casa y que cuando estuviese cerca le avisase. Respiré tranquilo al darme cuenta de que me había equivocado de persona.

Llegué a su portal y para evitar una posible situación incómoda, dado el tío que me había encontrado en la calle, le dije que mejor bajase y nos fuésemos a tomar algo. Cuando bajó respiré, aliviado, porque el chico estaba bastante bien. Con barbita recortada, moreno, y de aspecto en general bastante agradable.

Hablamos y nos tomamos una cervecita y enseguida note por el acento que no era de por aquí. Me dijo que realmente era brasileño y automáticamente me vino a la mente el otro brasileño con el que estuve hace años y del que os hablé aquí.

Subimos a su casa y en contra de lo que pudiera parecer, no fue un aquí te pillo y aquí te mato. El hombre tenía conversación. Me comentó que había venido hace 25 años desde su pueblo natal en Brasil a completar sus estudios de ingeniería. En Brasil había trabajado incluso en algo de temas ferroviarios, pero sin embargo, una vez la crisis empezó en España, tuvo que dejar aparcada su profesión y dedicarse a lo que hacía ahora, organizar eventos de todo tipo (reciclarse o morir, supongo). El hombre me pareció majo, incluso me invitó a comer. No fue hasta llegar al postre cuando empezamos a enrollarnos.

Sí que me gustó que el tío, encima, era bastante limpio y antes de ir a más, pasamos los dos por la ducha. Ahí nos enjabonamos por todos lados  (todos todos) y nos empezamos a magrear y sobarnos de arriba abajo.

Lo que más llamaba la atención, como buen brasileño, era el pedazo de culo que se gastaba. Dos brasileños con los que he estado y los dos con culazo, con lo que no creo que sea casualidad la fama que tienen en el resto del mundo.

Encima al tío, como a mí, le gustaba besar. Del baño pasamos al comedor, al sofá, donde seguimos enrollándonos, y de ahí a la cama. El tío me daba morbo, yo por lo que parecía también a él, y los dos íbamos calientes como una plancha, así que la jornada resultó perfecta.

Después de las pajas de ambos (porque no llegamos a follar) aún estuvimos un rato de charla desnuditos en la cama, el boca abajo y yo sobándole el culete.  Al final, que a lo tonto se nos iba a juntar la comida con la cena, decidí irme, no sin antes intercambiarnos los teléfonos, por si acaso.

Días después, estando en casa, recibí un mensaje de él diciendo que estaba por mi barrio (le había dicho donde vivía) y que acababa de salir del trabajo, por lo que le apetecía una “ducha, un helado y un abrazo”.

Fue recibir el mensaje y no sé muy bien porqué, me entró un agobio a las primeras de cambio. Era un miércoles, había tenido un mal día en el curro y lo que más me apetecía era cenar algo rápido y acostarme, con lo que su mensaje me descolocó un poco.

No tenía ningunas ganas de quedar con él. El polvete había estado bien, pero no sé si lo que el quería era repetir la quedada sexual o esa segunda cita es que quería algo más. En mi cabeza se empezaron a agolpar un montón de sentimientos encontrados que acabaron por hacerme escribir lo siguiente “no tengo helados en casa y es tarde, mañana madrugo ,así que lo siento pero no”.

Su mensaje fue simplemente un “ok, perdona si te ha molestado”, que me hizo sentir bastante mal.

Tiempo después, me volvió a escribir, pero justamente esos días yo estaba fuera, de vacaciones, con lo que, encima, yo creo que pensó que le estaba dando largas de nuevo, así que aún quedé peor. Me contestó con otro mensaje que denotaba que esa vez el molesto era él.

Aun intenté escribirle yo, tiempo después, y fue él quien me dijo que estaba fuera, con un mensaje supercortante que me hizo ver que alargar esta situación ya no tenía demasiado sentido.

Era la primera vez en bastante tiempo que alguien intentaba quedar conmigo  para una segunda cita y sin embargo, yo eché por la borda esa oportunidad, no sé si voluntaria o involuntariamente.

Lo peor de todo es que en este verano, no ha sido la única vez que me ha pasado.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Detrás de las paredes

Detrás de las paredes

Durante una etapa de mi vida tuve que emigrar por motivos laborales. Tampoco me fui a Suiza que digamos, fue en mi propio país, pero aún así, tuve la sensación de ser un emigrante en toda regla.

De hecho todavía por entonces tenía pareja, y entre la sensación anterior y lo que le echaba de menos a él y a toda mi familia y amigos, las primeras semanas fueron bastante duras.

Una de las cosas que más agobio me produjo fue el hecho de tener que buscar alojamiento deprisa y corriendo para tener un lugar donde instalarme, aunque fuera provisionalmente.

Al final di con un lugar de apartamentos turísticos (bastante pequeños) en los que por una buena relación calidad – precio encontré lo que buscaba. Por cierto que por entonces el concepto de apartamento turístico no tenía las connotaciones negativas que tiene ahora y además, recuerdo, que la mayoría de inquilinos también lo eran, como yo, por motivos laborales.

Lo bueno de un sitio así fue el ambiente tan familiar que se creaba pues justo a la entrada estaba la administración – conserjería, con una mujer muy agradable que lo mismo te ayudaba si te quedabas sin agua, que te arreglaba una ventana, o te configuraba el wifi si tenías algún problema.

De vez en cuando su marido, que también era socio de la empresa que gestionaba el edificio, iba por allí pero la verdad es que quien manejaba la situación era ella.

Lo único malo que tenía el lugar era que las paredes eran de papel de fumar. Se oía tanto la música del vecino de abajo como la tele del piso de arriba, pero como tampoco pensaba estar demasiado en el apartamento (por las noches y poco más) me dio un poco igual.

El tema es que una noche a mitad de sueño comencé a oír gemidos que provenían del apartamento de al lado. Gemidos de una pareja follando, claro. Primero muy suaves, pero después ya bastante fuertes.  Tanto que en plan cotilla total me quedé con la oreja pegada a la pared por el morbo que me estaba dando la situación. Lo más morboso fue oír como al final un “me corro” del tío puso punto y final a la escena. Yo acabé tan empalmado que tuve que acabar también, aunque manualmente, y en el baño.

Esa situación se repitió una vez más, otro día, y después el chaval que ocupaba ese apartamento se largó. Un chaval, por cierto, bastante guapete con el que me crucé alguna vez por el edificio y al que me imaginaba cada vez que lo veía desnudo y dándolo todo.

Tiempo después de irse ese chico, volví a oír gemidos en ese apartamento, por la tarde. Me extrañó, porque sabía que había quedado vació y pensé que no se había vuelto a alquilar.

Por curiosidad volví a poner la oreja en la pared y lo que escuché me sorprendió bastante.

Era otro hombre, por la voz bastante mas mayor que el anterior,  follando con una, por el acento, mujer sudamericana.  Ella gemía poco pero el que más hablaba era él, soltando perlitas como: “Te gusta ¿eh?” “Dime que te gusta”, “Muy buena chica, lo haces muy bien” “has nacido para esto” y cosas así que no me hacían sino sospechar que igual la chica sería prostituta.

Una vez terminaron la faena, con un orgasmo del hombre que parecía que se había quedado muerto, oí como la chica se fue al baño “a asearse un poco”. Fue entonces cuando la conversación me dejó boquiabierto al oír como el tío decía “esto de aquí es tu curriculum, ¿no?” y ya cuando salió la chica del baño comenzó a hacerle lo que parecía ser una entrevista de trabajo…

Le preguntó de todo, edad, si tenía experiencia como limpiadora, si tenía dotes de mando, si estaba casada, disponibilidad horaria,  y preguntas de ese tipo.

El final fue un “ya te llamaré, pero tienes muchas posibilidades”.

Yo alucinaba tanto con la conversación que no me lo podía ni creer. Fue entonces cuando caí en que la voz, que me resultaba familiar, era la del marido y socio de la mujer tan agradable que llevaba la administración del edificio…

De hecho, al poco tuve que salir y me lo encontré en el pasillo, saludándome, como si tal cosa.

A los pocos días,  comencé a ver una chica jovencita sudamericana, muy guapa, trabajando por allí, limpiando y con una sonrisa de oreja a oreja.

Me dio mucha lástima tanto la chica, que se tuvo que prestar a eso (supongo que por necesidad) como la propia mujer del viejo verde que supongo que no sabría de la misa la mitad. Y además, que estoy seguro de que esas entrevistas de trabajo no serían la primera vez que las haría.

A saber si el resto de personal del complejo también tuvo que pasar por el aro para trabajar en el lugar.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com