Cuerpo de élite

Cuerpo de élite

Viendo cómo se plantea esa “nueva normalidad” que tanto asco me está dando ya sólo de imaginármela, he caído en la cuenta de que voy a tener que acostumbrarme a estar solo conmigo mismo ya para los restos.

Porque a mí esa nueva perspectiva de vivir pegados a una mascarilla y sin apenas contacto físico me está hundiendo antes de empezar.

De hecho hoy se me ha ocurrido volver a instalarme la app de ligoteo para ver cómo se lo estaba tomando la gente por esos lares y todos piensan más o menos como yo, que vamos a estar sin follar  conocer gente nueva durante mucho, mucho tiempo.

Por eso me ha venido a la mente la última persona con la que estuve, justo un poco antes de mi último parón en el blog.

Lo conocí por esa misma app y al poco de hablar nos dimos cuenta de que muchos años atrás ya nos habíamos conocido en un chat, y que incluso llegamos a enviarnos fotos y tener cierto grado de amistad.

Recuerdo que aquellas primeras veces me comentó que se acababa de divorciar, que había descubierto que era gay (más bien lo había asumido) y que su mujer lo había echado de casa. Y que se había tenido que ir a un piso compartido mientras comenzaban los trámites del divorcio.

Pero eso era el pasado. Ahora él ya vivía en otra zona, solo, e incluso había cambiado de trabajo. Si entonces curraba con su ex en un negocio familiar, ahora se había reinventado y era vigilante de seguridad.

Por si no lo sabéis, a mí el tema de los uniformes es algo que me pone mucho, Pero no mucho en plan “uy, que morbillo más gracioso” sino más bien tipo  “cualquier día cometo un delito sólo para que me cacheen y hagan conmigo lo que quieran en los calabozos”…

Porque ésa es otra, en el tema de hombres de uniforme, sólo me los puedo imaginar como activos y yo como pasivo total (y eso que me considero más bien versátil).

Cosas de la imaginación, que va a su bola.

Pues bien, volviendo al vigilante de seguridad, imaginad cómo me puse cuando me dijo a qué se dedicaba: Me faltó tiempo para quedar con él.

Y mucho menos tiempo para acabar yendo a su casa.

De lo que pasó allí no voy a contar mucho, que para eso soy un caballero (jeje) pero vamos, que podemos decir que cumplí la fantasía que tanto tiempo había soñado.

Me lo pasé genial, y eso que sólo era un vigilante (si llega a ser policía local, nacional o militar ni os cuento – que en esto del morbo, también hay grados -)

Y no, no penséis cosas raras en plan película porno, con las esposas y la porra haciendo de las suyas que no fue por ahí el tema (más que nada porque no lo tenía a mano). Pero sí me enseño fotos suyas vestido con el traje de faena que me pusieron tan palote… que lo que es hablar, hablamos poco.

Después de aquella quedada,  y como aparte hubo muy buen rollete, decidimos quedar de nuevo pero esta vez ya para cenar, en un restaurante cerca de mi casa, para así poder tener algo de conversación.

Antes de ir de cena le dije que pasase por casa, pero llegó demasiado pronto. Tan pronto que no me había dado tiempo a ducharme así que le dije que si no le importaba, me esperase un poco en el comedor. Pero no me hizo caso y vino a ver cómo me duchaba. Y claro…pasó otra vez lo que tenía que pasar.

Dos de dos.

Después nos fuimos de cena y me di cuenta de que el tío encima tenía temas de los que hablar. Era guapete, simpático, me daba morbo,  y por lo visto yo le causaba la misma sensación.

Algo que hacía tiempo que no me pasaba.

Después de aquella cena, dijimos de quedar de nuevo a la semana siguiente.

Sin embargo ya esa cita no pudo ser porque mis circunstancias personales cambiaron de la noche a la mañana.

Intenté darle las explicaciones oportunas y las entendió, pero una relación (o lo que fuese) incipiente como aquella no había echado aún suficientes raíces para soportar lo que me vendría después.

Nunca sabré en qué pudo acabar todo aquello con el vigilante, pero tal vez quede en mi memoria como el último tío con el que estuve antes de que el mundo cambiara.

A peor.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Hellbent

Hellbent

Uno de los problemas de las películas de temática es que la mayoría de veces tratan temas de amor, en el que las parejas sufren. Que si no han salido del armario y lo pasan mal, que si son amores entre hombres casados y han de permanecer ocultos, que si hay diferencia de edad y por eso, también, sufren…Total, que la mayoría son unos dramas.

Quizás por eso, no me suelen gustar demasiado las películas de temática. Más que nada porque así en general, y en el cine en particular, ni me gustan los dramones ni las pelis de amor.

Por eso me sorprendió gratamente dar hace poco con una página de Internet con películas gays de terror. Y no hablo de una o dos películas sino que hay bastantes para elegir. De momento 129 para ser exactos.

La primera que me dio por ver fue una de un prolífico director llamado David deCoteau. Viendo que tenía muchas y de todo tipo, me dio por elegir una llamada “Beastly Boz” (por la carátula más que nada) y fue un verdadero error.

Esta película es un esperpento de principio a fin. Enfocada tipo película de arte y ensayo lo único que tiene es a chicos cachas enseñando torso y poco más. Con unos diálogos casi testimoniales, el argumento en sí es lo de menos, porque hacía mucho que no me aburría tanto con una película.

Por suerte, y descartando el resto de películas de este autor, del que no pienso ver más, se me ocurrió intentarlo con otra llamada “Hellbent” (gracias a que en los comentarios de la página la recomendaban), y menuda sorpresa me llevé.

Si os gusta las películas tipo Slasher (asesino en serie) ésta es una muy buena elección. También es verdad que yo tengo debilidad por las películas rodadas en tiempo real,  supongo que porque de pequeño me marcó la película “¡Jo, qué noche!” (1985) de Martin Scorsese.

En esta película por tanto todo sucede en el tiempo que dura la película (84 minutos) y durante la noche de Halloween en el West Holllywood, donde un asesino en serie parece que va cargándose a los tíos del lugar sin un motivo aparente.

El  protagonista, Eddie, he de deciros que está bastante bien, con una sonrisa que desarma a cualquiera. El actor, en realidad, se llama Dylan Fergus, y más allá de esta película no lo he visto en ningún sitio más (lástima).

Encima, el prota, aparte de estar bueno es que se pasa toda la película vestido de policía y eso, como ya sabéis quienes seguís mi blog, es algo que me pone mucho (bueno, mucho no, muchísimo). También me pone, por cierto, el amigo cachas bisexual que sale con él de fiesta, Chaz, un tío llamado Andrew Levitas que, como en el caso del protagonista, no he tenido el gusto de ver actuar en ningún otro papel. Y también está el chaval de la moto, y objeto de deseo de Eddie, un tal Jake (Bryan Kirkwood) que encima va de chulito cachitas y madre mía el morbo que da. Yo creo que incluso al amigo gracioso de todos ellos, Joey (Hank Harris), le encuentro también su puntito…

Pero más allá de estos simples detalles  (ejem, ejem) he de deciros que es que la peli está muy pero que muy bien.  Para ser de hace unos años (concretamente de 2004)  no ha perdido demasiado, y tiene todos los ingredientes del género que hacen que a mí personalmente, me gusten mucho este tipo de películas.

Así, por ejemplo, el malo va con un disfraz como de demonio, con sus cuernecillos, que en sí mismo está muy logrado (algo así como el disfraz con la máscara de  “Scream” o el pescador de “Sé lo que hicisteis el último verano”).

También los asesinatos están muy bien planificados, por encuadres de cámara y demás, con lo que hace que te involucres totalmente en la película.

El grabarlo todo de noche en un mismo escenario y pasar de espacios amplios a ir poco a poco reduciendo las localizaciones (del bosque a una discoteca y de ahí a la casa del protagonista) también es algo típico del género y que en este caso funciona además, de manera espectacular, y a pesar de haberse gastado cuatro duros.

Por último, y como buena película del género que se precie, tiene además alguna que otra escena de esas que marcan la diferencia y que la hacen sobresalir por encima de la media. Así, en este caso, y gracias al ojo vago del protagonista, hay un par de momentos  memorables que podía haber filmado el mismísimo Wes Craven en sus mejores tiempos.

Vamos que me encantó la peli y creo que gracias a ella seguiré viendo más películas de este tipo.

Al menos me he dado cuenta de que en la definición de temática hay mucho más cine del que me imaginaba.

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Caída libre

Caída libre

Hace unos cuantos post, en concreto en el titulado Arma letal, otro bloguero amigo, Christian, (recomiendo que leáis su blog), me hizo un comentario hablándome de una película de temática gay llamada Caída libre (en alemán Freier Fall).

Hasta hace unos días no la pude ver y me gustaría hacer hoy una reseña de la misma, por si a alguno le puede interesar.

Dirigida por Stephan Lacant, está protagonizada por Hanno Coffler, en el papel de Marc, y por Max Riemelt, en el papel de Kay (por cierto que este último es también conocido por salir en la serie de los hermanos Wachowski, Sense 8, en el personaje de Wolfgang Bogdanow).

La película se centra en una relación entre Marc, casado, supuestamente hetero, y apunto de tener un hijo, y un compañero gay de formación/trabajo, que es Kay.

La historia en sí misma no es nada que no se haya visto ya en otras películas de este género. Me viene a la mente otra película (más bien telefilme) que emitieron hace años en las televisiones autonómicas y que se llamaba “Otra ciudad” que trataba de un tema parecido. O por ejemplo, otra película más conocida, “Krampack” que aunque variaba un poco el tema al ser jovencitos en el despertar sexual, la base del hilo argumental (que no el tono) era similar.

El hecho que la hace un poco diferente es que tanto Marc como Kay son policías. Y de antidisturbios además. Un entorno supermachorro, vamos.

Y si sabéis los que seguís este blog el morbo que me ha dado siempre el rollo policía (y uniformes en general) os podéis imaginar que la película me gustó bastante.

Realmente no es que salgan mucho vestidos de policía, más bien poco. Bueno, realmente nada, porque sólo salen con el uniforme de antidisturbios cuando están en la furgoneta y en las escenas que están en la Academia, que corren con camisetas que pone “polizei” y ya está.

Pero el hecho de estar ante una película en la que se supone que ambos protagonistas son policías, ya fue suficiente para estar toda la noche viéndola con la polla morcillona en mis pantalones (soy un enfermo, lo sé).

Y eso que los actores no enseñan casi nada. Salvo unas escenas de duchas comunitarias (que quedan bien en cualquier película), poco más.

Además la película en sí es bastante dramática. Sobre todo está centrada en  las comeduras de tarro mentales que sufre Marc continuamente, al no saber si mantener su relación de pareja o asumir que puede que no sea tan hetero como  pensaba.

Aparte de estos dos protagonistas, también sale bastante la mujer de Marc, Bettina (Katharina Schüttle) que hace el papel de la típica esposa, cornuda, que no parece enterarse de qué va la película hasta el final de la misma, y que cuando se entera, tiene una reacción como mínimo sorprendente (aunque conozco casos en la vida real bastante similares).

También aborda de pasada el tema de la homofobia en un entorno tan a priori hetero en el que se desarrolla  la película (Academia de policías) en el que a pesar del acoso y derribo que sufre Kay (con agresiones incluidas) el apoyo de sus compañeros muchas veces brilla por su ausencia.

De la película me gustaron sobre todo dos escenas. La primera, aquella en la que le “roban” un beso a Marc,  y la segunda la escena en la que ya se morrean en mitad del bosque con pajote (rápido) incluido (sólo se intuye), y la reacción posterior de Marc muy del estilo de arrepentimiento en plan  “queyosoymuymacho”, que logra recrear bastante bien la lucha interna en su cabeza.

La película fue estrenada en el Festival de Cine de Berlín, de 2003, y no me consta que se llevase ningún premio ni nada (tampoco la película se prestaba a mucho más).

Una última cosa, si la vais a ver, no la confundáis con otra película supercutre llamada también “Caída libre” y protagonizada por Malcolm McDowell en horas muy bajas. Yo me equivoqué y a mitad película me di cuenta de que ni salían policías gays ni nada, pero ya la terminé de ver, perdiendo tontamente 90 minutos de mi vida. Así que mejor la buscáis en alemán y con subtítulos que es como la vi yo.

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Arma Letal

Arma Letal

Uno de mis mayores fetichismos lo tengo con el tema de los uniformes. Ya sabéis, policías nacionales, locales, bomberos, militares…

El origen yo creo que está en la primera película porno gay que vi, que estaba ambientada en un cuartel, y los actores iban con sus botas militares follando por cualquier rincón. El hecho de ver a tíos en un ambiente totalmente masculino comiéndose las pollas es algo que me dejó marcado.

Luego vi otras de este estilo y ya noté que eran las que mas me ponían a tono, porque aunque los argumentos son siempre una mierda, la ambientación al menos sí hacía, y mucho.

Además por esa misma época, escuchando el programa de radio Hablar por Hablar (donde gente anónima llamaba con algún problema para desahogarse) recuerdo un vigilante de seguridad que llamó para decir que tenía dudas de si casarse con su novia de toda la vida porque hacía unas semanas que estaba liado con un compañero, y se lo montaban habitualmente en la garita usando la porra del uniforme como juguete sexual…

(En ese programa nunca sabías si las llamadas eran de coña o no – de hecho ahí comentaron el famoso tema de Ricky Martin, la chica y el perro- pero no me digáis que no tiene su morbo imaginarse algo así)

Yo experiencias con otros colectivos que llevan uniformes sí tengo, como por ejemplo médicos (con uno me lo monté varias veces en su consulta, ya os hablaré otro día), operarios (en  una garita de esas de obra) o comerciales (no era uniforme, pero sí llevaba traje para currar, os hablé de él en El graduado)  pero lo que son con policías o similares, nada.

Lo más cerca que estuve fue con un policía local, o eso me dijo que era por el chat, con el que quedé en una estación de metro cerca de mi casa y que nunca se llegó a presentar.  Me llegó a dar su móvil y todo, pero cuando llamé se puso una anciana, por lo que supuse que me habían tomado el pelo.

Y eso que a mí los policías locales no me ponen tanto como otros uniformados. Si yo tuviera que hacer un ranking, en el primer lugar estarían los policías nacionales, seguidos de los militares y luego los bomberos (el uniforme de guardia civil, por ejemplo, no me gusta demasiado).

Además que yo siempre me pregunto ¿Esta gente se puede llevar el uniforme a casa y follar con su pareja? ¿Utilizarán las esposas? ¿Habrán follado en la misma comisaría? ¿O en el parque de bomberos? Uffff, lo que tiene que ser hacerlo ahí mismo.

(Si alguna pareja de policía o bombero quiere comentar algo y puede sacarme de dudas, lo agradecería)

Para que veáis como es mi locura por este tema, que yo he llegado a preguntar tonterías en la calle simplemente por el hecho de poder tener una conversación con policías: donde está la comisaría más cercana, dónde está otra calle…

(Sí, es absurdo, lo sé, pero a mí esa situación ya me llega a excitar)

Sin embargo, ahora por ejemplo que estamos en estas fechas, que vas por la calle y están vendiendo los típicos calendarios solidarios de bomberos (yo me pongo palote nada más verlos) a mí me da corte acercarme a comprarlos, ya ves tú, con lo que lo agradecerían ellos.

Y encima es que están buenorros.

Pero bueno, aunque no lo estuviesen, a mí es que me daría igual. A ver, tampoco si son tipo orcos, pero a mí lo que me da morbo es el uniforme en sí. Yo creo que un tío que pasaría medianamente desapercibido, se casca un traje de esos de camuflaje del ejército y a mí me gana por completo.

Yo no hice el servicio militar y ahora pensándolo con perspectiva anda que no hubiese disfrutado ahí. Me imagino dormir con tropecientos militares más en las literas esas que aparecen en las películas y ya me pongo malo. O el tema de las duchas en hilera, madre mía lo que tiene que ser eso.

(Ya os digo que lo mío a veces roza la obsesión)

Además, últimamente por temas de trabajo, hay días que tengo contacto con policías nacionales, seguratas y guardias civiles y os podéis imaginar cómo llego a casa cuando acaba la jornada laboral, que cualquier día me tendré que llegar a masturbar en el trabajo porque vaya tela cómo están algunos.

Mi pareja sabe que tengo este fetichismo desde siempre, y una vez, por carnaval se llegó a comprar un disfraz de policía para así cumplir mi fantasía… pero vamos, aunque la intención fue buena, ya os digo yo que no es igual porque anda que no son cutres esos disfraces, jeje.

Por eso mismo tenemos hablado que si un día pudiese llevar a cabo mi fantasía con un uniformado de verdad, técnicamente no sería ni cuernos ni infidelidad porque cumplir algo así no se hace todos los días.

Así que si me lee alguno que pertenezca a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (o parecido, que tampoco me voy a poner tiquismiquis), que sepáis que hacer feliz a una persona os costaría bastante poco…

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