La ventana de enfrente (II)

La ventana de enfrente (II)

La verdad es que este verano me está resultando bastante atípico. Entre que tengo las vacaciones más que repartidas (yo diría que troceadas) este año, y el calor que está haciendo, estoy que ni he podido desconectar del todo en vacaciones, ni tampoco estoy en el trabajo al cien por cien.

Encima, debido al calor, estoy con una sensación de apatía contínua que tampoco es muy normal que digamos. Por culpa de esta desgana, no he podido actualizar demasiado el blog durante este tiempo.

Lo curioso es que si bien sí que me había propuesto escribir algo esta semana, el hecho es que iba a hablar de otra cosa que he tenido que posponer porque la actualidad,  como siempre, manda.

Y es que como habéis visto por el título del post he decidido volver a hablar del ya famoso piso erótico-festivo de enfrente de casa de mis padres. O mejor dicho, de sus inquilinos.

Anoche me pasé por casa de mis padres, ya sabéis, a controlar un poco y regar las plantitas y como quien no quiere la cosa me volví a asomar por ver si veía algo en la ventana de enfrente.

Sin embargo,  aunque la persiana estaba subida no había nadie en su interior, o si lo había no se veía nada pues la luz estaba apagada. Además, en el balcón contíguo, el toldo estaba bajado por lo que esta vez no tenía visión ninguna.

Me quedé un rato viendo la tele antes de acostarme cuando oí un sonido de chirrido que denotaba que un toldo estaba siendo izado, me asomé y …bingo!.

Ahí estaba otra vez el maromo del que os hablé, el madurete, con unos slips negros iguales que los del otro día (espero que no use siempre los mismos, que sino…).  Estuvo un rato asomado y al poco se metió dentro donde apareció enseguida el chaval más joven, que si bien la otra vez iba con unos boxers blancos esta vez llevaba unos slips también del mismo color.

Por lo que se podía ver estaban ambos cenando, y sentados como estaban los dos en el sofá, supongo que viendo la televisión por los reflejos de luces que les iluminaban a ratos.

La verdad es que cansado como estaba, y teniendo que trabajar hoy temprano, no les presté demasiada atención en ese momento y me fui a la ducha dispuesto a refrescarme un poco antes de irme a la cama.

Fue al salir y pasar de nuevo por el comedor para cerrar la ventana cuando volví a asomarme y me di cuenta de que los vecinos estaban ya en el postre. En concreto con el helado. Y es que el joven llevaba una tarrina y cada uno con su cucharita lo compartían como buenos….¿amantes? Y es que eso denotaba algo más que una simple amistad. De hecho me recordó a mí y a mi ex, que en verano empezábamos los dos con el helado y hasta que no nos acabábamos la tarrina, como que no párabamos de zampar.

Fue pensar en mi ex, y cómo no, una sensación de melancolía me invadió de lleno, así que decidí cerrar la ventana y largarme a dormir, para así evitar pensar demasiado.

Por suerte, debido al calor no cogí el sueño pronto y en una de mis múltiples escapadas hacia la nevera a por algo fresquito, pasé de nuevo por el comedor, me asomé y ya entonces vi la luz encendida de la ventana. Esa ventana que tan buenos momentos me ha hecho pasar.

Fue pensar así y al minuto el madurete se acercó a la cama (que es lo que se veía en primer plano) y tal y como estaba se bajó los calzoncillos hasta los tobillos dejando su polla totalmente al aire. Una vez recogidos los gayumbos del suelo se giró y abrió el armario a sus espaldas, dejándome  a la vista el pedazo de culo del buen señor.

Una vez guardados los gayumbos y recogida la ropa que sacó del armario y dejó sobre la silla, el vecino se tumbó en la cama, cara arriba y debido al calor (que hacía, sí, pero que también tendría el hombre en su interior) empezó a magrearse la polla poniéndola a tono en pocos segundos. La suya y la mía, evidentemente, que a esas alturas ya estaba igual de tiesa que la que estaba viendo. Encima no sólo se tocaba el rabo sino que también se acariciaba ingles y culete, con lo que se notaba que el tío tenía ganas de fiesta…

Y la fiesta no tardó en llegar. Apareció entonces el chaval joven, se quitó los calzoncillos blancos, enseñando su polla ya en ese momento morcillona y se acercó a su ¿novio? para tocarle también el pedazo pollón que ya tenía el madurete mientras le daba un piquito bastante casto.

Y cuando parecía que iba a empezar lo bueno….fundido a negro. Alguno de los dos, se me escapa quien, apagó las luces. El chaval se acercó a la ventana (lo distinguía en la penumbra) y bajó la persiana del todo.

Supongo que de los dos, el más tímido es el chico joven. Tímido y con un aguante para el calor que es de admirar, porque con el torro que hacía ayer era para haber abierto el ventanal de par en par y que entrase el fresquito.

Bueno, el fresquito y mi mirada, claro. Que a mi me dejaron con las ganas de ver cómo acababan la noche, aunque eso no creo que les importase mucho…

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Prêt-à-porter

Prêt-à-porter

Aquella tarde recuerdo que entré al chat más por inercia que por otra cosa, así que ni siquiera tenía intención de quedar con nadie si se daba el caso.

Esas veces que entraba así, lo único que hacía era leer lo que la gente ponía en el general por si alguno me llamaba la atención. Y vaya si lo hizo.

La frase que puso “fotógrafo27” me llamó la atención enseguida porque decía algo así como que si alguno quería hacerse un book de fotos erótico, esa era la ocasión.

Para una persona con un puntillo exhibicionista como yo, la posibilidad de hacerse unas cuantas fotos en bolas en plan profesional la verdad es que sonaba muy pero que muy bien, así que me puse a hablar por privado con él.

Me comentó que era fotógrafo, con un estudio bastante céntrico, y aunque hacía fotografía sobre todo de moda, de vez en cuando le gustaba hacer fotos de desnudos, y sabía que había gente no profesional a la que le molaría tener buenas fotos de ese tipo (al menos, yo no era el único).

Me dijo cuánto cobraba por hacerme las fotos aunque no consigo recordar ahora la cantidad que me dijo. Tampoco pienso que fuese mucho dinero porque sino igual me hubiese echado atrás la idea, que uno tiene sus morbos, pero tampoco me iba a dejar el sueldo por hacer algo así.

Me dijo la dirección donde tenía el estudio y quedamos en vernos una hora después.

Aprovechando que sabía su nombre y la dirección del lugar, lo busqué en google para asegurarme de que fuera cierto todo lo que me había contado, y sí, el estudio fotográfico existía, llevaba su nombre y tenía página web. E incluso tenía colgadas fotos de modelos que habían trabajado con él.

A la hora acordada llegué a lugar. Para evitar que hubiese más gente, quedamos a la hora en que cerraba el establecimiento al público, así me podría hacer las fotos más relajadamente, sin tener que atender a gente entrando y saliendo del lugar.

Lo primero que me sorprendió al ver al chaval fue lo tímido que me pareció al saludarme. Yo cuando conozco a alguien de buenas a primeras, tampoco es que sea la alegría de la huerta, pero es que a este chico ya lo ví demasiado cortado..

Me hizo pasar a una habitación contigua donde me iba a hacer las fotos y vi lo que era un estudio profesional de fotografía. La sala era totalmente blanca con los típicos paraguas esos que se ponen para evitar reflejos, detrás había una pantalla de tela también en blanco, focos de iluminación por todos lados, y algunos elementos de decoración que seguramente se usarían para las fotos, pues había una silla, un diván y un jarrón enorme con flores.

Me dijo que me me podía ir desnudando mientras él acudía a por la cámara de fotos que iba a usar para la sesión..

A mí la situación aunque en cierta forma era algo cortante (sobre todo por la actitud tan distante del fotógrafo), me empezó a dar morbo nada más empecé a desnudarme. Tanto que ya tenía la polla morcilllona y prometía que se iba a poner mucho más alegre por momentos.

Me puse en el medio de la zona de fotos y en ese momento apareció el fotógrafo con una cámara reflex de esas bastante tochas. Nada más verme, se acercó adonde estaba yo,  apuntó con el tele objetivo que llevaba y…se le cayó la cámara al suelo.

Yo por el ruido que hizo pensé que la cámara se le había hecho polvo, pero por lo visto sólo se salió el objetivo, y aunque intentó encajarlo de nuevo, no había forma. Yo en lugar de estar ahí parado intenté ayudar también, con lo que durante unos minutos la situación se volvió algo surrealista, pues ahí estaba el “modelo”, como dios lo trajo al mundo, y con una erección incipiente, intentando arreglarle la cámara al fotógrafo que en ese momento estaba como un flan de nervioso.

Cuando por fin quedó arreglado el objetivo (o eso parecía), yo volví a ponerme en el centro de la habitación esperando que el fotógrafo me hiciese alguna indicación de cómo ponerme, por la situación de las luces y cosas así.. Lo curioso es que él también parecía esperar indicaciones de algún tipo, así que durante unos segundos, ninguno de los dos supo qué hacer.

A mí a esas alturas lo que me había parecido morboso, ya estaba dejando de serlo, porque me estaba dando cuenta de que el fotógrafo parecía tener horchata en las venas.

Fui yo el que le tuvo que preguntarle entonces que cómo me ponía, si quería de espaldas o por delante, si me quedaba en el centro o en un lado más cerca de los focos.

El a esas preguntas sólo sabía decirme que me pusiese como quisiera, que como yo estuviera cómodo.

Yo cómodo estaba, pero si él era un profesional de esto, yo suponía que tendría que saber como se tenía que poner la persona a la que fotografiaba, ¿no? que se supone que se dedicaba a sacar lo mejor de sus modelos (o eso tenía entendido yo, aunque con tanto photoshop, a saber ya…)..

Cuando le dije que si era o no profesional de esto, se ve que le toqué un poco la moral y  me dijo que vale, que me pusiera de espaldas, que abriese un poco las piernas, que me iba a sacar fotos por detrás porque tenía un buen culete que daba bien en la cámara. Luego me dijo que me pusiese cara a él con los brazos detrás de mi cuello,  y que no me moviese demasiado porque el juego de sombras quedaba muy bien también. Y luego….poco más.

Era como que sólo sabía decir esas dos frases tipo “juego de sombras” y “quedaba bien en cámara” porque las repitió a partir de ese momento un montón de veces.

Aparte, que tampoco me daba ninguna indicación sobre cómo posar.

Así, si por ejemplo había que hacerse fotos tumbado, era yo el que lo proponía. Si quería hacer fotos con algo de lo que había de “atrezzo” también fui yo quien lo propuso (me hice fotos sobre el diván y sentado en la silla), y si quería fotos un poco más fuertes (me hizo una como si me estuviese masturbando), también fue  a propuesta mía.

Al final, superado ya un poco por la situación, le pregunté si me iba a hacer muchas más fotos o qué, porque tenía que ir luego a hacer un recado.

Me dijo entonces que se le había ido el santo al cielo, pero que ya me había hecho suficientes (cuando yo supuse que ni siquiera tenía claro cuántas me había sacado).

Mientras me vestía, más decepcionado que otra cosa, le dije que fuese claro, que si realmente había hecho eso alguna vez antes porque muy suelto no le había visto.

Entonces me confesó que realmente era la primera vez que hacía algo así. Pero no sólo eso sino que realmente no era ni fotógrafo ni nada, pues el estudio era de su padre (que se llamaba igual que él, por eso su nombre coincidía). Por eso también el agobio que le produjo que se le cayese la cámara, y la poca iniciativa que tenía a la hora de sacar las fotos.

Evidentemente me dijo que lo había hecho por el morbillo de fotografiar a un tío en bolas, y que no me iba a cobrar nada por la sesión.

Después de vestirme, me pasó las fotos a un USB que me dijo que llevara, y me fui de allí más decepcionado que otra cosa.

De las fotos, que aún las conservo, la verdad es que pude aprovechar sólo unas cuantas, porque la mayoría salieron más que borrosas pues era evidente que el teleobjetivo no había quedado muy bien encajado que digamos.

Pero bueno, al menos siempre podré decir que fui modelo por un día.

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El desconocido del lago

El desconocido del lago

Cuando hablé el otro día de mis primeras experiencias con las playas nudistas, se me olvidó comentar que no fue hasta ir a esos lugares cuando conocí lo que realmente era el “cruising”.

Para quien no lo sepa, el cruising es el término inglés que define la actividad de buscar sexo en lugares públicos, como parques, playas o descampados, principalmente referido a los varones homosexuales (Wikipedia dixit). En castellano, también se conoce como “cancaneo” pero como es una palabra que no me gusta demasiado, evitaré usarla en este post.

A ver, sí que conocía de oídas en qué consistía esa práctica sexual. Incluso sabía de zonas en mi ciudad donde se practicaba.

Así, en Valencia (y supongo que en el resto de ciudades de toda España y del mundo en general), siempre había oído hablar de los servicios de algunos centros comerciales y de los alrededores de la Estación de Autobuses.

O ya al aire libre, la zona del Río y los Jardines del Real (más conocidos como Viveros), donde siempre ha sido habitual a determinadas horas ver a muchos abueletes tocándose la polla cuando pasabas, señal inequívoca de que iban buscando “guerra”.

Pues bien, aunque sabía que existía, no fue hasta empezar a acudir a las playas nudistas cuando pude comprobar en qué consistía realmente.

Y es que digamos que si durante el día el público habitual suele ser de tomar el sol, bañarse y relajarse, cuando el sol empieza a caer, estas mismas playas se van llenando de otro tipo de público que va buscando “otra cosa” muy distinta.

Así, al pasar por determinadas zonas de la playa (generalmente las dunas, o el parking, o caminos algo más escondidos), puedes ver claramente a gente buscando a gente, cuando no practicando sexo abiertamente.

La primera vez que me di de bruces con esa realidad paralela, fue una tarde que estando en la playa no podía aguantarme ya de mear. Aunque sé que es una guarrada, antes que nada intenté hacer dentro del agua, pero después de casi veinte minutos a remojo tuve claro que mi vejiga en alta mar no iba a conseguir soltar ni una gota.

Así que ni corto ni perezoso me desplacé a la parte trasera de la playa, donde las dunas te separan del resto de los bañistas, dispuesto a vaciarle el agua al canario.

Mi sorpresa vino cuando al ponerme en posición de mear, vi como enseguida de detrás de unos matorrales empezaron a salir, como si fueran setas, muchos tíos con ganas de polla.

Lo que más me sorprendió fue la edad de todos ellos. Por lo que yo he visto la mayoría de gente que hace cruising son de mediana edad para arriba (con independencia de la playa adonde vayas). Mucho hombre cincuentón. Muchos con pinta de casados que tienen en estos lugares un sitio digamos “discreto” donde desahogarse y si te he visto no me acuerdo.

Viendo que con “público” tampoco iba a conseguir mear, me desplacé unos metros hasta una zona algo menos concurrida pero volvió a pasar tres cuartos de lo mismo. Al minuto varios hombres se acercaban hacia a mí magreándose la polla y los huevos como si estuviesen enseñando su mercancía.

Y es que otra cosa que siempre me ha sorprendido es que un chaval joven, con ganas, se puede hartar de comer pollas ahí mismo, pues la gente que suele hacer cruising se pirra por los chavales mucho más jóvenes que ellos.

(De hecho, incluso, últimamente es bastante habitual que chaperos jóvenes -muchos, rumanos- se paseen por esas zonas y a la mínima pidan cierta cantidad antes de empezar a hacer nada. No tengo muy claro si realmente la gente está dispuesta a pagar, pero viendo que cada año aumenta la oferta, supongo que la respuesta es afirmativa).

Al final, evidentemente, no pude mear, pero me sirvió para conocer lo que se cuece en esa parte un tanto apartada de la playa.

Esa primera vez, recuerdo además que cuando cogí el camino de vuelta hacia el coche, al pasar por los caminos, sí que llegué a ver a gente masturbándose mutuamente, o haciéndose alguna mamada, y al pasar y ver “carne fresca” como incluso incitaban para que me uniese a la fiesta que tenían montada.

Posteriormente, situaciones similares las he visto en otras playas en las que he estado (que ya iré contando), y con un tipo de público bastante similar en todas ellas.

Todo esto que cuento, está muy bien reflejado en una muy buena película llamada “El desconocido del lago” (trailer aquí).

La película, francesa, del año 2013, fue dirigida por Alain Guiraudie y protagonizada por
Pierre Deladonchamps, Christophe Paou y Patrick D’Assumçao.

Ganó el premio al mejor director en Cannes (sección Un Certain Regarde), y tuvo 8 nominaciones a los César, consiguiendo el de actor revelación.

El argumento principal es el de un asesinato cometido en una zona de cruising (un lago del Sur de Francia), pero sirve al director para mostrar todo lo que se cuece alrededor de ese mundo.

Para eso, el director se basa en escenas totalmente explícitas (mucho desnudo, mucho folleteo), pero sin dejar de lado el suspense que impregna toda la atmósfera.

Una atmósfera, por cierto, muy bien conseguida porque la película no tiene BSO (no suena nada de música durante todo el metraje) sino que todo se basa en sonidos propios de la naturaleza, consiguiendo que parece que estés viviéndolo como un personaje más de la propia película.

Por cierto, que si quereis vivirlo también en primera persona, pero por medio de la lectura, recomiendo el blog “Diario de cruising” en el que un madrileño llamado Marcos cuenta todas sus aventuras y desventuras de sus veranos en las playas del sur de Alicante

Unas playas en las que por lo visto hay mejor nivel que lo que yo he visto por las zonas que conozco, todo sea dicho. Suerte que tienen algunos, jeje.

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El Abuelo

El Abuelo

Los que seguís este blog desde el principio, supongo que sabéis que desde hace bastantes años, suelo ir nadar a una piscina cubierta. De hecho, mi habilidad deportiva se reduce básicamente a la práctica de bicicleta y natación, o por lo menos, son los únicos deportes que he conseguido incorporar a mi rutina diaria.

Hacer deporte fue el motivo principal que me llevó a apuntarme, pero he de reconocer que el momento vestuario, también influyó bastante.

Siendo un polideportivo municipal, durante estos años he coincidido con gente de toda edad y condición. La mayoría se suele apuntar entre septiembre y enero, y aunque algunos continúan año tras año,  la tónica habitual es que la gente no tenga demasiada constancia.

En este tiempo, en los vestuarios la verdad es que he visto de todo. Desde tíos exhibicionistas que te alegran la vista mientras se afeitan en bolas (nunca he entendido el motivo, salvo que sea para ahorrar agua en casa), pasando por jóvenes ultratímidos que se duchan en bañador y se cambian sin quitarse la toalla, hasta mirones que de una forma descarada no le quitan ojo de encima a todos los tíos de alrededor.

De uno de estos últimos os quería hablar hoy.

A ver, no es el primer voyeur descarado con el que me encuentro en los vestuarios. Recuerdo el caso de uno, hace unos años, que incluso me daba conversación cuando me veía en la ducha y no me quitaba ojo ni de la polla ni del culo (le veía reflejado en el pomo de la ducha cuando me daba la espalda). Lo curioso es que este hombre, estaba casado y con hijos pequeños (en el barrio, al fin y al cabo, de vista nos conocíamos casi todos), y aún así no se cortaba demasiado mirando.

Pero el caso del que quiero hablar es distinto porque si aquél lo hacia más o menos con disimulo (al menos si le pillabas, desviaba la mirada), lo de este hombre es de un descaro tremendo.

Este señor es bastante más mayor que yo. Para edades soy muy malo, pero estará en una edad indeterminada entre los 50 y los 60 años. De cuerpo aún está potable, incluso diría que macizorro (se nota que el que tuvo, retuvo), pero al tener el pelo y la barba totalmente blancos, tiene un aspecto que me recuerda mucho al abuelito de Heidi.

De un tiempo a esta parte sí me había dado cuenta de que cuando me cambiaba en el vestuario, el hombre no dejaba de mirarme (a los ojos) y de arriba abajo, con lo que sinceramente me cortaba un poco cambiarme delante de él.

Bueno, me cortaba pero a su vez me calentaba, porque al tener yo un punto exhibicionista, el ver a alguien como disfrutaba mirándome, me hacía venirme arriba enseguida.

Últimamente, la situación ha ido a más.

Ahora este hombre ya ha optado, si entro al vestuario, por cambiarse siempre en la taquilla más cercana a la mía, para supongo poder verme mejor de cerca. Yo siempre que está él, intento no mirarle a los ojos directamente, para que no se piense que a mí también me mola él o algo, pero aún así no puedo evitar que la polla se me ponga totalmente morcillona cuando sé que no pierde detalle de mi cuerpo.

De unos días a esta parte, incluso, si me retraso y voy a la piscina un poco más tarde de lo normal, el hombre, ya cambiado para irse a la piscina, hace como que busca algo en la taquilla simplemente para que yo me pueda cambiar y ver cómo me desnudo delante de él. (Lo tengo comprobado). Y al revés, igual. Si por alguna de aquellas él sale antes de la piscina, se va al vestuario a cambiarse y yo salgo después, él, aunque ya esté cambiado para irse, vuelve a disimular con cualquier excusa para al menos ver cómo me desnudo para meterme en las duchas (es entonces cuando, una vez me ha visto desnudo, ya se va del vestuario).

Y si coincidimos en las duchas ahí todavía es peor, porque se pone justo en la que está enfrente de la mía (son abiertas), para ver cómo me enjabono. Si hay más gente, yo no hago demasiado, pero si estamos él y yo sólos, pues qué queréis que os diga, he de reconocer que me gusta jugar con el jabón, recreándome más de la cuenta en hacerme la limpieza de bajos.

Además, si estoy de espaldas y sé que me está mirando, espero a girarme para que él me vea cuando ya tengo la polla toda gorda, y el momento en que, sin querer, juntamos las miradas y veo su cara de vicio, he de reconocer que me pone mucho.

Yo todo esto lo intento hacer con todo el disimulo posible, claro, como si realmente no supiese que me está mirando, y creo que es justo eso (el hacerme el tonto) lo que más me excita de toda la situación que os cuento.

¿Calientapollas? pues puede ser, no os digo yo que no, pero si al hombre le gusta mirar y recrearse ¿por que voy yo a quitarle ese gusto? O como dijeron una vez en la tele (creo que fue Boris Izaguirre):

¿Y quién soy yo para negarle un orgasmo a alguien?

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Eyes Wide Shut

Eyes Wide Shut

Hace unos días, cuando os estuve hablando de las películas porno del plus que veía a escondidas, me vino a la mente otro programa nocturno de alto contenido sexual del que también disfruté hace ya unos cuantos años.

El problema que tengo es que no recuerdo ni el nombre del programa, ni si lo ponían los viernes o los sábados noche. Por no recordar, ni siquiera tengo clara la cadena que lo emitía, pero pienso que era en una de esas locales que llegaron a nuestras televisiones en un corto periodo de tiempo.

Si es la que creo, la cadena se llamaba Canal 25, aunque no la tengo todas conmigo. Este canal, era una especie de Milanuncios, pero en versión televisada. La mayor parte del día emitía anuncios de particulares, de compra y venta de objetos, así como ofertas de alquileres y venta de pisos. Sin embargo, llegada la noche, emitían los típicos mensajes de sms para ligar y/o follar, así como películas porno. Era después de la porno, cuando pienso que empezaba a emitir el programa del que os hablo.

Se grababa en una casa, con cámaras en las habitaciones, y repleta de gente.

(No, no estoy hablando de Gran Hermano, pero sí que fue un antecedente directo)

Las cámaras enfocaban siempre dos zonas concretas de la casa: El cuarto de baño (en concreto la ducha) y una salita de estar con dos ambientes diferenciados (una parte con dos sofás y una especie de cama o colchoneta que se encontraba al lado).

El programa consistía en que una chica, seguramente prostituta, se beneficiaba a unos 15 o 20 tíos por noche a la vista de todos los que quisieran verlo. Los tíos, en bolas, esperaban su turno en los sofás de la sala, y aunque muchos iban con caretas o antifaces para no ser reconocidos, había otros que iban a cara descubierta sin preocuparse por nada.

El ritual era sencillo: la chica elegía a uno, se lo llevaba a la ducha, le hacía limpieza de bajos y automáticamente empezaba a hacerle una mamada. Cuando ya lo tenía a tono se lo llevaba a la cama que estaba en la salita y allí se dejaba follar por todos lados.

Pero si esto ya de por sí era bastante hardcore, encima el programa contaba con dos presentadores, un chico y una chica que micrófono en mano, preguntaban a todos los que allí se encontraban, desde la prostituta mientras era follada, hasta todos y cada uno de los tíos que pacientemente esperaban su turno.

Entre los chicos, había de todo. Unos jóvenes, y bastante bien de cuerpo, con lo que supongo que la chica al menos disfrutaría algo. Pero también recuerdo que había otros, ya viejos, gordos o muy velludos, que hacía que a veces fuese incluso desagradable ver las escenas.

Recuerdo también, que había tios que se ve que por la vergüenza o lo que fuese, tardaban mucho más en correrse y ahí estaba la chavala con una cara de sufrimiento aguantando, porque se ve hasta que no acababa con uno no podía empezar con el otro.

Una semana la chica era una morena de pelo corto, y a la siguiente una rubia con melenita. Había días que incluso participaban las dos, y aquello entonces se convertía en una verdadera orgía, follándolas entre varios a la vista de los demás. Mientras, los reporteros, les preguntaban a ellas que cómo lo estaban pasando, si disfrutaban, y a los chicos cosas como si tenían novia o si iban a repetir a la semana siguiente.

A mí me gustaba no sólo el momento en que follaban con las tías, sino también los instantes previos, en los que los chicos se masturbaban mientras esperaban su turno. Incluso las cámaras a veces enfocaban los rabos de todos, en hilera, sentados en el sofá.

Este programa yo lo veía a escondidas, por las noches, en mi casa, por lo que la voz estaba al mínimo, pero alguna vez pude oírles bien y creo recordar que la prostituta morena, por el acento debía ser brasileña y los presentadores, que por cierto eran los únicos que estaban vestidos, tenían un fuerte acento andaluz.

Hace ya unos años que me acordé de este programa e intenté por medio de Internet conocer algún dato más, o incluso ver alguna escena en servidores porno o algo así, pero hasta el día de hoy la búsqueda me ha sido totalmente infructuosa.

Dudo mucho que un programa así, se pudiese emitir de nuevo en una televisión. Temas tan delicados como la prostitución o el “uso” de una mujer como simple objeto sexual, no creo que tuviesen cabida en la televisión actual, como es lógico.

Por eso me hace gracia cuando salen en realitys temas como  el “edredoning” , y el escándalo que se monta alrededor, siendo que tampoco hace mucho que se emitían escenas tan bestias como las que os he relatado, en abierto, y en una televisión local.

Espero que con los datos que os he facilitado, alguno más recuerde haber visto aquel programa, y si es así, y sabe algo más acerca del mismo, por favor, no dude en compartirlo.

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En Construcción

En Construcción

Ya comenté hace poco el funcionamiento de CAM4, donde gente anónima se exhibe y pajea a la vista de todo el público que quiera conectarse.

Durante una etapa de mi vida, yo también le cogí el punto a lo de la exhibición por cam, y además, viendo que Guillermo y César se habían conocido a través de esa página, intenté yo también usarlo a modo de red social.

Lo único que tenía que hacer era, aparte de filtrar por países, buscar gente que también indicara que emitía desde mi misma ciudad, y aunque las opciones se reducían bastante, siempre era fácil dar con alguno.

Así conocí a un chico que se hacía llamar “Deker29”. Como la mayoría de pajilleros, el chaval emitía sin mostrar su rostro, por lo que lo primero que me llamó la atención fue su físico. Moreno, velludete, y con unos buenos huevos rasurados que en pantalla hacía que pareciesen como dos bolas de billar. De culo, aunque también velludete, muy apetecible.

Nada más pinchar en su cam, le dije que yo también era de Valencia, para así romper un poco el hielo y llamar su atención. Como físicamente también debí gustarle (yo tampoco exhibía cara), al poco empezamos a calentarnos mutuamente.

La gracia de esta página es que tú te exhibías ante un número indeterminado de personas y eso es lo que realmente más morbo daba (por lo menos a mí) sin embargo, el chaval parecía algo más tímido que yo, así que por privado me dio su msn para hablar de forma más personal (ahora creo que esa opción la han puesto de pago).

Realmente, lo que se dice hablar, hablamos poco. Lo que hicimos fue bajarnos el calentón con un pedazo de paja de las buenas, y ya después de la corrida, sí que charlamos un rato.

Me comentó que era albañil, y de buenas a primeras si el chaval me había parecido majo, pasó a parecerme el tío mas morboso del momento, imaginándomelo en una obra, con su casco, sus manchas de cemento, su…todo, y provocando que se me pusiese la polla otra vez como una piedra.

Le hablé del morbo que me había producido saber que me acababa de correr con un trabajador de la construcción, y él, ya venido arriba del todo, me propuso que si quería un día podía acercarme, a última hora, a la obra donde él estaba currando y montárnoslo allí mismo.

A los pocos días, cuadrando horarios y demás, llegó ese momento y allí que me planté a la hora indicada, sobre las siete de la tarde. La idea era que yo esperase en la acera de enfrente de donde curraba y, cuando se fuera todo el mundo y estuviese la zona despejada, que ya me avisaría para que entrara.

Estuve ahí casi media hora y cuando ya empezaba a pensar que me había tomado el pelo y que me iba a ir con el rabo entre las piernas, vi como la puerta corrediza se abría lentamente hasta que apareció el chaval de la cam, con un mono azul, el casco y un chaleco de esos reflectantes.

El morbo personificado.

Me comentó que había tardado un poco más en abrir porque quería lavarse un poco, lo cual agradecí (un detalle, porque hay gente muy cerda). Su trabajo en realidad no era de albañil, sino que era el operario que llevaba la grúa o algo así (no me quedó claro), pero vamos, que me dio igual, porque mientras en su trabajo apareciesen las palabras “obra” y “construcción” su actividad en concreto me era totalmente indiferente.

Nada más cruzar la puerta, y para evitar que desde las fincas colindantes pudiesen vernos, me llevó a la caseta de obra para enrollarnos más cómodamente.

La caseta de la que os hablo, por si no lo sabéis, es una especie de contenedor metálico que suele haber en todas las obras y es donde o los comerciales suelen vender los pisos pilotos, o donde los arquitectos o aparejadores tratan con los jefe de obra.

Esta caseta en concreto, bastante pequeña, consistía en una mesa con un par de sillas y en la parte trasera un pequeño baño (minúsculo más bien). Como la mesa daba a una ventana que daba a una calle bastante transitada, empezamos a meternos mano en el minibaño trasero.

Lo primero que hizo el chico fue bajarse la cremallera del mono para estar más cómodo, porque su empalme ya era evidente. Debajo no iba en bolas, llevaba gayumbos, pero cuando se dejó caer el mono al suelo, me agaché enseguida y tardé poco en quitárselos.

Como ya iba a media asta, la mamada que le hice provocó que poco a poco aquello fuese creciendo (he de reconocer eso que dicen que la tele engorda, porque es cierto que por cam su polla me pareció más grande, pero tampoco me iba yo a quejar).

Después de esa mamada, el empezó a hacerme una a mí, también agachado. Entre que el calentón era enorme y que aquello era enanísimo, pronto empezó a faltarnos el oxígeno, con lo que importándonos ya todo un pimiento, salimos del baño para respirar y de paso aprovechar la mesa que teníamos a nuestra disposición.

(De todos modos, he de decir que como no encendimos la luz y nos veíamos con la de la calle, poco se podría ver desde fuera)

En un momento dado, saqué los condones que me había llevado por si había sexo completo (tampoco lo habíamos comentado previamente) y al verlos me dijo que quería poner él el culo, pero que fuese con cuidado porque tenía poca experiencia homo (sí, el chico tenía novia).

Lo que no había traído era el lubricante, así que con saliva y como pude empecé a penetrarle, pero era evidente que no sé si por la tensión o por su poca experiencia, el chico estaba demasiado cerrado.

Con paciencia, e intentando que se sintiera cómodo, al final se la pude meter entera. Sin embargo llegó un momento en que me empezó a doler el rabo de lo fuerte que apretaba el chaval el culo, así que al poco dejé de follarle, con la polla ya enrojecida por la fuerza.

Nos acabamos corriendo el uno frente al otro, pringando sin querer un montón de papeles que estaban sobre la mesa. Recuerdo que el chaval dijo que no pasaba nada, que total para el día siguiente ya estarían secos (y acartonados, pensé yo también), así que nos aseamos un poco y empezamos a vestirnos.

Cuando nos despedimos, hablamos de repetir otra vez la experiencia, aunque teniendo él novia, me comentó que lo tenía complicado, y que sólo quedaba con tíos de uvas a peras, cuando el calentón le impedía seguir con su vida diaria.

Hubiese sido un polvo más como algunos de los que os he contado hasta ahora si no fuera por algo que descubrí a la mañana siguiente, y que me provocó el tener que mantenerme durante un tiempo fuera de juego.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Gigoló europeo

Gigoló europeo

Guillermo y César, que habían sido pareja intermitente durante mucho tiempo, decidieron finalmente cortar del todo y comenzar relaciones cada uno por separado.

Como con César, debido a su carácter, no nos llevábamos ya demasiado bien (a mí siempre me cayó fatal) los demás nos alegramos bastante con su ruptura, tomando todos parte por Guillermo.

Así como yo seguía siendo muy celoso de mi intimidad (recordad que ni dije que había tenido pareja), Guillermo era todo lo contrario, y a partir de entonces, tío que conocía, tío que nos presentaba.

Aunque a él le encantaba fardar de ligues (que eran todos impresionantes), me sorprendió su inseguridad a la hora de relacionarse, puesto que para él era muy importante nuestra opinión antes de volver a tener pareja.

Uno de estos ligues que nos presentaba para su aprobación fue un chico llamado Carlos.

Un domingo quedamos a comer en un bareto al que solíamos ir mucho por aquel entonces. Raquel y yo llegamos unos minutos antes, y nos pusimos a comentar que a ver cómo sería el nuevo chaval que nos traía para que lo juzgase el comité de sabios (como nos hacíamos llamar en plan coña).

Nada más verlo, me sorprendió mucho que no fuera de los típicos tíos de calendario que le solían gustar a Guillermo, ya que este era un chaval de lo más normalito. Al principio no caí, pero cuando se sentó delante mío y se presentó, me di cuenta de que a ese chaval le conocía de algo.

Yo toda mi vida he sido bastante fisonomista, y puede pasar el tiempo que sea, años incluso, que si te he visto una vez, me acordaré siempre. El único problema es saber dónde ubicarte. Es decir, recuerdo que te he visto, pero no sé dónde.

Con Carlos, me pasaba esto ultimo, así que me pasé toda la comida preguntándole de todo por ver si en alguna respuesta recordaba de qué le conocía. Una cosa sí estaba clara, yo me acordaba de él, pero él no recordaba haberme visto nunca.

No fue hasta los postres cuando de pronto me vino a la mente:

¡¡Le había visto en CAM4!!.

Por si no sabéis de qué hablo, cam4 es una página donde gente anónima enseña lo que quiere enseñar sin cortarse ni un pelo y es una gozada para todos los que somos  exhibicionistas – voyeuristas.

(Tengo que reconocer que yo mismo tengo perfil abierto en esa página aunque hace bastante que no emito, aunque sí que sigo entrando de vez en cuando para ver el panorama)

En los años de los que hablo, el enganche que tenía con esa página era bastante fuerte y en una de ésas me acuerdo de haber visto a Carlos.

Generalmente la gente emitía sin caras, pero me acordaba precisamente de la suya porque hacía poco que le había estado viendo como emitía, y era un cerdo de tomo y lomo. Para que os hagáis una idea, en el momento en el que le vi la cara estaba metiéndose un consolador enorme por el culo, subido encima de una silla. Al agacharse para coger el dildo y chuparlo, fue cuando se le vio el careto, motivo por el que me acordaba de él.

Yo para unas cosas soy bastante tímido, pero para otras, según el momento, no me corto ni un pelo, así que en los cafés, aprovechando que Guillermo había ido al servicio y Raquel a hablar por telefono le dije a Carlos que ya recordaba dónde le había visto.

Le comenté incluso cuál era mi perfil en la página y de hecho a él también le sonaba el mío, así que, sin saberlo, ambos nos habíamos visto desnudos por cam (yo emitía sin mostrar el rostro). Le pregunté si Guillermo sabía de su afición y me dijo que sí y que de hecho era por esa página por donde se habían conocido, casualmente.

Una vez se reincorporaron a la mesa Raquel y Guillermo, Carlos, como si tal cosa, repitió la conversación que estábamos teniendo, por lo que en ese momento me di cuenta de que la palabra vergüenza no entraba en su vocabulario.

Pues bien, la relación entre ellos duró bastante poco (cosa lógica porque no era el tipo de tíos que le gustaba a Guillermo), pero ellos mantuvieron la amistad, por lo que seguía viniendo de vez en cuando con nosotros y contando sus experiencias en esa página con todo lujo de detalles.

Así , cuando cam4 empezó a permitir ganar pasta mientras emitías en directo, él se dio de alta y aprovechando que estaba en paro, empezó a sacarse un dinero (que no se puede llamar extra, pues era su único ingreso). Según nos contaba, podía ganar entre 600 y 1.000 euros al mes, sólo por exhibirse.

Además, para evitar que se le reconociese (como hice yo), nos comentaba que había decidido emitir únicamente para América, porque se ve que la página te daba esa opción, y que por la diferencia horaria, incluso se había organizado la jornada de forma que durante el día dormía, y por la noche se exhibía.

(De hecho, según él, las noche que salía de fiesta con nosotros eran una noche de pérdidas  porque a esas horas era cuanto más sacaba)

Asimismo, la página le permitía también emitir shows en privado, por lo que entró en contacto con varios americanos (la mayoría abueletes con pasta) que le pagaban bastante por hacer actuaciones exclusivas para ellos.

Con el tiempo, incluso uno de estos ricachones, le llegó a pagar el viaje a EEUU para que le hiciese allí actuaciones en vivo, que a mi cuando lo comentó, llegué a pensar que a saber que tipo de habitación le tendrían preparada (me imaginaba alguna con arneses colgados del techo o algo así) porque dadas las guarradas que le llegué a ver aquella vez, me puedo imaginar de todo.

A día de hoy el contacto con él es cada vez menor.

El único que sabe más de él es Guillermo, y por lo que cuenta, su forma de vida actualmente está orientada a la webcam, porque vive por y para esa página.

Mis amigos dicen que soy un agorero y un tremendista, pero aparte de que a nivel de Hacienda no sé cómo puede justificar sus ingresos, pienso que lo más preocupante de su vida actual es que, si sigue así ¿no puede estar a un paso de la prostitución?

Acepta dinero y regalos, y vive, actualmente de su cuerpo.

A ver, si le ofreciesen hacer alguna película porno, igual no lo vería de esa forma, me parecería llegado el caso incluso bien, pero lo otro…no lo tengo tan claro.

Aunque también es cierto que si es algo que libremente ha decidido él, tampoco soy yo quién para juzgarlo, ¿no?

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