Del revés

Del revés

Pues a lo tonto han pasado ya dos años desde que recuperé (muy a mi pesar) mi soltería.

Echando la vista atrás, aunque lo peor ya pasó durante los primeros meses, he de reconocer que después de este tiempo, me ha quedado un poso de amargura del que me es difícil deshacerme. Y esa amargura, en cierta forma se ha plasmado también en los posts.

Son bastantes personas las que me han hecho llegar que este blog ya no es lo que era, cosa bastante normal puesto que, como yo mismo respondo, yo tampoco soy el que era.

A nivel sentimental, mi corazón está bastante cerrado y así pienso yo que seguirá durante bastante tiempo (y digo bastante tiempo porque decir “para los restos” igual queda un poco radical). No sé si realmente es miedo a que me vuelvan a hacer daño o que soy muy consciente de que hay trenes que únicamente pasan una vez en la vida. Eso yo lo tengo bastante claro y no hay nada (ni nadie) que pueda hacerme cambiar de opinión. Al menos a día de hoy.

A nivel sexual, pues no digo lo que está cerrado pero os podéis hacer una idea también. De hecho, actualmente ni entro a chats, ni tengo ya apps de folleteo, ni nada. Me borré ya hace unos meses y ahí sigo, desaparecido del mundo. Mis últimas experiencias, contadas por aquí ,no resultaron del todo satisfactorias, así que decidí cortar por lo sano.

Tengo un amigo que dice que estoy entrando voluntariamente en una vida monacal y que sarna con gusto no pica, pero que eso no puede ser sano. Yo le digo que mientras tenga porno a mano y mi mano derecha, poco más me hará falta, a lo que me suele contestar que ya puestos, y siguiendo mi trayectoria,  solicite ya la castración química…

A nivel laboral, en un principio, como ya conté por aquí, me volqué en el trabajo como si no hubiera un mañana. Hice más horas que horas, total para nada, puesto que esas cosas pocas veces se agradecen. Más bien al contrario puesto que por eso (y por otros motivos) se creó una rencilla estúpida entre compañeros desembocando en un mal rollo laboral que todavía continúa.

Por todo esto, digamos que mi carácter ha cambiado bastante y supongo que todo eso se refleja también en mi forma de escribir.

Soy una persona que no suele expresar sus preocupaciones y por eso me gusta de vez en cuando escribir por aquí y soltar todo lo que llevo dentro. Como he dicho alguna vez, me relaja mucho y me siento cómodo escribiendo. Sin embargo, esta vía de escape no es suficiente muchas veces, y llega un momento en el que el cuerpo te dice basta.

En mi caso este primer aviso me sucedió durante las pasadas Navidades. Ingresado en el hospital fueron muchas las cosas que se me pasaron por la cabeza, pero sobre todo, me dije a mí mismo que tenía que cambiar. Las cosas que a mí me pasan, ni son más ni menos que las del común de los mortales. Mi problema es cómo me las tomo yo.

Así que como propósito de año nuevo me he propuesto cambiar, porque la vida es sólo una y cuando se va, se va.

En teoría, cambiando de actitud, la vida te trae cosas buenas (o eso dicen), pero esas cosas no creo que sean así de fáciles, y siempre he pensado que era algo más de superchería que otras cosas. Sin embargo, leyendo sobre el tema, me he enterado de que la cosa tiene más de ciencia de lo que yo me pensaba puesto que según cómo te tomes las cosas se activan ciertas zonas del cerebro que de otro modo no lo harían.

Y para empezar a aplicarlo ahora mismo, he de reconocer que de algo malo siempre se puede sacar algo positivo, y esos días en el hospital, me hicieron ver que aparte de mi familia, tengo muchos amigos que se preocupan por mí más de lo que yo mismo me imaginaba.

A ver si esto lo puedo aplicar a mi día a día y a finales de 2019 os cuento cómo me ha ido.

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Cuento de Navidad

Cuento de Navidad

Ya estamos un año más en Navidad, una fiesta con las que he tenido siempre una relación de amor-odio a lo largo de toda mi vida.

De nano se podría decir que sí que me gustaban, y además mucho. Supongo que de pequeño me hacía mucha ilusión esta época, aparte de porque las vacaciones escolares eran un chollazo, porque se reunía toda mi familia y estaba con mis primos, a los que sino llegaba a ser por estas fiestas, veía bastante poco.

Además era también la época de la ilusión por los Reyes Magos (en mi casa Papá Noel no entraba), y toda la parafernalia de la cabalgata del 5 de enero me encantaba.

Las vivía pues, como un crío, y las disfrutaba como tal. Montando el árbol y el belén con mi hermana. Iluminándolo todo con las luces y poniendo la casa de espumillón hasta arriba. Porque además, todo ese mundo multicolor asociado a la Navidad, me encantaba.

Pero el tiempo pasa, y tu familia comienza a reducirse (ay, esos abuelos que se van…) y entonces maduras de golpe. Además coincide en la época de la adolescencia y el mundo se abre a tus pies. Cambios hormonales…la homosexualidad…te das cuenta de que eres “diferente” y hay algo en las Navidades que te lo recuerda, y son las fiestas de Nochevieja a las que tú, básicamente, no vas. Más que nada porque en realidad, no sales. Porque sí, yo pasé una etapa chunga en la que me quedé sin amigos cuando más necesitaba tenerlos. Y es que te das cuenta de que lo que te gustan son los chicos, cuando a tu alrededor a todos le gustan las chicas. Una época en la que tus amigos salen de fiesta, de discoteca, a ligar y a ti como no te gusta ese rollo (no te gustan las tías en realidad) prefieres quedarte en casa. Y una vez puede, pero si a la segunda o tercera das excusas, al final pasan de ti. Y finalmente te quedas sin amigos, claro.

En esa época dejó de gustarme la Navidad. En realidad las fiestas eran iguales, sólo me daba el bajón en Nochevieja por lo que he comentado, pero una cosa llevaba a la otra. Además, ese carácter de mala leche que se me ponía (enfadado con el mundo, supongo, por ser tan “raro”) hacía que discutiese mucho en familia. Pero era Navidad y eso no podía ser, claro. Y entonces te das cuenta la falsedad que va unida a toda esta fiesta. Falsedad y mucha hipocresía también. Y empiezas a desencantarte de ese mundo de lucecitas…

La siguiente etapa sucedió ya años después. Empecé  a abrir horizontes, nuevos amigos, nueva vida y eso coincidió con que en mi familia llegaron los sobrinos. Fue entonces cuando volví a vivir otra vez la fiesta de las Navidades como antaño, a través de los ojos de los pequeños de la casa. Se me quitó la mala leche, salía en Nochevieja, y aunque mis fiestas siempre fueron las más surrealistas, me empecé a dar cuenta de que ser “diferente” no era malo, solo que tenía que dejar de compararme con el resto de lo que era la sociedad y vivir las Navidades (y el resto de mi existencia) a mi manera. Fue una mezcla de las dos etapas anteriores y durante muchos años las disfruté así.

Después vino mi etapa en pareja, esta ya mucho más estable. Por circunstancias, de las dos semanas de Navidad, mi pareja pasaba conmigo sólo una de las dos, pero las disfrutaba al máximo. Incluso yo le contagié a él la ilusión por adornar la casa con los cachivaches navideños y en cierta forma, al igual que mis sobrinos me ayudaron a mí en ese sentido, yo le ayudé a él a vivir con más alegría estos días. Nuestras Nocheviejas eran supercaseras, y aunque no eran unos fiestones ni nada, el pasarlo con tu pareja y pocos amigos más, a mí me parecía perfecto.

Sin embargo, aquello acabó. Los sobrinos crecieron. La familia comenzó a expandirse y en ella no a todos soportas… y vuelve la Navidad a tu vida. Y te reúnes con familiares que a pesar de vivir a dos manzanas de tu casa, en el día a día ni los llamas ni los ves, pero en Navidad parece que es obligatorio sonreír y hacer como si no pasase nada. Como si fuese la familia más unida del mundo. Aunque no lo sea. Y tienes que aguantarte. Y luego llega Nochevieja, el día en que parece que haya que hacer algo, sí o sí. Aunque no te apetezca.  Y llega un momento en que te plantas y no sales. De hecho, el año pasado es lo que hice. no salir. A familiares les dije que había quedado con amigos, y a amigos les dije que había  quedado con familiares (para que no se preocupasen, claro). Y no pasó nada. Porque si lo piensas bien es un día normal.

Como todos los de la Navidad.

Si por mí fuese, pasaría del día del sorteo al día de Reyes y punto. Pero habrá que aguantarse y poner buena cara, porque igual, el día de mañana, las Navidades me vuelven a conquistar como antes, y entonces, sólo entonces, las volveré a disfrutar.

(Aún así, felices fiestas).

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Philadelphia

Philadelphia

Si todo me hubiese ido mas o menos normal estas últimas semanas, este post lo habría publicado el mismo uno de diciembre, pero como la vida propone y Dios dispone, lo cuelgo hoy que es cuando he podido acabarlo.

La vez que el VIH más me tocó de cerca, a parte de por mis paranoias más o menos recurrentes (y no sólo a esta enfermedad, sino a cualquier otra -es lo que tiene ser hipocondriaco-) fue hace ya muchos años y a raíz de un reportaje de televisión.

Recuerdo que estaba con mi amiga María en su casa, y en eso que empezaron con un reportaje sobre la gripe. Que si  virus para arriba que si virus para abajo cuando de pronto hablaron, sin venir mucho a cuento, de otro tipo de enfermedades. Entre ellas, trataron el SIDA, así como de pasada y metiendo el miedo en el cuerpo. Hablo de una época en la que los documentales sobre ese tipo de enfermedades eran bastante catastrofistas. Epocas en la que cuando alguien había superado determinados años siendo VIH positivo sin desarrollar la enfermedad, se hablaba como si fuera un verdadero milagro.

Aquello lo vi, recuerdo, no mucho después de haber salido del armario por todo lo alto, por lo que al acabar el reportaje le comenté a mi amiga el miedo que tenía a pillar algo así, y lo traumática que fue mi primera experiencia por ese miedo absurdo. Al acabar de desahogarme, me dijo que ella conocía a alguien que tenía VIH, para añadir después que a esa persona yo también la conocía. La primera persona que se me pasó por la cabeza al oir aquello fue su pareja, su novio (al que no tragaba).  Se lo pregunté directamente y me soltó un “pues no, de qué vas” que demostraba que  mucha gracia no le había hecho la pregunta.  Pensé a continuación en nuestra amiga común, Raquel, pues era una época suya de despendole total y pensé si podía haber sido ella la “afectada”. Tampoco era ella, tranquilo, me dijo.

Al final me rendí, pues aunque dije un par de nombre más, no era ninguno de ellos ni por aproximación. Finalmente, soltó la bomba cuando me dijo que quien tenía VIH era Guillermo.

Recuerdo que me costó reaccionar. En ningún momento pensé que pudiera ser él, porque pensé que le conocía bien. Como que “no le pegaba” y además teniendo una pareja más o menos estable en ese momento (aunque para él, “estabilidad” era estar un mes con el mismo)

Explicándolo ahora, y conforme el pensamiento actual, me doy cuenta de los prejuicios que tenía yo por entonces. Bueno, yo y la sociedad en general, aunque eso no me exime a mí de culpa. Pero era así, me chocaba que alguien con pareja como tenía Guillermo por entonces fuese VIH positivo. Veía más probable que alguien que tenía pinta de putero (el novio de María),  o que estaba despendolada (Raquel en aquella época) tuviese más papeletas que Guillermo. Prejuicios, prejuicios y más prejuicios…

Le pregunté a María entonces si la pareja de Guillermo, César, también lo era, y me dijo que no. Que por lo visto Guillermo lo había pillado de un rollo anterior que había tenido pero que su pareja lo sabía y no le preocupaba. Que Guillermo nunca lo había ocultado, y que a César le daba un poco igual pues lo quería demasiado (pena que luego acabaran como acabaran).

Por lo visto, Raquel fue la primera que se enteró de su enfermedad, cosa lógica pues ellos eran amigos desde hacía muchos años. Luego ya se lo fue contando al resto de amigos a medida que los iba conociendo. Bueno, a todos menos a mí.

Quedamos en que yo no le diría a Guilermo cómo me había enterado y que iba a seguir actuando de forma normal con él. Y eso intenté. Pero pronto empecé a emparanoiarme. Así, por ejemplo, cuando iba a cenar a su casa salía lo peor de mí. ¿Y si me cortaba con algún cuchillo? ¿Y si me volvía dar algún pico como hacía de vez en cuando? ¿y sí…?

“Y SÍ” otra vez esas dos malditas palabras…

Inconscientemente, me separé tambien un poco de él. Ahora que lo escribo siento hasta vergüenza (no es la primera vez que me pasa cuando he escrito algun post de los colgados) pero, repito, y aunque no sirva de total justificación…era otra época.

Así fue hasta que un día, en el chat, alguien que me djio que lo conocía empezó a ponerlo verde, diciendo que era un salido que tenía lo que se merecía, que si tal que si cual. Ahí no lo pude evitar y empecé a defenderle como a poca gente había defendido en mi vida. Me daba igual su pasado sexual. Antes que nada, era amigo mío y además muy buen tío. Y nadie podia decir de nadie ninguna salvajada de ese tipo.

Esa conversacion me sirvió como excusa para hablar con Raquel, y decirle que me habian dicho eso de él, y preguntarle si era verdad sin tener que delatar a María. Me lo confirmó, claro. Y me dijo también que nunca me lo había contado porque conociéndome, con lo hipocondrias que era, no sería bueno para ninguna de las dos partes. Que no había necesidad. Y tenía razón. Raquel me conocía bien y sabía lo que podía pasarme, lo que de hecho me estaba pasando.

Raquel fue la que le dijo a Guillermo que yo lo sabía, y que bueno, si quería hablar comigo. Y lo hablamos, y me explicó muchas cosas de la enfermedad que yo mismo desconocía,  Y que el principal obstáculo era ése, la desinformación y los prejuicios. Y que una cosa llevaba a la otra.

Por suerte, esos prejuicios han ido desapareciendo con el tiempo. El último, el de que el  VIH deje de ser un motivo de exclusión para conseguir un empleo público, equiparándola a otras enfermedades como la diabetes por ejemplo.

Sin embargo, pienso yo que falta todavía mucha más información. O más accesible. Y para muestra, un botón.  El año pasado cuando estaba en la playa con el chico medio delincuente del que os hablé, me comentó de pasada que tomaba PrEP.  Que no usaba condones porque tomaba PrEP. Por si no lo sabéis esas siglas significan Profilaxis preexposición y lo que supone es tomar un medicamente a diario para evitar que puedas contagiarte. Algo así como la píldora de las mujeres para evitar quedarse embarazadas. Pero eso no es la panacea, y no sirve tampoco para evitar contraer otras enfermedades de transmisión sexual.

¿Eso la gente lo sabe? Y suerte aún que este tomase algo, porque si entras en las  apps de contacto cada vez hay más gente que busca tener sexo “a pelo” como si no pasase nada. Y por desgracia, pasa. Y aunque el VIH es ya más como una enfermedad crónica que otra cosa, no está de más que la gente vuelva a tener un poco de cabeza. Vamos, digo yo.

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Lobezno

Lobezno

Como ya os he comentado alguna vez, una de mis aficiones favoritas es poner una canción en YouTube y que la propia página comience con la reproducción automática a recomendarte música similar.

Mientras hago eso en el ordenador, en segundo plano me pongo bien a contestar correos o trabajar con otros programas. El otro día, escuchando canciones de ese modo tuve que volver a YouTube porque la canción que estaba escuchando me gustaba mucho. Y me gustaba sobre todo por la voz del cantante.

La canción que sonaba era Dance to this interpretada por un chaval llamado Troye Sivan con la compañía de Ariana Grande, esta sí, supongo, más conocida por todos.

Me sorprendió mucho la música y el vídeo en sí,  ambientado en una especie de psiquiátrico y que no parece tener demasiado sentido, también  os lo digo. El cantante, muy jovencito, me pareció por sus movimientos supergay,  y bastante guapete además (como se nota que me estoy convirtiendo ya en un viejo verde…), así que me puse a averiguar un poco más sobre él.

Por lo visto, el chaval nació en Sudáfrica hace 23 años, aunque pronto se mudó a Australia que es donde vive en la actualidad. Comenzó colgando vídeos en YouTube (otro youtuber) hasta que un cazatalentos musical lo vio y le ofreció un contrato discográfico. Revisé sus canciones y aparte de tener muchas bastante pegadizas (Talk me down, Youth), me di cuenta de que había alguna más que ya había oído sin percatarme de que fuese suya. Es el caso de There for you cantada a dúo junto con Martin Garrix y que se oyó bastante el año pasado.

Si por eso fuera poco, también recientemente en una película de temática llamada “Love, Simon” (que aún no he visto) la canción principal de la Banda Sonora era suya, llamada Strawberries & Cigarettes.

Y hablando de temática, en el año 2013 , Troye decidió salir del armario en su propio canal de YouTube ante los miles de seguidores de su cuenta. Me dio por verlo y la verdad es que se le nota totalmente sincero y real. Incluso se le ve algo nervioso tratando de explicar como fue lo que sintió al contárselo a su mejor amiga y luego a su familia. Me gusto verlo y sentí  cierta envidia por los chavales de esta época que pueden entrar en Internet y tener una referencia de este estilo para sentirse identificados (en mi época adolescente no había nada parecido ni por asomo, más bien al contrario).

Por último deciros que Troye también se dedica profesionalmente a la actuación y si bien ahora mismo está en teatro, su papel más conocido hasta la fecha (por lo menos por aquí) es el que hizo en la película “Lobezno”, donde interpretaba al protagonista en versión juvenil al principio de la peli (ya decía yo que el chaval me sonaba…).

Os dejo por aquí el vídeo de la canción que comenté al principio y por el que me dio por escribir este post, a ver si os gusta.

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Rain Man

Rain Man

Ahora que ya estamos metidos en el horario de invierno, y dejando un poco atrás el debate sobre cambio de hora sí, cambio de hora no (hasta el año que viene que volvamos con la misma cantinela), quería contaros lo que me parece a mí este cambio:

Una soberana mierda.

¿Pero es necesario? Pues entiendo que sí. Por lo menos en la zona de Europa en la que vivimos (junto con Portugal, en el extremo más occidental). Y es que si no lo hiciésemos, llegaríamos a Diciembre y no amanecería hasta bien entrada la jornada laboral con todos los inconvenientes que eso generaría.

Entonces, si lo veo necesario, ¿por qué no me gusta?

Pues porque está asociado a una temporada que no me gusta nada, la de Otoño/Invierno que, para mí, es la peor época del calendario.

A mí que se haga de noche a media tarde es algo que me afecta, lo llevo mal, pero que encima empiece la época del mal tiempo, bajada de temperaturas y demás, todavía lo llevo peor.

En general a mí,  estos meses que vienen por delante me cabrean un montón. Se me pone un mal carácter y una mala leche que encima acabo pagándolo con todo el mundo.  Y si a eso encima le unes temporada de lluvias, todavía es peor.

Porque esa es otra, a mí que llueva tampoco me gusta nada.  Y yo entiendo que es necesaria, y más en la zona en la que vivo, que escasea, pero es que no puedo con ella. Me deprime mucho.

Estos días que estamos teniendo por aquí, en los que amanece nublado, llueve, para, vuelve a llover, se abre el cielo y cae el diluvio universal y vuelta a empezar me están minando la moral cosa mala.

Pensaréis que soy un exagerado, y que no debería quejarme por eso, cuando además ésta es una zona de bastante sequía, pero es que no puedo, en serio.

Esto no es nuevo, realmente a mí que se me ponga mal carácter cuando llueve es algo que me ha pasado siempre, aunque supongo que con los años estas cosas se agravan más.

De hecho, hoy que ha llovido por la mañana y habían amenazado con agua durante todo el día (aunque no ha sido así), me he quedado en casa, amuermado en el sofá, y sin hacer mucho más. Y es que aún no me he quitado el bajón que llevo desde el viernes, cuando parecía que se abría el cielo sobre nosotros.

Hace unos años, en un trabajo coincidí con una compañera a la que le pasaba exactamente lo mismo que a mí y descubrimos que lo nuestro tenía incluso una definición “científica” (no es tan raro, ahora a todo le ponen etiquetas) y era la “meteorosensibilidad” -término bastante abierto, por otro lado, puesto que ahí entran también las personas a las que les duelen las cicatrices cuando llueve, pero bueno-.

Pues bien, según parece, hasta un 30% de la población se ve afectada por estos cambios de tiempo en mayor o menor medida, aunque el “mal de muchos consuelo de tontos” nunca me ha ayudado demasiado.

En mi caso, lo de la lluvia, entiendo que es por la falta de luz solar y la cosa tiene su lógica. Pero no acabo de entender que esto me pase también estando en casa, con las cortinas echadas. Porque es que yo es oír que llueve y ya me da el bajón. O incluso que me avise el móvil de que mañana va a llover, que a los efectos es lo mismo. De hecho llegué a preguntarle a mi madre si de nano tuve algún trauma con la lluvia, el agua, o algo parecido pero la verdad es que no se acordaba de nada.

Pues nada habrá que aguantarse y ya está. No me queda otra.

Menos mal que en mi caso, por dónde vivo, la cosa no dura mucho, porque por aquí ni el invierno es demasiado duro ni la época de lluvias dura demasiado (aunque cuando cae, cae con ganas).

Si llego a vivir por el norte de España o Londres, por ejemplo, no me quiero ni imaginar el carácter que tendría…

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El donante

El donante

Estos días que cumple años la hija de mi amiga Raquel me ha venido a la mente el momento de su concepción.

No es que estuviese yo presente en esos momentos pero… es que yo pude haber sido el padre. Dicho así suena un poco como el título del disco de Bertín Osborne, de extraño nombre “Yo debí enamorarme de tu madre”, en versión gay, pero todo tiene una explicación.

Mi amiga Raquel llevaba ya tiempo diciendo que la búsqueda de tíos se había acabado, que ya no tenía ni edad ni ganas y que el dinero que tenía ahorrado se lo iba a gastar en ella misma. Yo en principio pensé que se iba a poner tetas, o algún arreglito estético de ese tipo, pero lo que no me pensaba nunca es que en lo que estaba pensando era en quedarse embarazada. No por nada, sino porque ella nunca había hablado de tener hijos, ni la veía con ganas de ser madre. Sólo había que escucharla cuando comentaba lo pesadas que eran las compañeras de su trabajo que habían sido madres recientes para darse cuenta de que las ganas de maternidad no habían hecho mella en ella. Sin embargo, supongo que el tic tac biológico (¿o sería la propia sociedad?) habían empezado a minar su moral hasta que decidió dar el paso.

Lo que pasa es que en aquel momento, mi amiga Raquel no tenía pareja, ni visos de tener una pareja pronto. Asqueada de todo, hacía mucho que había decidido no atarse a ningún hombre, aunque lo que realmente pasaba es que los tíos pasaban de ella.

Así que cuando me dijo que había decidido ser madre me quedé un poco de piedra. Le dije lo primero que cómo pensaba hacerlo, y todavía me dejó más de piedra su planteamiento: Follando con el primero que pillase. Sin goma.

Partiendo de que podía pillar de todo, y que era una tremenda locura, aluciné un poco porque tampoco ése era su estilo. Aunque desde que había conocido a una muchacha en su gimnasio (que no nos caía bien a ninguno), y que era más puta que las gallinas pues no me sorprendía tampoco demasiado. La amiga, casada, se ve que le ponía los cuernos al marido todas las veces que podía y más, y era la que le había metido esas ideas en la cabeza.

Yo le dije de todo cuando me lo comentó pero era una batalla perdida. Ella lo había decidido así y al fin de semana siguiente iba a hacer todo lo que pudiese para conseguirlo.

Y lo hizo.

Me comentó que había conocido a dos chavalines gracias a su amiga y que mientras uno se estaba follando a la otra en la playa (era verano), a ella se la estaba metiendo el otro aunque no se llegó a correr.   Por lo visto, sólo con esos mete-saca ya ella se empezó a agobiar, el chico no se lo tomó demasiado bien y con todo ese mal rollo la cosa no llegó a cuajar. Se había dado a cuenta a tiempo de la locura que pretendía hacer, y decidió no seguir por ese camino. Su amiga, además, no se tomó demasiado bien el cambio de criterio de Raquel, discutieron y ambas se mandaron a la mierda mutuamente (por suerte para mi amiga).

Así que entonces optó por el segundo método, que me afectaba a mí. Bueno, a mí y a varios de sus amigos, puesto que a todos (de uno en uno) nos empezó a proponer si queríamos ser el padre de su futuro hijo…

Cuando me llegó mi turno (que no sé en qué orden me tocó ni me importa) me agobié muchísimo nada mas escucharlo. Yo la quería mucho (y la sigo queriendo) pero ser padre eran palabras mayores. Ella lo planteaba en plan que nunca me pediría dinero, ni mi apellido, que sólo era una desinteresada donación y ya está. Y que esa donación podía ser interna o en un tubito para su posterior inserción. Todo planteado de forma muy aséptica a pesar de lo que me estaba proponiendo: Que podía elegir entre follar con ella o no…

Yo no tardé ni dos segundos en contestar y por supuesto mi respuesta fue negativa. Yo es que no me veía teniendo a un chiquillo por ahí con mi careto y hacer como si no fuese el padre, o desentenderme de ese modo que planteaba ella… Era todo tan frío que no me gustaba nada. Mi respuesta hubiese sido la misma si el planteamiento hubiese sido ser padre a todos los efectos,  puesto que eso tampoco era algo que me hubiese propuesto a corto plazo. Ni a largo tampoco, la verdad.

Mi respuesta no fue demasiado distinta a la de los otros amigos de Raquel. La queríamos mucho pero lo que nos pedía no estábamos ninguno dispuestos a dárselo. Que estas cosas en la ficción salen bien (se me ocurre ahora el caso de Mauri y Bea en “Aquí no hay quien viva”) pero en la vida real….nunca se sabe.

Así que al final acabó acudiendo a una clínica de fertilidad y por los cauces habituales, inseminación artificial por un donante desconocido, nació al final una chiquilla que le robó media vida y desde entonces es la niña de sus ojos.

¡Felicidades!

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L.A. Zombie

L.A. Zombie

Hace un tiempo cuando comenté la película Hellbent os hablé de que había encontrado una página web con un catálogo de películas en el que se combinaba el género de temática con el de terror.

El otro día eché mano de ella de nuevo y encontré para mi sorpresa que también existe la combinación del porno con el terror.

La versión de la película de la que os quiero hablar, que ya tiene unos años (es de 2008) llevaba adosado el subtítulo (“Hardcore”) por lo que me hace dudar de si es que había una versión más light en la que no hubiesen escenas pornográficas. Si existe esa versión, yo no di con ella, así que os hablaré de la versión superguarra que es la que me vi anoche.

He de deciros que si os gusta el subgénero del gore dentro del terror, ésta os encantará, pero si no os gusta, que es mi caso, os recomiendo que paséis un poco de ella porque hay escenas (sobre todo las primeras) que son bastante asquerosas.

La película, protagonizada por el actor porno François Sagat, comienza con una escena del protagonista emergiendo de las aguas del mar cual Úrsula Andress en James Bond contra el Dr. No, pero con un tío, desnudo y maquillado en plan zombi. El maquillaje es de traca, con una dentadura extrañísima y un color de piel entre verde y morado que deja al buenorro de François como un verdadero cuadro.

De la orilla de la playa, ya pasa a la carretera, de noche, cuando un jovenzuelo enfoca con las luces de la furgoneta al zombi, que va totalmente desnudo haciendo autostop por el arcén. El joven, que debe pensar que sólo es peligroso parar si es la chica de la curva, recoge  entonces al zombi como si tal cosa, supongo que con la intención de ver de cerca el pollón del autoestopista, sin importarle el asqueroso aspecto que presente.

Por cierto que en esa escena ya empiezan los fallos de continuidad porque de estar desnudo, François aparece después vestido con suéter y capucha, y luego otra vez desnudo (desconozco si esos fallos son cosa del director,  o que el encargado del montaje tuvo un mal día).

Y de ahí al accidente y muerte del conductor, supuestamente atacado por el autoestopista zombi. Una muerte bastante desagradable con el corazón bombeando en los últimos estertores fuera de su cuerpo. Y es justo en ese hueco donde llega el zombi y le mete el rabo para así devolver a la vida al chaval y acabar follándoselo contra la furgoneta. Eso sí, con el condón puesto, que una cosa es estar muerto y otra ir por ahí a lo loco.

La escena en sí a mí ni me dio morbo ni nada, por todo lo sangriento que es el tema. Encima, para rematar, el plano final es un vistoso primer plano de la polla del zombi, acabada en forma de uña, expulsando sangre al correrse. Una asquerosidad bien grande.

Pues bien, a pesar de que la cosa ya no prometía nada, no sé muy bien porqué seguí viendo la película.

En la siguiente escena sucede un poco más de lo mismo porque en una pelea entre dos tíos uno mata al otro dejando allí el cuerpo en mitad de un barranco. El zombi llega, se lo lleva a un descampado y sobre un colchón, que más mierda no puede tener, le baja los pantalones y se la mete por un boquete del cuerpo (no, no es el culo) hasta que lo resucita y es él quien se folla al zombi. En esta escena llegué a pensar que no me extrañaba que los actores porno tomasen viagra, porque en una escena con tanta sangre y vísceras, yo no conseguiría ponerme a tono…

Y ya después de esto comienza el descontrol total de la película porque si en la escena anterior me había percatado que al zombi se le estaba yendo el maquillaje, en la siguiente, que se baña en un charco, el maquillaje ha desaparecido por completo. Ah! pensé yo, pues entonces aún tiene su punto la película porque el tiarrón de François al natural, gana mucho….pero no, porque el maquillaje del zombi aparece y desaparece sin motivo ni razón alguna.

Incluso en la siguiente escena, un negraco también asesinado al que revive el zombi restregándole la polla por el agujero de bala de su frente,  se combinan escenas en las que está con y sin maquillaje a la vez.

En la siguiente ya toca de nuevo sin maquillar, que parece que se ha curado de su zombienfermedad, y revive a un indigente que había muerto entre cartones. Y se lo folla. Un buen samaritano, vamos.

Pero de repente, ya viene lo más extraño de la película y es una escena que parece sacada de otro film por error (de hecho pensé que se me había colado otra peli sin darme cuenta), pero nada de eso.

La escena transcurre en una habitación en la que entre varios descuelgan de la pared a un tío (que no vuelve a aparecer), y  para celebrarlo se ponen a follar en grupo. Esta escena que como película porno está muy bien, no parece tener relación alguna con nada de lo sucedido hasta que llegan dos matones y por un asunto de drogas matan a los otros cuatro en plan escabechina.

Esa escena es tan sangrienta que se ve que el director pensaría que poniendo unos plásticos en las paredes igual después les tocaba limpiar menos, pero debieron soltar tantos litros que las paredes las pringaron igual. Es ahí donde aparece el zombi (otra vez maquillado) y, sin venir a cuento, se venga de los malos y resucita a los muertos, esta vez sin necesidad de follárselos ni nada.

Y cuando parecía que la cosa no podía ir a peor, cuando ya nada en la película tenía sentido alguno, comienza una combinación de escenas del zombie / no zombie recordando sus crímenes, y llorando, con y sin maquillaje, mientras va a un cementerio a desenterrar una fosa.

¿Por qué motivo?

¿Querrá volver a su ataúd?

¿Querrá desenterrar a un ex?

¿A quién le importa?

Total, un despropósito de principio a fin que ni excita, ni da terror, ni nada de nada.

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