A pleno sol

A pleno sol

Finiquitado ya prácticamente el verano, este año decidí pasar mis últimos días de vacaciones yendo a la playa nudista.

En estos sitios, y da igual a qué playa vayas, se suele encontrar siempre el mismo tipo de “fauna” habitual.

Por un lado, aunque cada vez menos, están aquellos que no se quitan el bañador ni por saber morir. Suelen ir solos, y se pasan el rato mirando a diestro y siniestro de una forma compulsiva. Son “mirones” de manual, que disfrutan mirando pero evitando siempre poner su cuerpo a la vista.

Después están los que yo llamo “marrones”, que son aquellos que desde primeros de mayo hasta finales de octubre se pasan el día tomando el sol hasta que tienen ese color oscuro  integral tan poco sano que más que bronceados parecen pintados.

Tras estos, estarían los que yo llamo “los desahuciados” que suelen ser tios de cincuenta y  muchos años, generalmente pienso que casados, que van a la playa a la espera de que en la zona de cruising haya movimiento. En este caso, en las dunas, pero puede ser una fábrica/casa abandonada o un bosque cercano. Aunque este grupo son los más numerosos, pocas veces se suelen enrollar entre ellos.

Luego estarían  aquellos tíos buenorros que no sé muy bien de qué van. Y digo eso porque se suelen pasear alrededor de otros tíos y subir y bajar de la zona de cruising buscando algo que no se sabe muy bien qué es. Hay gente que piensa que son chaperos (yo lo pienso) mientras otros piensan que son divas tan exigentes y narcisistas que sólo se quieren a sí mismos, rechazando a todos los que se les puedan acercar.

Después vendrían las parejitas, que están tan enamoradas que sólo se miran el uno al otro y van de la toalla al agua, entre arrumacos, con una forma de andar que más parece que floten entre algodones. (Por cierto que estas mismas parejas, años después, irán a la playa buscando a un tercero con el que enrollarse, y animar de esta forma, su monotonía conyugal…).

Y por último estarían el grupo de los solitarios como yo, que van a la playa con una revista y a escuchar algo de música entre baño y baño, disfrutando a solas del buen tiempo.

El útlimo dia antes de volverme, decidí pasar todo el día en la playa aprovechando ya los últimos rayos de sol. Estando ahí tumbado, sobre mi toalla y con mi culete blanco al aire (fruto de la marca del bañador que he llevado casi todo el verano) me dediqué a observar a todos y cada uno de los grupos de los que os he hablado.

Estando así, y un poco a mi bola también, otro solitario se puso cerca de donde yo estaba.

Un chico con barbita, de mi edad o un poco más joven, que nada más despelotarse dejó ver que estaba depilado íntegramente. Se puso boca abajo, enseñando un culazo tan bien puesto, que ni en esa postura se le deformó lo más mínimo.

Me quedé observando ese culo, ajeno a todo lo demás, cuando vi cómo empezó a apretar y soltar los cachetes, con movimientos hipnóticos para mí. Pensé en ese momento que estaba haciendo gimnasia y que por ese motivo tenía el culo que tenía. Inocente de mí, hizo un movimiento de pelvis que me hizo ver el pollón gordo que gastaba, por lo que entendí que lo que estaba haciendo con el culete eran movimientos de estar follándose la toalla…

A mí en ese momento me entró la risa floja, la verdad. El tío, al ver cómo yo sonreía (más bien me descojonaba) pensó que le había sonreído a él y comenzó a mirarme y calentarse más de la cuenta. Al momento se cambió de postura y mirando hacia mí me enseñó cómo se le había puesto ya el rabo de duro. Yo, tumbado como estaba, y que no soy de piedra, noté como mi polla comenzó a tener vida propia con lo que me la coloqué como pude… animando al tío todavía más. Fue cuando se echó saliva en la mano y comenzó a menéarsela sin dejar de mirarme.

Yo en ese momento ya no sabía donde ponerme porque, entre otras cosas, en la playa seguía paseando gente por la orilla (parejas gays, heteros, y también tías solas) y alrededor también había gente de todo tipo viendo (o no) ese espectáculo.  En eso que una gaviota en plan vuelo rasante hizo distraerme un poco, y al seguirla con la mirada dirección dunas, y volver después la mirada al tío, provoqué sin querer un malentendido total: El tío pensó que le ofrecía algo, y ni corto ni perezoso se levantó y se fue hacia las dunas (zona cruising) esperando que yo le siguiera hasta el lugar.

Pero no lo hice. Aunque tengo mi punto exhibicionista, el sexo en público no es lo mío, así que aunque fuese en una zona retirada… yo ahí en la playa no pensaba hacer nada.  Por lo menos mientras el calentón no fuese a más.

Al momento el tio volvió, con cara de incredulidad, y se volvió a poner boca abajo, volviendo como al principio a follarse la toalla sin dejar de mirarme. A mí la situación me empezó a agobiar. El tío estaba muy pero que muy bueno (demasiado) y antes de que la situación se me fuese de las manos y no pudiera controlarme decidí vestirme y largarme del lugar con el rabo (tieso) entre las piernas.

Nada más ver que me vestía para irme, el tío empezó a hacer lo mismo, y yo empecé a pensar mal…

De camino por la orilla, el tío me comenzó a seguir a una distancia prudencial. Cuando llevábamos ya un ratillo andando, me giré y le pregunté si es que él también iba andando hasta su casa pues habíamos pasado ya las dos zonas de parking.  Me dijo que sí con la cabeza y poco más.

En eso que llegó un momento en que ya se puso a mi altura.  Le pregunté entonces si era de la zona, y me dijo que no, que de un pueblo cercano y que había ido a pasar el día. ¿Andando? le pregunté yo.  Fue entonces cuando se quedó parado, me tiró mano al paquete y con un “me he quedado con ganas de chupártela”, dio media vuelta y volvió a la zona de playa de la que nos habíamos largado.

Yo me quedé flipado por la situación en sí y pensé en algo que me había estado rondando: que el tío era chapero y simplemente me había estado ofreciendo sus servicios. Estaba demasiado bueno, y con la de chulazos que había en la playa… no era lógico que se hubiese fijado en mí.

Llegué a casa y después de pegarme una ducha fría (y hacerme una paja) hablé con un amigo que me dijo que  “había tontos en el mundo y luego estaba yo, que no sabía ya ni reconocer cuándo había ligado”. Yo intenté decirle que no creía que fuese el caso, que el tío estaba tremendo y todo lo demás, a lo que me acabó diciendo que aunque era fácil levantarme la polla, “la autoestima la seguía teniendo por los suelos”.

La verdad es que al final me dejó con la duda, aunque claro, a esas alturas ya poco podía hacer. Eso sí, como anécdota de final de verano, me pareció curiosa.

Si es que lo que no me pase a mí…

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Fuego en el cuerpo

Fuego en el cuerpo

Una de las mejores cosas del verano es poder ir con menos ropa de la habitual.

Ir con pantalones largos todo el año y pasar a poder airear las piernas, bien en bañador o en bermudas, no tiene ni punto de comparación. Poder ir fresquito es una de las mejores cosas de esta época del calendario.

Y si en pantalón corto se va fresquito, ir en bolas completamente ya es todo un gustazo.

Sin embargo, aunque antes con mi ex si que acudía a las playas nudistas de forma habitual,  últimamente no me he prodigado mucho. En todo el verano, habré ido unas cuatro o cinco veces, a solas, y poco más. Y eso que este año tenía un amiguete de Twitter que me dijo que le acompañase, pero al final por una cosa o por otra nunca surgió la oportunidad. Y no surgió por culpa mía, puesto que entre que me daba pereza, y cierta vergüenza porqué no decirlo, al final lo dejé pasar.

Donde sí he practicado más el nudismo es en mi casa. De hecho creo que desde el mes de mayo o junio yo es llegar a casa y desnudarme completamente y así me paso el resto del día si es que no tengo que salir. Que salir a la calle, quiero decir, porque lo que es al balcón no tengo demasiados problemas en asomarme. Total, entre las plantas y demás, poco se podría ver desde enfrente (y si me viesen…me daría un poco igual).

Lo que veo más gracioso a la hora de estar desnudo en casa, es el hecho de hacer las tareas domésticas como Dios me trajo al mundo, aunque con algo más de pelo. Pasar la escoba, el mocho o poner la lavadora así tal cual, con la chorra al aire, es algo que siempre me ha dado cierto morbillo. Más que nada porque durante un tiempo pensé incluso en aprovecharme de la situación. Fue hace muchos años, cuando se me ocurrió ofrecer mis servicios para  tareas y reparaciones domésticas, desnudo, en plan morboso y con la idea de sacarme unas pelas. La idea se me pasó pronto. Solo necesité hacer una búsqueda en milanuncios y me di cuenta de que no era el primero al que se le había ocurrido la idea… y además que de ahí al chaperismo igual había un solo paso.

Pero bueno, volvamos al presente, y como decía,  hacer cosas de casa completamente en porra es algo que en cierta forma me pone. Pero eso, para según qué cosas es un peligro, y es que hará unas semanas, se me ocurrió ponerme a planchar la ropa acumulada de la semana…

Me puse primero con los pantalones, las  camisas, camisetas, y cuando ya estaba apunto de acabar, sin venir a cuento me animé más de la cuenta (ejem, ejem) y eso con una plancha al rojo vivo puede ser un peligro. Ni me di cuenta que la polla se me empezó a empalmar hasta que noté como el glande entraba en contacto con la base de la plancha… El berrido que dí creo que se oyó en dos manzanas a la redonda. Y eso que como buen operado de fimosis, no tengo toda la sensibilidad que debiera en la zona, pero esa placa ardiendo la noté. Vaya si la noté.

Lo primero que hice fue acudir al baño y ponerme la polla bajo el agua del grifo. Yo no quería ni mirar lo que me había hecho, sólo esperar a que se me pasase esa sensación. Cuando ya empecé a notar que el dolor pasaba fue cuando miré y digamos que no fue tan mal como esperaba: solo una marca en forma de V en la parte baja del glande.

Como mientras planchaba estaba, además en plena conversación de wasap con un amigo (y viendo la tele – como para estar atento a la plancha-) se me ocurrió mandarle la foto de la señal de mi polla para que me diese algún tipo de consejo, aprovechando que este amigo sabe absolutamente de todo. Lo primero que hizo fue descojonarse, claro, y una vez pasada la gracia ya empezó a decirme cosas que podía ponerme en la zona. Descartado el aloe vera (porque no tenía a mano) y los cubitos de hielo (por miedo a que del frío se me quedasen pegados), se le ocurrió que usase protector labial o similar que tiene un alto contenido en glicerina. Y eso hice. Durante ese y varios días después.

Finalmente el dolor pasó y la marca se fue borrando por sí sola. Y menos mal porque los primeros días incluso estuve tentado de acudir al Centro de Salud, pero sólo de imaginarme explicando la situación al médico…descarté la idea.

Así que nudismo sí, pero protección para según qué cosas, también, que aunque últimamente la use poco… le sigo teniendo aprecio.

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La conversación

La conversación

Estos días de vacaciones, y aprovechando que gracias a mi última quedada descubrí que no estaba tan “muerto” como pensaba, decidí volver a instalarme la app de ligoteo/folleteo.

Lo mío con esta app es una relación de amor-odio de manual. A estas alturas ya no sé ni cuantas veces me la he instalado ni cuántas me la he desinstalado. Me la pongo con ilusión, y me la acabo quitando con desesperación, pero ya sabiendo que tarde o temprano la volveré a instalar en el móvil.

Esta última vez, y  dado que me la instalé en el pueblo de mis padres (donde fui a pasar unos días), al menos los maromos cercanos que me salieron eran distintos a los ya habituales de la aplicación. Aunque bueno, no sé si se puede llamar “cercanos” a tíos que me salían a varios  kilómetros a la redonda, pero en estos sitios tan “rurales” es lo que hay. Si en Valencia me suelen salir unos 10 cada 500 metros, allí del mismo pueblo sólo me salió uno. El siguiente ya salía a 6km. El otro a 10 km, y así hasta el infinito.

Lo que sí tenían en común todos los de la zona es que ninguno tenía foto puesta. Cuanto más lejos (y más cerca de entorno urbano), más aparecían con foto, pero por allí… ¿Los motivos? pues evidentemente porque eran tíos casados o con novia, con lo que la discreción supongo que la  seguían  viendo necesaria. (Que la gente es muy abierta y moderna de puertas para afuera, pero luego…).

El primer día que me la instalé, me habló el único que estaba en el pueblo. Bueno, hablar – hablar no habló, porque lo primero que me apareció en el móvil fue una foto de un pedazo de rabo que parecía de un caballo. Ya luego me saludó. Bueno, saludar-saludar, tampoco, que lo que me dijo fue “¿tienes sitio? tengo media hora. ¿Follamos?”. Evidentemente le dije que no. Y no solo porque no pensaba hacer nada en casa de mis padres, sino porque a mí que me entren tan a saco, sin un mínimo ni nada, como que no me va mucho.

Después, ya me empezaron a entrar otros que estaban en localidades de alrededor. La zona es conocida por haber rutas de senderismo y acampada cercanas, con lo que me entraron algunos que estaban de excursión preguntándome también si tenía sitio… Incluso uno me ofreció ir al camping donde se encontraba ya  que “podía escaparse de su familia para  montárselo entre matorrales”. Tal cual. No iba a ir ni de coña y así se lo hice saber, recibiendo un “que te jodan” como respuesta.

Luego ya empezaron a entrarme otros que aunque sí saludaban, pensaban que mandando fotos cuanto más guarras más rápido iba a ir a follar con ellos. Me refiero a fotos de anos bien abiertos, o con sus caras tragando lefa, o incluso uno en plan fist… A mí, si el que no me saluden ni me den un mínimo de conversación ya me deja algo frío, el que me manden, sin pedirlas, fotos tan explícitas ya me corta directamente el rollo. Y no es porque yo me haya vuelto ahora un monje benedictino, es que en estos casos prefiero fotos algo más eróticas que otra cosa. Que se puede enseñar chicha (de hecho en esa app salgo en bolas), pero no de esa forma, digo yo.

Total que cuando ya me estaba empezando a cansar de cotillear por la app me entró uno con una foto principal que cortaba el hipo. Un tío cachas, de mi quinta, moreno, velludete….vamos, de anuncio. Además me entró saludando, con educación, y sin faltas de ortografía ni nada (eso da puntos). Y encima el tío tenía conversación. Estuvimos una media hora hablando y me comentó que estaba de vacaciones (como yo) en casa de su familia en un pueblo cercano al mío, aunque (como yo también) vivía en Valencia. Que no tenía prisa de conocer a nadie, y que aunque buscaba follar (sí, lo reconozco, como yo también), no le importaría algo más. Era muy majo, un tiarrón y estaba hablando conmigo…

Ese primer día estuvimos hablando durante largo rato hasta que, como tenía cosas que hacer, le dije que le tenía que dejar. No pensé que al día siguiente me fuese a entrar de nuevo, diciendo que había estado agusto el día anterior, y que quería saber más de mí. Nos pedimos fotos. Primero normales, y luego ya más calentorras demostrándome que más que bueno, el tío estaba tremendo. Encima eran fotos en la ducha, a medio tapar, que insinuaban más que otra cosa y a mí empezó a darme mucho morbo. Tanto que por poco acaba la cosa en paja (a distancia) pero como que no era ni tiempo ni lugar, la cosa acabó antes de empezar.

Esa noche ya empecé a pensar que la situación me parecía algo rara. En mi mente cuadriculada los tios cachas de gimnasio se suelen relacionar con gente de gimnasio. Los buenorros con buenorros. Los normales con normales. Así que me chocaba que este tio estuviese interesado en alguien como yo, que soy bastante del montón porqué no decirlo. Así que se lo dije, que cómo era posible que alguien tan como él no ligase demasiado (eso me había dicho) ,y que igual yo no era su tipo.

Y ahí empezó el desastre.

El tio empezó a decirme que  él no se enamoraba de un cuerpo, pero sí de una persona. Que eso es muy bonito pero si buscaba, en principio, sexo, no cuadraba demasiado. Fue cuando me dijo que el sexo para él era muy importante, pero siempre que fuese un sexo “limpio”. Empezó entonces, sin venir a cuento, a contarme que lo peor de mantener relaciones sexuales era cuando se manchaban las sábanas…. Que muchas veces había tenido que tirar la ropa de cama porque ni con lejía salía aquello…. Antes de que se viniese arriba comentando detalles, le dije que no hacía falta que me contase más….pero pareció darle igual  y comenzó a relatarme todas las experiencias que había tenido en ese sentido… No voy a comentar aquí la retahíla de detalles asquerosos que me contó que le habían pasado porque no quiero que soltéis la pota pero solo diré que llegó un momento en que dejé de leer. Para intentar acabar el tema a mí se me ocurrió decir que la higiene era importante para todo y fue entonces cuando se vio en la necesidad de contarme cómo se hacía él los lavados internos….Aquí más de lo mismo, comentando con todo lujo de detalles lo que se metía o se dejaba de meter por el culo, ilustrando toda la conversación con fotos de los utensilios que usaba para la limpieza…

Como podeis imaginar aquí es cuando me di cuenta de porqué este maromo decía que no ligaba (ay las cabezas…). Al ver que yo ya no decía nada (yo estaba entre asqueado y alucinado) fue cuando pareció darse cuenta de que igual el tema me había incomodado, y así se lo hice saber. No sólo no le gustó mi reacción sino que encima se enfadó, pues por lo visto pensaba que “conmigo se podía hablar de todo” y que yo “era diferente a los demás” (¿?)…

Aún así me dijo que no se lo tuviese en cuenta, que cuándo quedábamos para follar, que volvía pronto a Valencia y que le apetecía algo rápido. Sin embargo yo, a esas alturas de la conversación, ya había perdido totalmente el interés en él, con el rollo totalmente cortado y pensando que ya no me parecía tan buenorro como al principio…

Y es que aunque hablar de menos pueda estar mal,  hablar de más también puede suponer una gran cagada.

Y en este caso …nunca mejor dicho.

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Cadena de favores

Cadena de favores

Cuando comenté hace poco el tema de mi reciente “asexualidad“, se me olvidó comentar un hecho que fue el que realmente me motivó a escribir sobre eso. Y es que mi amor platónico, mi crush como se dice ahora, me propuso quedar…y le dije que no. De nuevo.

Para poneros un poco en antecedentes, os diré que hace muchos años en un trabajo di con un chaval que me gustaba bastante. En realidad nos conocíamos desde pequeños, pues nuestras familias por aquel entonces tenían cierta amistad, pero con el paso del tiempo perdimos el contacto. Él, algo mayor que yo, fue quien me reconoció nada mas entrar a currar allí y durante ese tiempo nuestra relación no pasó más allá de lo laboral. El tema es que el tío estaba bastante bien. Recuerdo que muchas veces iba a currar con ganas simplemente de coincidir con él, porque me molaba ver como marcaba pectoral y sobre todo ese culete que se gastaba. Evidentemente nunca me atreví a decirle nada y cuando dejé de trabajar allí, el contacto con él también desapareció.

Con el tiempo, limpiando los contactos del Messenger, di con alguien que ya ni recordaba. Hablamos un poco, supusimos que nos habíamos conocido en algún chat gay, y no fue hasta que pusimos la cam cuando nos dimos cuenta de quiénes éramos, y sí, era él.

Ambos nos pusimos al día, yo le dije lo mucho que me gustaba de siempre pero nunca pasó nada más pues yo, para él, era como un “hermano pequeño” tal y como él me recordaba cada vez que hablábamos. Sin embargo, un día le pillé con ganas y me dijo que sin que sirviera de precedente podíamos quedar para pegar un polvo. Pero para mí ya era tarde pues por aquel entones yo había iniciado una relación y le dije que no (por primera vez).

Y volvimos a perder el contacto.

Todo esto ya lo conté en su día, pero lo que son las cosas, lo que pensé que sería un punto y final se convirtió en un punto y seguido.

Hace unos meses, trasteando por Internet, a un chaval se le ocurrió meterme en un grupo de Skype de gays que organizaban quedadas. La idea era buena, pero entre que cada vez estoy  más asocial y mis ganas de conocer gente nueva bajo mínimos, no duré ni dos días. Fue justo cuando iba a salirme del grupo cuando me entró alguien que me pareció simpático. Hablamos un rato y… ¡Voilá! otra vez era él.

Retomamos el tiempo como si no hubiera pasado nada y la amistad siguiera intacta. Yo, entre frase y frase, seguía tirándole la caña a ver si había suerte, pero no la había. Para él seguía siendo como un hermano y de ahí no se podía sacar nada más.

Hasta hace unas semanas, que me propuso, así sin más, venirse a mi casa para dormir en bolas. Y fue cuando le dije que No (por segunda vez).

¿El motivo? Pues tanto mi asexualidad como mis nulas ganas de conocer/estar con nadie más. Y vale que él no me había propuesto nada, pero mi líbido había desaparecido por completo y así se lo hice saber.

Y ése fue el desencadenante para escribir el post sobre asexualidad.

Sin embargo…

Esta vez ninguno de los dos desaparecimos y seguimos hablando por Skype como si nada, aunque sí nos planteamos que a lo tonto, desde que habíamos dejado de trabajar juntos no nos habíamos vuelto a ver, salvo por Internet.

Así que una tarde, charlando, me propuso quedar por la noche después de que él saliese del curro, a tomar algo en un pub cerca de su casa.

Y esta vez le dije que sí.  Y eso a pesar de que esa misma mañana me había hecho un esguince que me había dejado el tobillo hecho un asco. Pero no podía decir que no una vez más.

Y allí que me fui.

Cuando le vi llegar me hizo bastante ilusión ya que aunque nos habíamos visto por Internet mientras hablábamos, no era lo mismo.

A pesar del tiempo que había pasado yo le vi igual de potente que entonces, e incluso en un momento que fue al baño vi que los pantalones por detrás le quedaban igual de bien que por aquel entonces.

La conversación pronto subió de tono, pues él era consciente de lo mucho que me ponía desde siempre. Y eso le hacía gracia.

En una parte de la charla, se acordó incluso  de una propuesta que le hice en su día, de depilarle la espalda pues él me había comentado alguna vez lo difícil que se le hacía a él hacerlo por si solo.

Fue entonces cuando me dijo que eso le seguía costando horrores y que si le podía hacer el favor ya que estaba allí, de subir a su casa y ayudarle con la crema depilatoria.

No me lo tuvo que pedir dos veces.

Subimos a su casa y nos fuimos directamente al baño (pues compartía el piso y no era plan despertar al personal).

Se quitó la camiseta y pude ver entonces el pectoral que tanto morbo me daba cuando trabajábamos juntos. Peludete, sin pasarse, sí que era verdad que por hombros y espalda tenía bastante más. Cogí la crema y la unté por detrás como si le estuviese dando un masaje en el que yo era quien más disfrutaba. Tanto que me animé, diciéndole que le iba a manchar los pantalones y que no era plan… Su respuesta me sorprendió ya que, aunque no dijo nada, se bajó la ropa quedándose como Dios lo trajo al mundo.

Curiosamente en el culete no tenía casi pelo, pero aún así, le comenté que iba a ponerle también crema ya que lo tenía a mi disposicón.  A él todo esto le hacía gracia, se reía, pero nada más.  Estaba claro que a quien le daba morbo era a mí, aunque él… se dejaba hacer.

Una vez bien untado el culo de crema, había que esperar, momento en que se dio la vuelta para charlar conmigo tranquilamente (si no fuera porque él iba totalmente desnudo y yo con un bulto en la entrepierna que ya me hacía hasta daño).

Después, ya pasado el tiempo, fue el momento de quitar la crema para ver el efecto sobre su cuerpo. Y eso ya fue en la ducha. Y para que no me manchase, me propuso meterme también en bolas con él ahí dentro….

Le dije que iba armado y peligroso aunque a él no pareció importarle, más bien al contrario. Y ahí me puse, detrás de él a quitarle la crema, enjabonarle y ponerle crema hidratante mientras iba más tieso que tieso, rozando cada vez que le tocaba contra ese culazo que tantas ganas de conocer tenía.

Finalmente, salimos del baño, me invitó a una cerveza y no fue al ir a levantarme cuando mi esguince me recordó que seguía allí.

Fue cuando él me dijo que “favor con favor se paga” y cuando pensé que la noche iba a acabar de otra forma, fue cuando se ofreció a llevarme a casa en coche para no sobrecargar más mi tobillo dañado…

Cuando llegué a casa, era tal el dolor de huevos que tenía, que podían haberme amputado el pie entero que ni siquiera lo hubiese notado.

Al menos la noche sirvió para darme cuenta de que no estaba tan asexual como pensaba…

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Mambo Italiano

Mambo Italiano

Como he dicho alguna vez no soy demasiado fan de las películas de temática (más que nada porque me parecen todas iguales) aunque de vez en cuando sí que me veo alguna.

Como la mayoría tienden al drama, llega un momento en que me saturan, y muy buena tiene que ser para que me enganche. No me pasa lo mismo si el género es distinto, por eso me gustó tanto Hellbent, puesto que sin dejar de lado el mundo gay, la película de metía de lleno en el terror, creando un slasher de manual.

Lo mismo me pasó con una de las primeras películas de temática que vi en mi vida, puesto que contaba situaciones por las que muchos hemos pasado, pero desde la óptica de la comedia.  El otro día, organizando un poco mi videoteca, di con ella y volví a verla para recordar viejos tiempos. Y me descojoné como el primer día.

La película se llama “Mambo italiano”, canadiense, del año 2003, y es una sátira bastante lograda sobre la vida de un chaval gay de familia tradicional italiana, inmigrantes en la América del Norte.

La película comienza cuando el protagonista, Ángelo, llama a una línea de ayuda gay para desahogarse por el lío mental que lleva en su cabeza provocado por los últimos acontecimientos.

A partir de ahí la película empieza a contar desde el principio cómo el protagonista ha llegado a esa situación.

Con una familia inmigrante italiana que se trasladó a Canadá sin perder ninguna de sus costumbres y en la que un hijo no puede independizarse sin darle un disgusto de muerte a su Mamma, el hecho de ser gay no le resulta demasiado fácil. Hasta que conoce a un amigo de su infancia, que resulta ser también gay como él…y policía.

(Bueno, para el argumento, que Nino sea o no policía da un poco igual, pero si me conocéis ya sabéis la fijación que tengo con los uniformes, no? Pues eso).

La película es una mezcla entre el costumbrismo italiano, y la comedia disparatada, con situaciones muy divertidas y que hacen ver los dramas por los que pasa el protagonista dese otra perspectiva (mucho más ligera que la mayoría de películas de este tipo).

Momentos a destacar son por ejemplo, la incómoda y rocambolesca reunión en casa de los padres de Ángelo (con sorpresa incluida), la presentación del protagonista en la línea de ayuda gay (y sus primeras llamadas), el surrealista momento de la aceptación (o no) de la invitación por parte de los padres de Ángelo o la confesión sin venir a cuento del cura, ya en los minutos finales de la película.

Destacar también el personaje de Anna,  la divertida hermana del protagonista y sus numerosas visitas a psiquiatras para tratar sus problemas y  el papel del padre de Ángelo, en este caso Paul Sorvino, que es el único que conocía del reparto.

Como curiosidad, deciros que la película está basada en la vida del guionista, Steve Gallucio, quien primero hizo una obra de teatro, y ya luego lo convirtió en película.

Recuerdo que cuando la vi, al margen de echarme unas risas, me gustó que el protagonista fuera una persona normal, que no encajaba en los estereotipos gay.

Un personaje al que no le gustan los bares ni el ambiente, justo en un momento de mi vida en la que yo ya empezaba a darme cuenta de que tampoco yo encajaba demasiado en este mundo…

Esta vez no os dejo el tráiler. Os dejo la película completa, porque la tenéis que ver sí o sí (que es muy buena).

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Nymphomaniac

Nymphomaniac

“Pues este finde tampoco he follado”.

Esta frase es la que le suelo escribir a un amigo los domingos por la noche, medio en broma medio en serio, para despedir la semana.

La llevo escribiendo tantos meses que creo que perdí la cuenta de cuándo empecé a usarla.

Por eso me sorprendí un poco cuando mi colega me preguntó “¿pero tú realmente buscas algo?”,  más que nada porque no supe bien qué contestar.

En esta etapa de sequía amoroso/sexual en la que me encuentro, entre elegida y forzada por las circunstancias, no he caído hasta ahora en que habiendo borrado las apps, no saliendo por el ambiente, no entrando a mi chat de cabecera,  y no teniendo demasiados amigos gays, va a ser difícil salir de ese círculo vicioso.

Pero…¿de verdad quiero salir?

A lo largo de toda mi vida yo siempre me he movido muchas veces por impulsos, y el impulso, digamos, sexual, también ha movido durante bastante tiempo mi existencia.

Pero ¿y  si lo he perdido?

¿Y si de no “usarlo” se ha desgastado también?

Porque no es sólo que lleve tiempo sin tener relaciones sexuales con nadie, es que ni siquiera las tengo ya conmigo mismo…

Vamos, que ni a la zambomba le doy ya.

¿Estaré enfermo? ¿apático? ¿abuelete ya?

Menos mal que tenemos Internet para dar un poco de luz a este túnel en el que estoy metido. Y es que,  en esta época en la que a todo se le pone su etiqueta y un porqué, lo mío también tiene  un nombre, y es el de la “asexualidad“.

Definida como la falta de apetito sexual o líbido resulta que si hace un tiempo podía encuadrarse como una enfermedad o algo a tratar (provocado generalmente por alguna mala experiencia en el pasado), ahora parece que puede interpretarse como una nueva corriente dentro del complicado mundo de la sexualidad.

En algunas webs, incluso, llegan a hablar de que es una opción más, “como quien es adicto al sexo” cuando por su propia definición (adicción) muy libre no puede ser esa otra opción

Indagando un poco sobre esto, hay estudios que manifiestan que entre el 1 y el 3 por ciento de la población (al menos del Reino Unido) podría ser asexual.

Que digo yo que mucha gente tampoco es, pero la suficiente para que existan ya asociaciones, banderas,  logos y todo lo que se os ocurra.

Aunque bueno, esto es como todo, y si realmente te sientes así, pero poco, entonces no serías asexual, sino grisexual (que será porque ni es blanco ni es negro, de ahí el nombre).

Pero ¿qué pasa si no tienes ganas de folleteo pero sí de enamorarte? Pues tranquilo, que para ti también hay etiqueta, porque en ese caso, serías “asexual-romántico” y asunto arreglado.

Ah y no olvidaros de que si sólo sientes atracción sexual con las personas de las que te has enamorado previamente, eres demisexual, claro.

Incluso si sólo te pones palote con las alcachofas, los arbustos y cosas así, tú tranquilo, que lo tuyo se llama ecosexualismo y aquí paz y después gloria…

Así hasta el infinito y más allá. Y podéis llamarme carca y lo que queráis, pero pienso que esto de ponerle nombre a todo, hace mucho que se nos fue de las manos…

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El piano

El piano

Anoche se celebró la final del festival de Eurovisión y otra vez lo de siempre: España mal, que acabó en el puesto 22.

A mí con la canción de España para el festival siempre me pasa lo mismo, mandemos lo que mandemos. Cuando la eligen pienso que, aunque me guste, no creo que vaya a hacer ningún buen papel en el concurso. Pero a medida que pasan los días y se acerca el festival empiezo a pensar que oye, que igual este año sí, que al menos quedar en la primera parte de la tabla… Luego empiezan las actuaciones, veo lo que hay y aún pienso “uy, que este año damos la campanada”. Encima los comentaristas empiezan con lo de que está muy bien posicionada, que el público está entregado, que patatín patatán. Total, que cuando llega el momento de votaciones mi hype ya es estratosférico, hasta que llega Portugal, veo que no nos da ni un solo punto y ya me hundo en la miseria…hasta el año siguiente.

Pero bueno, al margen de esto, que no por ser lo de todos los años duele menos, yo me lo pasé pipa viendo el festival.

En mi caso, como encima nos reunimos varios amigos para cenar y divertirnos comentando las actuaciones, pues todavía más.

Este año, sí que es verdad (o eso me pareció a mí) que había mucha balada. Bueno, había baladas o canciones reivindicativas, y al final se me hizo un poco pesado (porque no me gustan ese tipo de canciones que yo llamo estilo “Barbra Streisand”).

A mí me suelen gustar canciones más movidas y por eso era fan de las de Suiza, Malta, Noruega, Chipre o Grecia.  Pero como favoritas tenía principalmente a cuatro, combinando lentas y moviditas.

La de Francia, por ejemplo, me gustaba mucho…pero el directo no. A pesar de la imagen del cantante (era como la Pelopony), al chico le faltaba voz y le costaba bastante llegar a las notas altas, así que la descarté nada más verlo cantar.

Otra era la de Azerbaijan. Esta era una de mis top desde la primera vez que la oí y vi el video. El tío estaba bastante bien (luego me enteré de que era un aficionado al flamenco español) y la música era pegadiza. Sin embargo, su actuación no me pareció demasiado destacable. Así que muy a pesar, también la descarté.

La de Italia, me encantó también desde la primera vez que la oí. La presencia del cantante, Mahmood, también. El mensaje lo mismo, y cómo la defendió en el escenario también muy bien. Favorita total, vamos.

Y la de Holanda, que ya la había oído, me gustó mucho, pero nada más. Sin embargo, en la actuación de la segunda semifinal ya me encantó, más que nada porque a pesar de hacerlo solo al piano, sin una escenografía demasiado currada, la canción llegaba. Y eso que como he dicho antes las canciones lentas no me suelen gustar, pero esta sí.

Al final como ya sabéis fue esta última la que ganó, de lo que me alegré bastante.  También más que nada porque estuvo apunto de ganar una canción cantada por una señora de Macedonia (del norte) en la que para dar más pena o algo así colgaba fotos familiares de fondo, cosa que no acabé de entender muy bien. Si llega a ganar esa señora , me borro del festival para los restos.

Aparte de las canciones en concurso del festival lo que me gustó mucho fueron las actuaciones invitadas, durante el momento previo a las votaciones de los países.

Destacar el momentazo de Madonna, aunque no sé si para bien o para mal. A pesar de estar megarecauchutada, la verdad es que la mujer está hecha un asco. Encima se puso a cantar Like a prayer y madre mía, desafinaba y mucho. Por suerte le pusieron en la segunda canción el autotune y ya mejoró bastante, claro.  Por cierto que me gustó mucho esa canción, Future, de su nuevo disco.

Y otro momentazo fue el llamado switch song en el que Conchita Wurst cantó la canción ganadora de Mans Zelmerlow (Heroes), éste la de Eleni Foureira (Fuego), ésta la de ¡Verka Serduchka! (Dancing Lasha Tumbai) -de lo mejor de la noche- y Verka la de Netta del año pasado (Toy). De verdad que para mí fue la mejor actuación de todo el festival.

Para rematar, destacar la labor como presentadora de la modelo Bar Rafaeli y Gal Gadot (Wonder Woman) que aunque no pudo presentar también el festival (por motivos de agenda) si salió en un video promocional de turismo de Israel.

Pues lo dicho, a pesar del resultado de España, yo me lo pasé muy bien, y sigo pensando que a ver cuando EEUU se une también al concurso y pasamos ya de festival europeo de la canción a festival mundial, puesto que no habría mejor ocasión que ésta para unir al mundo a través de la música.

Os dejo el vídeo de la canción ganadora de Holanda, en la que por cierto al cantante se le ve el culete.

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