Fin

Fin

Hoy hace dos meses desde que publiqué el post de Siete años en el Tibet dedicado a M., mi pareja, el día de su cumpleaños.

Dos meses desde que hice el ridículo mayor del siglo al abrir completamente mi corazón en el post más personal escrito por mí hasta la fecha.

Ya en el comentario que M. dedicó a mi post tenía que haber sospechado algo:

“Cuando descubrí el blog de Pablo y leí sus historias me pregunté: habrá abierto un blog porque echa de menos su vida anterior de aventuras y folleteo? :-)) Pero, aunque a nadie le amarga un dulce, cuando estás a gusto con tu pareja te das cuenta de todo lo que puedes llegar a sentir, a gozar aun con las cosas más simples y cotidianas, las aventuras que vives y todas las que puedes vivir si has tenido la suerte de amar y ser correspondido. Seguramente no habrá nada que lo supere. M.”

Un comentario muy bonito, sí, pero a su vez muy frío. Demasiado frío para lo que yo había escrito en ese post (o igual soy yo, que ahora lo veo con otros ojos).

“Timidez”- pensé -. “Vergüenza” – me dijo él -.

Pero no, esa frialdad estaba ahí, a la vista de todos, y no supe darme cuenta a tiempo.

A principios de esta semana, M. cortó conmigo.

Podría adornarlo ahora mismo. Decir “M. y yo lo hemos dejado” o “nos hemos dado un tiempo”, pero eso sería engañarme a mí mismo y engañaros a vosotros.

M. me ha dejado. Así, tal cual.

¿El motivo?

“Hace tiempo que dejé de quererte”.

Cuando alguien a quien sigues queriendo (porque mi problema ahora mismo es que le sigo queriendo) te suelta algo así, sin paños calientes, en frío, duele. Duele mucho. Sobre todo si, como me pasa a mí, es algo que no te esperas. Porque por muchos problemas y altibajos por los que últimamente había pasado nuestra relación, era algo que, ahora mismo, no me esperaba.

Es curioso que hace pocos días quedé con mi amigo Quique, del que os he hablado por aquí más de una vez, y me dijo algo que me sorprendió por lo inesperado. Me comentó que lo que yo sentía por M. realmente no era amor sino dependencia y que incluso él consideraba que M. no estaba enamorado de mí, sino que simplemente se dejaba querer y poco más.

A mí, ese comentario, si os soy sincero, me molestó un poco, y pensé que quién era él para hacerme un comentario así.

Igual simplemente era un amigo que lo único que quería era abrirle los ojos a alguien que se empeñaba en mantenerlos cerrados.

El año pasado M. ya me dijo algo similar a lo de que ya no me quería. Y lo dejamos. Pero sólo por unos días, los suficientes para que él, arrepentido, me dijese que no pensaba en serio lo que me había dicho, y que había sido fruto de una bronca que habíamos tenido los dos.

Y yo le creí. Y volvimos.

Igual lo único que quise entonces fue creerle y hacer como si aquél comentario nunca hubiese existido.

Igual ya entonces era dependencia.

Tal vez por eso ahora estoy tan mal.

“Hace tiempo que dejé de quererte”

Desde que me lo dijo, creo que no soy persona, o al menos, no soy la persona que era hasta hace una semana.

Me despierto porque hay que despertar; trabajo porque hay que trabajar y me alimento porque hay que alimentarse.

Dormir también debería hacerlo, pero de momento, no puedo.

Saber que más de siete años se han ido al traste con esa frase hace mucho daño. Más que por lo pasado, por el futuro que yo pensaba junto a él, pero que sé que ya no existirá.

Ver como todos tus sueños, esperanzas y proyectos desaparecen, hechos pedazos, te hacen plantearte el sentido de la vida, si es que la ha tenido alguna vez.

Ahora si miro hacia el futuro sólo veo desesperanza, frustración y miedo. Miedo a la soledad. Un miedo que hacía tiempo que no sentía.

Si habéis seguido mi blog desde el principio, os habréis dado cuenta de cómo había ansiado siempre tener pareja (más allá de los polvos esporádicos). O mejor dicho, cómo ansiaba una pareja como la que hasta ahora formaba con M.

Vale que nos diferenciaban muchas cosas, pero siempre pensé que en el fondo eso era lo especial de nuestra relación.

“Hace tiempo que dejé de quererte”

Está claro que me equivocaba.

Ahora ya da igual. Realmente es que todo me da igual.

Si hasta ahora venía contando como hilo conductor del blog lo que era mi vida, tener que hablaros ahora de estos últimos años vividos junto a él (tenía muchas anécdotas que quería contar), me provocaría un sufrimiento innecesario, con lo que no creo que sea capaz de continuar.

Y sinceramente, y disculpadme que sea tan honesto, esto es lo que menos me preocupa ahora mismo.

Si el año pasado fue de los más extraños de mi vida por muchas circunstancias (fue como vivir en una montaña rusa constante), no parece que 2017 haya empezado demasiado bien.

Veremos cómo sigue.

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Las chicas del calendario

Las chicas del calendario

Siempre que de pequeño iba con mi padre al taller mecánico del barrio, me sorprendía de la cantidad de calendarios de tías en bolas que habían colgando de las paredes.

Y encima no se podía decir que fuesen demasiado discretos, porque algunos, incluso, rozaban lo pornográfico, aunque estaban ahí, a la vista de todos.

En la actualidad esto no se ve tanto, o esa impresión tengo yo.

Gracias al respeto a la mujer, actualmente los tíos se cortan más en colgar algo así en un establecimiento público. Por educación y por cultura.

A la par que estos calendarios de tías han perdido alcance visual, los calendarios de tíos han ido en auge.

No se cuelgan en talleres ni nada (más que nada porque supongo que hay pocos gays o mujeres currando como mecánicos), pero cada año salen más y más calendarios de hombres ligeritos de ropa.

El primero de este tipo y que más éxito tiene en la actualidad, es el de Dieux du Stade.

Este calendario lleva ya más de 15 años obsequiandonos a todos con imágenes con una fuerte carga homoerótica gracias sobre todo a la cantidad de machorros que se han desnudado en sus páginas. Fue en 2001 cuando al presidente del club de rugby parisino Stad Français Paris, el señor Max Guazzini, se le ocurrió la genial idea de atraer el interés del público proponiendo a sus jugadores que enseñasen carne. Y vaya si la enseñaron.

Desde entonces los calendarios se han vendido por millones y han ido incluyendo a deportistas de otras categorías como natación, fútbol o ciclismo.

Mención aparte es el making of que suelen hacer de la grabación, donde se ve a todos los chulazos en movimiento, por si en versión estática os ha sabido a poco.

A rebufo de este éxito, y en versión castiza, tenemos el calendario de Madrid Titanes.

Este equipo de rugby español tiene el honor de ser el primer equipo de jugadores gay de España. Formado en 2012, desde el 2014 ya compite en partidos oficiales y lleva también unos años publicando su propio calendario.

Por cierto que sin salir de deporte, otro calendario también conocido es el de Gods of Sport.

Bueno, calendario o libro, porque es algo que no me ha quedado claro. Similar en concepto a lo que es ahora Dieux du Stade, solo he encontrado referencias en 2010 y en 2014 y aunque en algunas páginas hablan de éste como uno de los calendarios de tíos más famosos, desconozco si aún se sigue editando como tal.

Dejando el mundo de los deportes, y pasando al del frikismo, uno de los más originales me ha resultado el de pelirrojos (Red Hot) porque por lo menos de sale de lo que es habitual.

A los que, como a mí, les de cierto morbo el mundo rojizo, sabrán disfrutar de las fotos de estos tíos y así averiguar si todo el pelo de su cuerpo tiene el mismo color.

(Por cierto, que aparte de calendario, también editan libros con el mismo contenido)

Y por último, os hablo del más bizarro de todos con diferencia, que es el calendario ortodoxo de curas 2017.

Estos calendarios surgieron en 2012 por el colectivo rumano Orthodox priest, como un medio para condenar la homofobia imperante en la iglesia ortodoxa y por extensión, en las sociedades de Europa del este.

Si bien en algunas páginas dan credibilidad a que son curas reales los que se prestan a posar en las fotos (en actitudes desde el sadomasoquismo hasta prácticas sexuales bastante explícitas) la verdad es que son modelos los que vestidos con hábitos, aparecen en sus páginas.

Con independencia de si para reclamar algo sea necesario provocar de esta manera, hay que decir que tanto las fotos como los vídeos que presentan son, por menos habituales, bastante morbosos con lo que lo dejo por aquí para que pegueis un vistazo.

Por último añadir que así como otros años por Navidades, estaban por las calles los bomberos poniendo a la venta sus calendarios benéficos, no sé que ha pasado este año en Valencia que no he visto a ninguno, y mira que alegraban la vista.

Espero que en otras ciudades sí hayáis tenido esa suerte y que el año que viene, por aquí, se animen de nuevo.

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La cena de los idiotas

La cena de los idiotas

Sabía que tenía que hablar con mi pareja, pero no encontraba el modo.

Por ser demasiado cotilla, me había enterado (y de una forma muy visual) de que igual estábamos los dos intentando iniciar algo sobre unas cenizas (todavía humeantes) de una relación anterior.

Mi cabeza entre unas cosas y otras era un hervidero, así que cuanto antes hablase y aclarase mis dudas, mucho mejor sería para los dos.

Le devolví la tarrina de DVD’s que había cogido de su casa con la esperanza de que fuese él mismo quien se diese cuenta de que en su interior estaba el disco XXX, por lo que lo coloqué a la vista, encima de todos los demás.

Nada más verlo, su rostro cambió de semblante. Fue cuando se dió cuenta de que me había llevado justamente ESA tarrina de peliculas, y que igual yo podría haber tenido cierta curiosidad…

En un principio le comenté que había visto el DVD y que me extrañó que tuviese una contraseña. “Cosas personales”, me dijo.

Seguí preguntándole sobre si era algo de su trabajo, tipo archivos confidenciales o algo así, y me comentó (oh, casualidad) que era justamente eso, temas de contabilidad y nóminas de sus trabajadores.

“¿Y a eso le pones XXX?”, le pregunté yo, ya algo mosqueado porque no soporto que me tomen el pelo en mi propia cara (y si es tu pareja quien lo hace todavía peor)

Cuando aún me respondió “Cada uno le pone el nombre que quiere”, ya no pude soportar más. Le dije que lo había visto todo. Que había visto sus fotos y sus vídeos sexuales. Que su pareja estaba bastante bien desnudo. Y que por las fechas, al parecer, no hacía tanto de todo aquello.

Su primera reacción fue de enfado. Cuando, yo, ya venido arriba incluso le dije cómo había conseguido hackear ese archivo, su siguiente reacción fue ya de un cabreo descomunal. Su enfado no era sólo por haber sacado a la luz algo muy personal suyo, sino también por cómo lo había hecho (y reconozco que llevaba razón).

Fue una tarde de bastantes reproches, malas caras y medias verdades. Sólo conseguí que me asegurara que no había compaginado ambas relaciones y que no quería hablar conmigo de nada de su vida anterior. Que yo no tenía porqué pedirle explicaciones de ningún tipo por algo que había averiguado saltándome toda la confianza que él podía tener en mí.

Dicho de otro modo que el fin no justificaba los medios que yo había empleado.

Toda esta conversación pasó horas antes de una cena en la que yo iba a conocer a sus amigos, con lo que el camino de su casa hasta la casa de un colega suyo donde íbamos a cenar fue lo más parecido a un velatorio.

Ir sin ganas a una cena es lo peor que puedes hacer, porque ya vas como predispuesto a que salga mal, pero si además, el anfitrión nada más conocerte te dice, sin venir a cuento, “Qué haces, puta?” ya no sabes dónde meterte.

Y es que el anfitrión resultó ser el típico gracioso, sin gracia. El que se cree el alma de la fiesta gracias a que un grupo de palmeros le ríen todas y cada una de sus giipolleces. A mí, con ese saludo inicial, digamos que ya me “ganó” para el resto de la noche…

Si ya esa presentación me pareció de traca, cuando fue llegando la gente, a mí me dieron ganas de salir corriendo. Y es que cada uno que me presentaba, no se quedaba contento sin hacer una comparación con el ex de mi pareja. Por lo visto todos lo conocían a él bastante, y en lugar de apoyar a mi novio, se ve que encima aún habían tomado parte por su ex.

Cuando una pareja se rompe, yo entiendo que mantener los amigos comunes pueda ser complicado. Quien más, quien menos, e independientemente de a quien conoces primero, puede tener más feeling con uno o con otro, con lo que es complicado mantener una amistad con las dos partes, cuando ya no son pareja. Hasta ahí lo puedo entender, pero que eso lo manifiesten con la cara o con gestos, por ahí ya no.

Y es que no hubo ninguno que no dijese algo: Que si el otro era más simpático, que si el otro era más alto, que si tenía un trabajo mas interesante, que si tal que si cual. Algunas cosas tuvieron la deferencia de no decirlas delante de mí (por suerte lo que escuché de que el otro era más guapo, no lo dijeron en mi cara), pero el resto de frases sí, y sin cortarse además.

La cena, encima fue con los típicos comentarios de cuartos oscuros, con su mariliendre de manual allí presente y todos los tópicos habituales, que a mí me suelen “encantar” en este tipo de reuniones (como ya sabéis si me seguís en el blog).

Yo con M. encima, estando medio cabreado, no hablé demasiado en toda la noche, y me tocó a mi lado otro chaval, de esos que ya se te atragantan nada más conocerlos. Este chico, para ya rematar la velada, se pasó toda la noche hablándome en femenino, a pesar de decirle más de una vez que no me molaba nada de eso. A él parecía que sí, y como los demás aun le reían la ocurrencia así estuvo hasta que a la hora de los postres, ya conseguí cambiar de sitio y ponerme en la otra punta.

“Qué antipático”, fue lo último que, encima, aún tuve que escucharle (al menos eso sí lo dijo en masculino).

Creo que fue de las noches más incómodas que he pasado nunca, y cuando ya M. se dio cuenta de lo mal que lo estaba pasando, con un gesto me hizo ver que ya nos íbamos a largar de allí.

Mi cara al salir de la casa era un poema. Si ya la tarde había sido mala por el cabreo de ambos, la noche todavía había salido peor. Y encima él, por ir a su bola, no se había enterado ni de la mitad de lo que había pasado.

Me fui tan cabreado de ahí por todo, que pagué con él todos los platos rotos. Le dije que igual lo mejor era no seguir en esa relación, que de verdad no sabía si estaba preparado en esos momentos para estar con alguien.Y que si el problema era yo, que no quería amargarle la vida a nadie. Y me fui.

No fue hasta dos días después cuando volvió a llamarme. Sólo quería hablar conmigo.

Quedamos a tomar un café y fue cuando me explicó que los amigos de la cena, eran más amigos de su novio que suyos. Que por eso me habían tratado de esa forma. Que fue su ex quien de un día para otro había decidido acabar con la relación, pero tanto él como M. habían dicho que fue algo de los dos, cuando no había sido así.

Que los primeros días, no me podía negar que seguía enamorado de su ex ya que varios años de relación no se pueden acabar de un plumazo. Que la noche que quedamos, sólo buscaba un polvo, algo de vidilla sexual que le hiciese olvidar su ruptura, pero que al conocerme había visto en mí algo más. Que no tenía previsto enamorarse de nuevo tan pronto, pero que es lo que le estaba pasando y que, ni una visita al psicólogo le hubiese podido ayudar tanto como yo lo estaba haciendo en esos momentos.

Aún así, si yo no quería seguir con él por lo que fuese, que lo entendía, pero que no cortase por desconfianza, o por compararme con otros, y menos por una cena o por amigos idiotas que todos tenemos.

Yo solo pude decir que sentía haber sido tan cotilla. Que tenía razón en enfadarse por haberle descubierto intimidades, y más de esa forma. Y que con amigos con los que él tenía era casi mejor no tener enemigos.

Eso sí, sólo le pedí una cosa, que lo pasado, pasado estaba. Y que a partir de entonces empezábamos de cero, sin mentiras, y sin muertos en el armario.

Y añadí algo más. Y es que viendo el morbo que me había dado verlo en acción, yo también quería protagonizar vídeos como aquellos, por lo que esa misma noche nos pusimos a la obra.

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(Y que tengáis un feliz 2017)

El Código Da Vinci

El Código Da Vinci

Aunque mi pareja y yo, desde el inicio, supimos que éramos bastante distintos, siempre habían cosas en las que coincidíamos bastante. Así, el hecho de viajar, ir de tapas, el gusto por el mar, o el cine, eran puntos en común que nos unieron desde un principio.

Y también el porno.

Como ya sabéis, a mí es un tipo de cine que me gusta bastante. Y no sólo para pajearse, sino como género en sí mismo. Pues a M. le pasaba prácticamente igual. Por eso no me sorprendió demasiado cuando un día me enseñó en un armario una cantidad enorme de CD’s y DVD’s con cientos de películas almacenadas.

Le pedí enseguida unas cuantas tarrinas de pelis para pegarles un vistazo y ahí me encontré de todo. Desde las primeras de la época precondom, de los años 70 o así, hasta ya las últimas grabadas en plan gonzo que daban mucho mas realismo a los polvazos.

Recuerdo que así estuve una tarde entretenido en mi casa hasta que dí con un DVD en el que sólo ponía XXX.

Así como en las otras ponía el nombre de la productora o bien los títulos de la película, en esa únicamente ponía ese símbolo, que bien podía servir para un porno sin más o para la película de acción del mismo título.

Puse el disco en el ordenador y ante mí salió un documento que tal y como ponía en la pantalla venía protegido con una contraseña de siete dígitos.

Enseguida pensé en quitar el disco y no prestarle demasiada atención. Si estaba protegido, y oculto entre el porno, era porque contendría algo íntimo de mi pareja que yo no tenía ningún derecho a averiguar. Al fin y al cabo, todos tenemos secretos, ¿no?

Sin embargo ese pensamiento duró poco.

A los cinco minutos ya estaba yo buscando en tutoriales por todo Internet alguna forma de saltarse una contraseña en un documento encriptado. De ahí pasé a descargarme aplicaciones que prometían saltarse las protecciones si es que no estaban demasiado curradas. Diez minutos después ya estaba yo pasando de un programa a a otro intentando que alguno me funcionase, y con una ansiedad que ya empezaba a desbordarse.

Y al final sonó la flauta.

Con un programa conseguí que aleatoriamente fuese probando letras y números hasta que el documento reconociese alguno. De esa forma conseguí la primera y la última letra, con lo que el programa supuso que no habían números en la contraseña (generalmente la gente pone dígitos al final o al principio, pero pocas veces en medio).

Una vez ya quedaban descartados los números, el programa echaba mano de diccionario para probar palabras de todo tipo. Y después de estar varias horas intentando, al final…se abrió el documento.

He de reconocer que en ese instante (sólo en ese) me sentí un poco mal conmigo mismo por haberme convertido en un hacker para espiar a mi propio novio (con todo lo que eso conlleva, lo sé). Pero se me había metido en la cabeza que quería averiguar lo que había escondido y no pude parar hasta conseguirlo.

En el DVD había sólo un par de carpetas.

En la primera había fotos de M. y otro chico.

Eran fotos de viajes, de cenas en grupo, de paisajes… Todo muy normal. Sabía que M. había tenido una pareja durante bastante tiempo así que supuse que era el chico con el que aparecía en la mayoría de fotos. Un chico muy guapo, por cierto.

Cerré esa carpeta y abrí la otra.

En esa también salían juntos M. y el chaval. Pero ya sin ropa.

Eran fotos eróticas, o más bien tirando a porno, en las que salían los dos, desnudos, y follando. Los lugares eran conocidos, puesto que era la propia cama de su casa, o el comedor, sobre el sofá donde justamente M. y yo habíamos follado la tarde anterior.

En un principio, al ver todas esas fotos, me chocó bastante porque se me hizo raro ver a mi novio, en esas circunstancias con otra persona que no era yo. Además, al estar en sitios comunes para mí, la situación se me hacía más chocante todavía.

Todo subió de grado cuando vi que también había vídeos. Si en fotos resultaba fuerte ver todo aquello, los vídeos, con sus gemidos y demás eran ya rollo pornográficos.

Y reconozco que me empalmé. Me excitó mucho ver a mi novio penetrando a otro. O como se lo hacían a él. O la comida de culo que le hacía al chaval que estaba que se derretía con los lametones. En ese momento creo que entendí el mundo de los cornudos-consentidos, y las parejas abiertas que disfrutan viendo a sus parejas follando con otras personas.

En mi mente se agolpaban sentimientos encontrados, pero mi polla indicaba que le gustaba ver todo aquello, así que acabé haciendo lo que suelo hacer cuando veo una porno: masturbarme.

Una vez acabé, dispuesto ya a quitar el DVD, algo arrepentido por lo que había hecho, fue cuando me di cuenta de un detalle al que hasta ese momento no había prestado atención y es que tanto las fotos como los vídeos venían con su fecha. Algunas eran antiguas, pero otras, bastante recientes. Muy recientes. Demasiado recientes diría yo.

Las últimas fotos y vídeos eran del mismo mes en el que había conocido a M.

No se solapaban en el tiempo, pero casi. Si yo lo había conocido a finales de mes, allí había fotos de dos semanas antes.

Yo sabía que él había tenido una relación de años, y que lo habían dejado. Pero según él lo habían dejado “hacía unos meses” y las fechas por tanto no me cuadraban…con lo que decenas de preguntas se empezaron a agolpar en mi interior:

¿Y si realmente aún no se había roto la anterior relación cuando empezó conmigo? ¿Puede iniciarse una nueva relación pasado solo unos días entre una persona y otra? ¿Estaba conmigo por tapar un vacío anterior?

Y sobre todo…¿Cómo podía preguntarle todas estas cosas sin mencionarle cómo lo había averiguado?

No tardaría mucho tiempo en hablar con él.

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(¡¡Y felices fiestas a todos, que ya es Navidad!!)

Ángeles y demonios

Ángeles y demonios

La primera vez que me fijé en los mormones como objeto de deseo fue de adolescente, a través de un libro de memorias de la actriz Susana Estrada.

Si no sabéis quién era esta señora (cosa lógica por otra parte), diré que fue una musa erótica de los años 70, todo un icono sexual durante la transición española.

Esta buena mujer escribió en su época un libro bastante explícito (en los años del destape fue un auténtico escándalo) donde detallaba con todo lujo de detalles sus encuentros sexuales a lo largo de los años.

Ese libro, por casualidad, cayó en mis manos cuando aún era bastante crío y digamos que me dejó marcado. En uno de sus capítulos, y el que más recuerdo por otro lado, la actriz hablaba de una vez que entraron en su casa unos mormones para explicarle las bondades de esta religión. La mujer, por lo visto, solía ir desnuda en casa, así que sólo se puso una bata para abrir la puerta.

De los dos, uno se sentó más alejado , y el otro, que llevaba la voz cantante, se sentó a su lado. Susana, calentorra como ella sola, al ver la cara de niño bueno, contaba que comenzó un juego de enseñar sn querer, hasta que se dejó un pecho fuera y parte del sexo al aire (de hecho, el libro autobiográfico se titulaba “Húmedo Sexo”). Al final creo recordar que no llegaba a follar ni nada, pero sí que conseguía dejar al chaval con un calentón del quince, totalmente erecto, provocando que tuviese que irse antes de hora junto a su compañero. Luego creo recordar que ella comentaba que del calentón que tenía, tuvo que aplacar su calor corporal bajo el agua de la ducha, dirigiendo el chorro a su entrepierna…

Si no era así, era algo parecido (ya os digo que hablo de memoria) y me dejó tan buenos recuerdos que más de una paja cayó con ese capítulo en concreto.

Lo curioso de todo es que yo, por aquella época, ni siquiera sabía muy bien quiénes eran los mormones, y no fue hasta unos años después cuando me crucé con una pareja por la calle.

Por si no lo sabéis, los mormones, o, como se denomina en realidad , el “Movimiento de los Santos de los Últimos Días” es una comunidad formada por un grupo de iglesias cristianas escindidas a partir de la llamada Iglesia de Cristo, y fundada por el estadounidense Joseph Smith en 1830. Por las ciudades son fácilmente reconocibles, al ser generalmente dos chicos jovencitos (y rubios), vestidos con pantalón negro y camisa blanca, los que intentarán captarte para su causa.

Os podéis imaginar cuando me abordaron la primera vez, el morbo que me dieron (yo aún era virgen, por cierto) y al recordar todo lo del libro y verlos en persona, tan guapos ellos, mi imaginación hizo de las suyas.

Volvieron a pasar otros años cuando di por casualidad, ya metidos de lleno en mi época pajillera – pornográfica compulsiva, con un vídeo llamado “A holy visit” del actor porno y productor Lucio Saints. Pues bien, aquí el macizorro de Lucio va un poco más allá de lo arriba contado, y  tras recibir en albornoz a dos jóvenes mormones, acaba follandose a uno en el sofá a la vista del otro, que se se hace una paja viendo el espectáculo.

La escena además juega con el hecho que el activo es un maromo moreno y grandullón, mientras el pasivo es rubiete y delgadito, con lo que el morbazo de verlos juntos es bastante tremendo.

Con todos estos antecedentes, os podéis imaginar entonces la alegría que me dio descubrir hace poco que un estudio haya decidido ambientar sus vídeos porno alrededor de todo ese mundillo.

En concreto la compañía se llama MormonBoyz (con Z, sí) y aunque es bastante novata les auguro un gran futuro. Y es que como supongo que saben que hay mucha gente a la que le da morbo todas esas situaciones, se han dedicado a hacer infinidad de vídeos sobre todas las supuestas fases pues las que pasa un acólito hasta formar parte de su comunidad.

Así, hay vídeos desde simples mamadas a los no iniciados, hasta auténticas orgías en las que participan los líderes supremos, pasando por folladas de los más jóvenes en sus habitaciones o escenas solitarias con consoladores.

Si encima, como a mí, os gusta también un poco el rollete intergeneracional disfrutaréis mucho, pero sino, no pasa nada porque ya digo que hay para todos los gustos.

Por lo demás, que sepáis que son vídeos cortos, de no más de media hora, pero para lo que son y para lo que sirven, no creo que importe demasiado…verdad?

Espero que los disfruteis. Os dejo el enlace aquí.

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El condón asesino

El condón asesino

Una de las primeras cosas que M. y yo hicimos en plan pareja fue ir a hacernos juntos las pruebas del VIH. No es nada romántico, lo sé, pero el motivo estaba claro: si yo no estaba seguro ni de mí mismo, cómo iba a fiarme de otro?

Meses antes, en una de esas etapas mías calenturientas, había contactado con un tío con el que, aunque había hablado alguna vez por Internet, no tenía el gusto de conocer en persona.

El plan era folleteo y poco más, y con esa intención tan clara me invitó una noche a su casa.

Aunque igual ha dado otra impresión por aquí, la mayoría de las veces que quedaba en plan “noche loca” no pasaba de los morreos y las pajas. Sólo los días de mucho calentón era cuando, realmente, acababa follando.

Esa noche fue una de ésas y como el tío físicamente me molaba, y yo a él, tuve claro nada más llegar que en esa cita iba a haber sexo con mayúsculas.

Encima siendo ambos versátiles, la noche prometía que iba a ser larga.

Empezamos enrollándonos en una especie de sofá relax, para después bajar al suelo (en la alfombra, de esas de pelo largo), y subir luego hasta apoyarnos sobre la mesa del comedor.

Si primero había empezado follandomelo  yo (tenía uno de esos culitos mulliditos que a mi me flipan) fue al llegar a la mesa cuando se cambiaron las tornas.

Sacó un segundo condón de la caja (el primero aún me colgaba a mí de la polla) dispuesto a, con algo de lubricante,  follarme en medio del comedor.

Ya empezó mal intentando meterla en plan brusco cuando yo, de primeras, soy bastante estrecho (ya entendéis lo que quiero decir), y siguió mal intentando forzar algo que no hacía sino tener el efecto contrario.

Fue entonces cuando yo opté por tumbarme boca arriba, en plan tía (postura que no me gusta demasiado) para ver si la cosa se hacía más fácil, y porque, con lo caliente que iba, no estaba yo dispuesto a irme sin haber recibido mi dosis de polla.

En esa postura entró por sí sola y justo cuando estábamos en medio del mete-saca,  un ruido nítido de desgarro nos dejó a ambos helados, y en completo silencio.

El sonido fue similar a cuando un globo de estos de los críos, explota cuando se hincha demasiado.

En este caso, algo elástico y también de “goma”, era lo que había reventado…

Quietos como estábamos, le dije que sacase la polla muy lentamente, esperando que el sonido no fuera lo que ya imaginábamos los dos.

Recuerdo perfectamente la sensación al ver cómo salió la polla con medio condón adherido aún al tronco, pero dejando el capullo totalmente al aire.

La cara desencajada suya, supongo que era también un reflejo de la mia, porque yo no me podía creer lo que había pasado.

Es cierto que él ni siquiera había llegado a correrse, pero el hecho de saber que había “follado a pelo” con un desconocido hacía que todos mis agobios, de los que os hablé en Obsesión, volviesen de golpe a mi cabeza.

Aunque el tío también estaba acojonado, fue al ver mi reacción, mi ansiedad en esos pocos minutos, que él pasó a tranquilizarme insistiendo en que “estaba limpio”.

A mí en ese momento me podía decir misa que yo no iba a creerle. Yo sólo quería irme de allí y encerrarme los próximos meses hasta que un certificado médico me dijese que no tenía nada.

Me vestí en un minuto dispuesto a irme y, aunque él me lo impidió en un principio, al final me dejó marchar pidiéndome eso sí que me tranquilizara por lo menos.

En mi recorrido a casa pensaba que hasta el sexo seguro puede fallar a veces, y que igual esta vez sí, podía haberlo cagado pero bien.

Los días siguientes yo era totalmente como un zombi. Aunque iba a trabajar, estaba con la familia, o los amigos, mi cabeza siempre estaba en otro sitio y, como no, pensando siempre en lo peor.

El chico, mientras, ya no sabía cómo decirme que me calmase. Me mandaba mensajes, y me llamaba (llamadas que yo rechazaba) sólo para decirme que aunque él también tenía razones para estar asustado, que confiaba en mí desde el minuto uno que me había conocido.

Yo, por supuesto, no pensaba igual de él, y así se lo decia, echándole incluso la culpa de algo de lo que ninguno de los dos era culpable.

Fui cruel, borde, desagradable y todo lo que os podáis imaginar, y es que cuando me entran estos miedos irracionales (o no) mi reacción no es demasiado adulta que digamos.

Finalmente, una semanas después, me dijo que por favor fuese a su casa, que quería enseñarme algo.

Y fui, claro, pero sin intención de pasar del recibidor (no me preguntéis porqué) y fue allí donde me entregó un papel donde constaba que se había hecho las pruebas de VIH y hepatitis con resultado negativo.

Al ver eso, volví a ser persona, le pedí disculpas, y aún me sentí peor cuando me dijo que le había hecho las pruebas un médico amigo suyo, que hasta entonces no sabía que era gay, y al que le había contado todo para que le hiciese las pruebas lo más pronto posible…

Yo me comprometí a hacerme las pruebas también, pero me dijo que no hacía falta. Que si quería, me las hiciese por mí, pero no por él. Sólo me pidió que si otra vez pasaba por algo similar, no volviese a tratar a nadie como lo había tratado a él, porque le había hecho bastante daño.

Me gustaría decir que aprendí la lección, pero me conozco bien y no se cómo podré reaccionar en un futuro ante situaciones de este estilo.

Esa vez, las pruebas me las hice ya con mi pareja, como indiqué al principio (resultaron negativas para ambos) y creo que, a pesar de todo, sólo entonces pude respirar completamente aliviado.

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Año uno

Año uno

El 25 de noviembre de 2015 comencé a escribir mi primer post, por lo que este blog acaba de cumplir su primer año de vida.

Por aquel entonces estaba yo pasando por una muy mala época.

No hacía mucho que me habían comunicado que en un mes me iba a la calle tras ocho años ininterrumpidos trabajando en la misma empresa. Reestructuración de plantilla.

Aparte, mi relación de pareja no es que estuviese pasando por su mejor momento. De hecho, poco tiempo después incluso dimos por finiquitada la relación, aunque por suerte todo se pudo reconducir.

En ese estado de hundimiento anímico fue cuando, por casualidad, di con el blog de malagasensual y me enganche a él sin ningún motivo en concreto, como ya expliqué en el Sur.

También me dio por aquel entonces por entrar en páginas web de autoayuda (cuando estoy mal soy de los que se agarra a un clavo ardiendo) y fue cuando leí que escribir, en determinadas situaciones, ayuda a veces a salir del pozo.

Así, la ecuación Tiempo libre + bajón vital + necesidad de compartir + morbo en general (eso que no falte) fue el origen inicial de todo esto.

Cuando empecé, muy fuerte, escribiendo cada día, jamás pensé que podría estar con esto durante tanto tiempo.

De hecho, si por aquel entonces hubiese espaciado más el tiempo entre posts, hubiese tenido contenido para varios años.

Escribí tan seguido al comienzo porque me asesoré un poco por medio de tutoriales y en todos se aconsejaba ser constante en los inicios. Eso y hacerse publicidad comentando en otros blogs similares.

Reconozco que al principio, por tanto, comentaba en otros blogs por el simple hecho de publicitarme (soy así de cutre, lo siento chicos), pero poco a poco me atraparon los pequeños “lazos” que se fueron formando en esta comunidad bloguera.

Así, con los blogs al margen se fue creando un toma y daca de comentarios y lecturas que es de las mejores cosas que me ha reportado escribir por aquí.

Recuerdo además, el subidón de adrenalina que me dio al ver como poco a poco mi blog fue enlazándose con otros, haciéndome ver que algo bien estaría haciendo.

De todos ellos, con dos en concreto tengo mucha más afinidad (y no hace falta que diga nombres). Uno, porque fue el origen de todo esto como ya he comentado antes, y el otro porque me ha dado muestras de ser un verdadero colega, a pesar de la distancia.

Todo esto y también los correos que empecé a recibir (sobre todo al principio) fue lo que me animó durante todo este tiempo a seguir escribiendo.

Sí que es cierto que, por circunstancias, escribo mucho menos ahora que antes pero al menos un post semanal si que sigue cayendo. Y quién sabe si algún día pueda volver a escribir con más continuidad.

Así que aunque es verdad que el número de lectores no es muy allá (39.000 visitas en un año tampoco es como para echar cohetes), espero poder mantener a los que me seguís y que como yo cuando las escribo disfrutéis de todas mis historias.

Por tanto solo puedo decir que Feliz aniversario y, por supuesto, gracias a tod@s por leerme, aunque sea de vez en cuando.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com