Amigos con derechos

Amigos con derechos

Es curioso que de los amigos con los que tengo más confianza recuerdo poco del momento en que nos conocimos.

A ver, recuerdo más o menos el lugar o la época, pero no soy capaz de recordar el momento inicial en el que comenzó esa amistad.

Me ha pasado siempre, y la última vez, y de las más curiosas, es con un nuevo amigo que me he echado de unos meses a esta parte.

Sé que nos conocimos en un chat gay, y de madrugada, un día que volví a casa más cachondo de lo habitual y entré a Internet para “desahogarme” un poco.

No sé ni quién entró a quién, ni de qué hablamos ni nada más. El  único recuerdo que tengo es que no sé muy bien porqué empezamos a mandarnos fotos guarras por el móvil. Fotos guarras nuestras, quiero aclarar, cuando no es algo que yo suela hacer, y menos con un desconocido. Pero este tío desde el primer momento, y no sé muy bien porqué, me dio muchísima confianza.

Al día siguiente (la noche anterior acabó en paja, of course),  y una vez borrado el número de móvil de este tío (no pensé que volviéramos a hablar) me sorprendió recibir un mensaje suyo. Me dijo que lo había pasado muy bien y sin saber cómo comenzamos a escribirnos desde entonces.

El chico es andaluz, y si seguís mi blog, es algo que ya de por sí me gusta mucho. De mi misma edad y soltero, tiene pareja si bien no convive con  él  puesto que el novio es de Murcia. Trabaja para el Ayuntamiento de su ciudad y como tiene las tardes libres se ha buscado un sinfín de ocupaciones (a cual más friki) que le mantiene ocupado la mayor parte del día.

Nudista de siempre, en casa suele ir en bolas y no tiene ningún reparo en mandarme fotos desnudo prácticamente todos los días. Lo curioso es que no sé si por la confianza que me da, por el buen rollo o por lo que sea, pero el hecho es que él también debe tener un arsenal de fotos mías como Dios me trajo al mundo…

Y no solo de mí, sino que de todos sus amigos tiene fotos así, y lo ve como algo supernormal, sean sus amigos heteros o gays. Que yo recuerde, a amigos míos sí he visto en bolas a más de uno, pero fotos de ellos, pues como que no, y nunca se me ocurriría pedirles algunas bajo ningún concepto. Él, al contrario y en serio que no me extraña porque con la labia que tiene puede conseguir eso y mucho más.

De ahí pasamos a conocernos por cam y aparte de cibersexo (que también), en estos meses hemos hecho de todo: Desde ayudarme a acelerar el portátil, recomendarme películas anime (es un experto),  aconsejarme aplicaciones del móvil o enseñarme a tener un huertecito urbano. Como yo le digo, es un poco como tener hilo directo con el Youtuber del momento, que igual te sirve para un roto que para un descosido.

Y por el móvil lo mismo, empezamos con lo que he dicho con fotos y demás, y ahora es que hablamos de todo, por WhatsApp y por teléfono, a diario,  como si fuésemos amigos de toda la vida.

De hecho, ahora mismo, creo que incluso puede que tenga más confianza con él que con amigos míos “reales” y es algo que me sorprende mucho.

Sí que es cierto que algo ha ayudado en todo esto y es que cuando llego a casa después de trabajar, ver a la familia o amigos, y veo que estoy solo, tengo a alguien en el móvil con quien puedo seguir hablando como si fuese un compañero de piso. De hecho llegamos incluso a darnos las buenas noches al acostarnos y los buenos días al despertar. Como si viviéramos juntos, vamos.

Ya hemos hablado de conocernos en persona alguna vez. Prisa no tenemos ninguno de los dos. Vivimos lejos y tenemos cada uno nuestra vida montada. El tiene pareja, así que interés sexual por mí no tiene ninguno, pero yo tampoco por él, a pesar de todo lo que hayamos hecho online. Una cosa es en plan virtual y otra en plan real, y teniendo pareja ninguno de los dos piensa en ir más allá.

Tal vez nos hayamos abierto los dos mutuamente por un asunto de necesidad. O de soledad, quien sabe. Pero es curioso cómo esas personas de las que no esperabas nada, puede convertirse en un apoyo para los buenos y malos momentos.

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El sexto sentido

El sexto sentido

Hace un par de días me echaron las cartas.

Pude elegir entre que me leyeran las líneas de la mano o que me echaran el Tarot y opté por esto último, más que nada por lo visual que me ha resultado siempre esa baraja.

He de decir que no creo especialmente en estas historias. Siempre he pensado que muchas veces se usa más la intuición que otra cosa, pero he de reconocer que en algunas de las cosas que me dijo, acertó bastante.

A nivel laboral me dijo que estoy en una etapa de tranquilidad y que veía que en un futuro próximo iría la cosa igual o mejor, de lo cual me alegré bastante. De un posible lío con mi jefe, no mencionó nada, así que supongo que la cosa se quedará como está (cachis…)

A nivel de salud no me vio nada grave lo cual también es una buena noticia ahora y siempre. Y más después de mis últimos problemillas de salud que me tuvieron unos días apartado de todo.

Fue a nivel personal cuando me definió por encima y es en lo que más se aproximó a mi realidad. Yo supongo que viendo la edad que tengo (cuarentón ya) y que no tenía anillo de casado, ayudó bastante a su adivinación, pero me sorprendió la forma en que habló de mi situación actual.

Me dijo que me veía estancado en la vida. Que aunque ansiaba un cambio a mejor, yo mismo me ponía trabas para que eso no sucediera. Que yo era mi peor enemigo ahora mismo. Que mi actitud de tirar la toalla no me iba a beneficiar en nada, y que yo mismo lo sabía.

Que si quería tener pareja, necesitaba abrirme. Conocer primero a otra gente, abrir mi círculo de amigos y probar experiencias nuevas,  y que lo otro ya vendría rodado, pero que yo mismo me negaba todo eso.

Y que todo venía provocado por un asunto del pasado.

Por supuesto yo uní cabos en todo momento y entendí a la perfección de lo que hablaba. Supongo que esto funciona así, que te dicen cosas generales, algo con lo que igual todos nos identificamos y es tu subconsciente quien ya se encarga de darle una explicación a todo lo que te dicen. Es decir, entender lo que realmente te interesa.

Realmente no sé ahora nada más que no supiese hace dos días, pero sí me hizo pensar si es verdad lo de que no quiero abrirme más…

Si echo mi vista atrás, conservo amigos de todas las etapas de mi vida por las que he pasado (colegio, universidad, primeros trabajos, estancia en el extranjero…), así que no creo que eso sea del todo cierto. Sí que es verdad, en cambio, que últimamente me cuesta mucho más conocer a otras personas, y si tengo la posibilidad de intentarlo… me echo atrás.

En estos últimos años las únicas personas nuevas a las que he conocido son un chico hetero curioso con el que tengo muy buena relación (más virtual ya que otra cosa) y un excompañero al que conocí hace años y con el que he retomado la amistad.

(Bueno, y también con un chico que conocí por casualidad, al que no conozco en persona -vivimos lejos- y del que os hablaré otro día).

También es verdad que con los años, cuesta mucho más hacer amistades nuevas (en eso los críos tienen mucha más facilidad), con lo que supongo que no es algo que me pase a mí solamente.

De todos modos, de amigos no me puedo quejar (tengo muy buenos), pero sí de lo de no tener pareja.  Supongo que, como me dijo, para eso también debería de abrirme a la gente pero a día de hoy no estoy ni medio dispuesto.

Tal vez tenga razón y yo sea mi peor enemigo.

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50 sombras de Grey

50 sombras de Grey

Desde que estoy trabajando en  mi empresa, por el puesto de jefe han pasado varias personas. Se ve que es un puesto de paso para ir a otros superiores, por lo que la duración media de las jefaturas es de unos dos años como mucho.

Por ese puesto han pasado tanto mujeres que eran un encanto como señoras que era para darles de comer aparte. Hombres accesibles y que eran como uno más, a tios inaccesibles que para hablar con ellos había que pedir una audiencia. Como en todos sitios, supongo.

Lo que nunca había tenido era un jefe gay.

Ya cuando iba a venir, la gente habló de que era gay. No si era bueno o si era mal jefe, sino que era gay. Cosa que no creo que influya para trabajar, pero la gente es muchas veces así de corta.

A mí, si soy sincero, me hizo cierta ilusión. No por nada, pero sí por tener a alguien más del gremio en mi mismo trabajo (porque que yo supiese, hasta ese momento, era el único).

Nada más verlo, el hombre me pareció guapete y poco más, porque personalmente me pareció un tipo bastante seco y de los que marcan mucho las distancias con el personal a su cargo. Y eso a pesar de ser un tío joven. Bueno, joven tampoco, más bien cuarentón, pero que es la media del departamento.

Con el tiempo, la relación con él fue mejorando y su antipatía, más bien coraza, fue desapareciendo progresivamente.

Y entonces comencé a verle más atractivo.

Hasta el momento en que me empezó a caer mejor, la verdad es que no me había fijado en lo bien que le quedaba el traje. Ni en el culete que marcaba con según qué pantalones. O el paquetón que se le veía cuando se sentaba. O incluso el pectoral que se adivinaba cuando se ponía una simple camiseta. (Esto es algo que me ha pasado siempre, que si alguien me caía mal, ni me atraía ni nada…hasta que empezaba a gustarme)

Encima la relación entre nosotros fue mejorando bastante. De una seriedad absoluta al hablar, poco a poco fuimos pasando a un buen rollo y una buena relación que ya empezó a poner en alerta a los demás compañeros.  Muchos no dijeron nada, pero otros ya comenzaron a insinuar cosas… y ahí siguen.

Yo intento que esos comentarios no me afecten demasiado, pero, por si acaso, sigo manteniendo las distancias (es mi jefe) e intento que no haya nada más que una simpatía entre nosotros.

Otra cosa es lo que me gustaría que pasara.

Y es que el tema jefe-empleado empiezo a darme cuenta de que algo de morbo sí tiene.

La otra tarde, estando los dos solos en la oficina me llamó  a su despacho para tratar unos temas. Últimamente, ya nada más verme, me sonríe y mantiene esa media sonrisa toda la conversación. Empezamos a hablar de trabajo pero luego, no sé muy bien cómo acabamos hablando de películas porno… Y hablar de eso con un jefe, a mi particularmente, me da morbillo. Tanto que pensé que nos íbamos a empezar a calentar y protagonizar alguna escena sexual allí mismo sobre la mesa, cosa que por supuesto… no sucedió.

También es verdad que no sé si es imaginación mía o qué, pero cuando estamos con más compañeros, aunque hay buen rollo entre ambos, no es lo mismo que cuando estamos solos. De hecho recuerdo hace unos días que él estaba explicándome algo a dos centímetros escasos de mí, con una mano encima de mi hombro, y cuando llegó otro compañero a la oficina, automáticamente él se separó y mantuvo la distancia el resto de la conversación.

Yo tengo claro que los dos sabemos que el otro es gay. Ninguno de los dos hemos dicho nada al respecto. Yo no le pienso preguntar nada (repito, sigue siendo mi jefe), aunque él sí me ha preguntado varias veces si tengo novia, a lo que respondo que no…y nada más.

Otra cosa sería poder irme de fiesta con este hombre algún día.

En las cenas de empresa, siempre se suele sentar a mi lado, y aunque bebemos y charlamos más de la cuenta (ahí le da un poco igual que haya más gente), las cosas nunca van más allá, aunque solemos ser de los últimos en irnos del lugar.

Estoy casi seguro de que a solas las cosas serían diferente.

Lástima que eso no creo que se pueda saber…

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Metrópolis

Metrópolis

Hay que ver lo que le gusta un musical a un gay. O por lo menos  a mí, que mira que me gustan…

De nano, yo creo que ya se me notaba demasiado mis preferencias, porque me tragaba “My Fair Lady” o “Sonrisas y Lágrimas” cada vez que las ponían en la tele. Con la excusa de que le gustaban a mi hermana, las veía con ella pero también las disfrutaba yo. Con la edad, intentando ocultar estos gustos (por motivos de parecer más machito, claro) intenté obviar este tipo de películas hasta que llegó “Moulin Rouge” y otra vez volví a alucinar.

En teatro, he ido a ver “El rey león”, “Jesucristo Superstar”, “Hoy no me puedo levantar” (dos veces) y “Grease”, y aún me quedan bastantes que quiero ver.

Aún así no todos los musicales me suelen gustar. Con “La La Land”, por ejemplo, me aburrí de principio a fin, y lo mismo me pasó con “El Gran Showman” y eso que su banda sonora es de las mejores que he oído en mucho tiempo.

Y es que generalmente si la banda sonora me gusta, me suele gustar también la película, porque lo que realmente me atrapa es la buena música unida al cine.

Por esa misma razón, fui hace poco a ver “Bohemian Rhapsody”, la de Queen, pues gustándome la música del mítico grupo, sabía que la película no me iba a defraudar. Y no lo hizo. Sí que es verdad que la película está algo “descafeinada” en muchos tramos. De hecho, la escena de la fiesta que se ve en la película por lo visto fue mucho más bizarra, llegando a haber camareros desnudos, enanos ofreciendo drogas de todo tipo a los invitados e incluso mamadas gratis en los baños. Escenas que en la película no salen por motivos obvios.  Pero lo dicho, quitando esto, la película se deja ver, la actuación del protagonista es una pasada y conoces cosas de Freddie Mercury que al menos yo no conocía.

Sí que conocía en cambio otra cosa de Freddie que no sale en la película y que quería comentar por aquí, y es que la primera canción firmada por él en solitario fue “Love kills” de la BSO de … Metrópolis.

Por si no lo sabíais, la historia de esta película es más que curiosa.

Estrenada en el año 1927, esta película del director Fritz Lang (obra cumbre del expresionismo alemán), sufrió casi desde su estreno múltiples recortes debido a su extensa duración de aproximadamente 3 horas. Para su estreno en EEUU, de hecho, ya se redujo el metraje a casi la mitad, dejándola en 115 minutos. Posteriormente, el film siguió sufriendo alteraciones hasta llegar a unos 90 minutos de duración con un montaje, además, que no tenía demasiado sentido. La llegada de la Segunda Guerra Mundial, con Hitler a la cabeza todavía fue peor, pues se quemaron los negativos originales, perdiendo para siempre la película tal y como fue rodada.

Y así estuvo durante casi 60 años hasta que un productor italiano, llamado Giorgio Moroder (compositor de cine, ganador de tres Oscar y origen de la música techno actual), se propuso restaurar la película y volver  a estrenarla con ciertos añadidos tales como imágenes coloreadas, efectos especiales y una nueva banda sonora (la original estaba perdida) con los mejores grupos de los 80.

Y es en esa banda sonora, con cantantes como Pat Benatar, Bonnie Tyler y Adam Ant, donde Freddie Mercury compuso una canción llamada “Love Kills”, que no por menos conocida es peor que otras del célebre cantante. Sí que es cierto que se llevó un Razzie por esta canción (antiOscar) que ya me gustaría a mí saber quien votó ese año porque se cubrió de gloria, la verdad.

Por cierto que la película reestrenada así provocó una fuerte polémica, si bien fue el germen para que filmotecas de todo el mundo se pusiesen manos a la obra y, gracias a media hora encontrada en Argentina, completar la película Metrópolis tal y como fue concebida por su autor, incluso con una banda sonora al efecto.

Yo esta versión, digamos, más ortodoxa no la he visto, pero sí la anterior que he comentado, la de Moroder, y he de decir que a mí personalmente me encantó. Los efectos especiales no chirrían demasiado, sino que la actualizan, la música es ochentera a tope, con sus sintetizadores incluidos, que no hacen sino realzar determinadas escenas, y el uso de los colores tampoco estropean lo que es el concepto de la película.

Esta versión la encontré por 4 euros en una tienda y como siempre había querido ver la peli (de hecho, C3PO de Star Wars, está basado en el robot femenino de la película) me la compré. Y flipé al verla. Encima el argumento es de esos que por muchos años que pasen no pierden actualidad (lucha de clases) y tiene momentos que son una joya cinematográfica. Por comentar un poco, os diré que está ambientada en el año 2026 donde los obreros viven en su propia ciudad bajo tierra y trabajan para que los de arriba, los de la ciudad de Metrópolis, puedan vivir cómodamente. Y así es hasta que el hijo del jefe de la ciudad se enamora de una muchacha por la que baja a las profundidades y comienza una revolución que lo cambiará todo….

Por cierto que volviendo otra vez a Freddie, fue gracias a esta colaboración con la película por lo que Queen pudo usar escenas de Metrópolis para el vídeo musical de otro de los éxitos de la banda, como fue Radio Ga Ga.

Os dejo por aquí el tráiler de esta versión de Metrópolis, por si os ha picado la curiosidad.

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¡Biba la banda!

¡Biba la banda!

Anoche se escogió la canción que representará este año a España en el festival de Eurovisión, y, al igual que el año pasado, el cantante se eligió entre los últimos concursantes de Operación Triunfo.

Como soy bastante fan del tema, ayer me tragué entero el programa y hoy trataré de comentarlo desde la objetividad propia de alguien que no ha seguido el concurso. Bueno, miento, de la edición de 2018 vi un trozo del programa 0 donde flipé con la voz de Famous (quien a la postre se llevaría el gato al agua) y una actuación de otra chica llamada Alba (quien curiosamente quedó segunda en el concurso). También conocía de oídas a una tal María pero no por cómo cantaba sino por su polémica con la “mariconez” (manda huevos acusar de homófobos a Mecano) y con el novio impresentable que salió hasta en el telediario.

Así que medio virgen, y sin conocer previamente ninguna de las canciones, os contaré mi parecer de cada una de las propuestas que se presentaron.

Canción nº 1: Todo bien

Canta: Marilia

Dirige la orquesta: Ah no, esto ya no….

A mí esta canción me gustó mucho, pero la falta de voz de la chica lastró un poco el tema. La chica lo intentaba, en la parte alta de la canción lo daba todo, pero en las partes bajas (las estrofas) yo la perdía totalmente. Le puso un punto sexy que estaba muy bien, pero en general me dio la sensación de ser un quiero y no puedo.

Canción nº 2:  Hoy soñaré

Canta: Sabela

Canción peñazo donde las haya. Con una letra supersimple y repetitiva a más no poder. Encima no sé si fue cosa mía o qué, pero me dio la impresión de que desafinaba y todo. Mención aparte los compositores de la canción. Una especie de dúo dinámico vestidos por su peor enemigo. Un completo, vamos.

Canción nº 3: No puedo más

Canta: Famous

A mí este chico me gusta mucho cómo canta por su voz sobre todo. Tiene presencia en el escenario y encima los coros en plan Gospel (tengo debilidad) le ayudaban mucho. No sé si era su estilo ni el estilo de Eurovisión, pero la canción me pareció buena.

Canción nº 4:  La Clave

Canta: Natalia

Copia total en vestuario, coreografía, música y letra de Rosalía. De hecho incluso los coros cantaban algo parecido al “Tra Tra” de “Malamente”. Ella me gustó cómo cantó, eso sí, pero solo por el plagio no merecía mucho más.

Canción nº 5:  Qué quieres que haga.

Canta: Julia

Otra canción moñas. Muy apropiada para Vanessa Martín, a quien no soporto.  El estilismo en verde tampoco lo entendí. Un rollo Hiedra venenosa que no venía a cuento. Buena voz, pero sosa a más no poder.

Canción nº 6: La Venda

Canta: Miki

Canción de charanga, de verbena, de salir de fiesta en verano y con un cubata darlo todo en la pista con los colegas. El compositor es el que hizo el hit de “Mari Carmen” que, por lo menos por aquí, lo petó en las noches de Fallas de hace unos años. Fiesta total, vamos. El cantante, más que cantar, berrea, pero eso es otra historia.

Canción nº 7: Hoy vuelvo a reír otra vez

Canta: Noelia

La mejor voz de todas las que oí ayer. Con una canción de subidas y bajadas para lucirse. Le pones un ventilador en la cara y la última estrofa la subes medio tono y ya tienes una canción típica de diva eurovisiva…de todos los años.  Aún así, canción bonita.

Canción nº 8: Se te nota

Cantar: Carlos Right

Guapete, el chico canta bien además. La canción estaba bien pero sonaba a ya oída. Es la que más se notaba quién la había compuesto (Morat en este caso). Demasiada letra, eso sí. No comprendí para qué llevaba él una guitarra si casi no la tocó.

Canción nº 9: Nadie se salva

Canta: Natalia y Miki

No entiendo por qué estos dos cantaron a dúo si no pegaban absolutamente nada. Ni en voces ni en vestuario. Ella además bailaba y él…hacía lo que podía. Un despropósito de dúo en la que él penalizaba más que aportaba. La canción, sin embargo, no era mala.

Canción nº 10: Muérdeme

Canta: María

La canción me pareció buena, aunque me recordó muchísimo a la de Eleni Foureira del año pasado (quien actuó además en la gala vestida con bolsas de basura). Sin embargo, yo no sé si es que a la chica no le gustaba su propuesta o qué, pero la noté con una desgana total durante la actuación. Como que la cantaba porque tenía que cantarla y así, pues no. Chica, para eso te quedas en tu casa y ya está.

Al final ganó “La Venda”, la número 6, cantada por Miki.

¿Fue la mejor? Pues tengo claro que no, y el chico, lo siento mucho, pero ni canta ni baila bien. Eso sí, se nota que su canción le encanta y la disfruta y eso puede darle puntos. Además, si la canción la arreglan un poco, y potencian toda la parte de la charanga, puede quedar bastante divertida.

Total, ganar no ganaremos (o sí, que nunca se sabe) pero al menos espero que el próximo 18 de mayo, en Tel-Aviv (Israel) toda Europa se divierta con nuestra propuesta.

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Del revés

Del revés

Pues a lo tonto han pasado ya dos años desde que recuperé (muy a mi pesar) mi soltería.

Echando la vista atrás, aunque lo peor ya pasó durante los primeros meses, he de reconocer que después de este tiempo, me ha quedado un poso de amargura del que me es difícil deshacerme. Y esa amargura, en cierta forma se ha plasmado también en los posts.

Son bastantes personas las que me han hecho llegar que este blog ya no es lo que era, cosa bastante normal puesto que, como yo mismo respondo, yo tampoco soy el que era.

A nivel sentimental, mi corazón está bastante cerrado y así pienso yo que seguirá durante bastante tiempo (y digo bastante tiempo porque decir “para los restos” igual queda un poco radical). No sé si realmente es miedo a que me vuelvan a hacer daño o que soy muy consciente de que hay trenes que únicamente pasan una vez en la vida. Eso yo lo tengo bastante claro y no hay nada (ni nadie) que pueda hacerme cambiar de opinión. Al menos a día de hoy.

A nivel sexual, pues no digo lo que está cerrado pero os podéis hacer una idea también. De hecho, actualmente ni entro a chats, ni tengo ya apps de folleteo, ni nada. Me borré ya hace unos meses y ahí sigo, desaparecido del mundo. Mis últimas experiencias, contadas por aquí ,no resultaron del todo satisfactorias, así que decidí cortar por lo sano.

Tengo un amigo que dice que estoy entrando voluntariamente en una vida monacal y que sarna con gusto no pica, pero que eso no puede ser sano. Yo le digo que mientras tenga porno a mano y mi mano derecha, poco más me hará falta, a lo que me suele contestar que ya puestos, y siguiendo mi trayectoria,  solicite ya la castración química…

A nivel laboral, en un principio, como ya conté por aquí, me volqué en el trabajo como si no hubiera un mañana. Hice más horas que horas, total para nada, puesto que esas cosas pocas veces se agradecen. Más bien al contrario puesto que por eso (y por otros motivos) se creó una rencilla estúpida entre compañeros desembocando en un mal rollo laboral que todavía continúa.

Por todo esto, digamos que mi carácter ha cambiado bastante y supongo que todo eso se refleja también en mi forma de escribir.

Soy una persona que no suele expresar sus preocupaciones y por eso me gusta de vez en cuando escribir por aquí y soltar todo lo que llevo dentro. Como he dicho alguna vez, me relaja mucho y me siento cómodo escribiendo. Sin embargo, esta vía de escape no es suficiente muchas veces, y llega un momento en el que el cuerpo te dice basta.

En mi caso este primer aviso me sucedió durante las pasadas Navidades. Ingresado en el hospital fueron muchas las cosas que se me pasaron por la cabeza, pero sobre todo, me dije a mí mismo que tenía que cambiar. Las cosas que a mí me pasan, ni son más ni menos que las del común de los mortales. Mi problema es cómo me las tomo yo.

Así que como propósito de año nuevo me he propuesto cambiar, porque la vida es sólo una y cuando se va, se va.

En teoría, cambiando de actitud, la vida te trae cosas buenas (o eso dicen), pero esas cosas no creo que sean así de fáciles, y siempre he pensado que era algo más de superchería que otras cosas. Sin embargo, leyendo sobre el tema, me he enterado de que la cosa tiene más de ciencia de lo que yo me pensaba puesto que según cómo te tomes las cosas se activan ciertas zonas del cerebro que de otro modo no lo harían.

Y para empezar a aplicarlo ahora mismo, he de reconocer que de algo malo siempre se puede sacar algo positivo, y esos días en el hospital, me hicieron ver que aparte de mi familia, tengo muchos amigos que se preocupan por mí más de lo que yo mismo me imaginaba.

A ver si esto lo puedo aplicar a mi día a día y a finales de 2019 os cuento cómo me ha ido.

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Cuento de Navidad

Cuento de Navidad

Ya estamos un año más en Navidad, una fiesta con las que he tenido siempre una relación de amor-odio a lo largo de toda mi vida.

De nano se podría decir que sí que me gustaban, y además mucho. Supongo que de pequeño me hacía mucha ilusión esta época, aparte de porque las vacaciones escolares eran un chollazo, porque se reunía toda mi familia y estaba con mis primos, a los que sino llegaba a ser por estas fiestas, veía bastante poco.

Además era también la época de la ilusión por los Reyes Magos (en mi casa Papá Noel no entraba), y toda la parafernalia de la cabalgata del 5 de enero me encantaba.

Las vivía pues, como un crío, y las disfrutaba como tal. Montando el árbol y el belén con mi hermana. Iluminándolo todo con las luces y poniendo la casa de espumillón hasta arriba. Porque además, todo ese mundo multicolor asociado a la Navidad, me encantaba.

Pero el tiempo pasa, y tu familia comienza a reducirse (ay, esos abuelos que se van…) y entonces maduras de golpe. Además coincide en la época de la adolescencia y el mundo se abre a tus pies. Cambios hormonales…la homosexualidad…te das cuenta de que eres “diferente” y hay algo en las Navidades que te lo recuerda, y son las fiestas de Nochevieja a las que tú, básicamente, no vas. Más que nada porque en realidad, no sales. Porque sí, yo pasé una etapa chunga en la que me quedé sin amigos cuando más necesitaba tenerlos. Y es que te das cuenta de que lo que te gustan son los chicos, cuando a tu alrededor a todos le gustan las chicas. Una época en la que tus amigos salen de fiesta, de discoteca, a ligar y a ti como no te gusta ese rollo (no te gustan las tías en realidad) prefieres quedarte en casa. Y una vez puede, pero si a la segunda o tercera das excusas, al final pasan de ti. Y finalmente te quedas sin amigos, claro.

En esa época dejó de gustarme la Navidad. En realidad las fiestas eran iguales, sólo me daba el bajón en Nochevieja por lo que he comentado, pero una cosa llevaba a la otra. Además, ese carácter de mala leche que se me ponía (enfadado con el mundo, supongo, por ser tan “raro”) hacía que discutiese mucho en familia. Pero era Navidad y eso no podía ser, claro. Y entonces te das cuenta la falsedad que va unida a toda esta fiesta. Falsedad y mucha hipocresía también. Y empiezas a desencantarte de ese mundo de lucecitas…

La siguiente etapa sucedió ya años después. Empecé  a abrir horizontes, nuevos amigos, nueva vida y eso coincidió con que en mi familia llegaron los sobrinos. Fue entonces cuando volví a vivir otra vez la fiesta de las Navidades como antaño, a través de los ojos de los pequeños de la casa. Se me quitó la mala leche, salía en Nochevieja, y aunque mis fiestas siempre fueron las más surrealistas, me empecé a dar cuenta de que ser “diferente” no era malo, solo que tenía que dejar de compararme con el resto de lo que era la sociedad y vivir las Navidades (y el resto de mi existencia) a mi manera. Fue una mezcla de las dos etapas anteriores y durante muchos años las disfruté así.

Después vino mi etapa en pareja, esta ya mucho más estable. Por circunstancias, de las dos semanas de Navidad, mi pareja pasaba conmigo sólo una de las dos, pero las disfrutaba al máximo. Incluso yo le contagié a él la ilusión por adornar la casa con los cachivaches navideños y en cierta forma, al igual que mis sobrinos me ayudaron a mí en ese sentido, yo le ayudé a él a vivir con más alegría estos días. Nuestras Nocheviejas eran supercaseras, y aunque no eran unos fiestones ni nada, el pasarlo con tu pareja y pocos amigos más, a mí me parecía perfecto.

Sin embargo, aquello acabó. Los sobrinos crecieron. La familia comenzó a expandirse y en ella no a todos soportas… y vuelve la Navidad a tu vida. Y te reúnes con familiares que a pesar de vivir a dos manzanas de tu casa, en el día a día ni los llamas ni los ves, pero en Navidad parece que es obligatorio sonreír y hacer como si no pasase nada. Como si fuese la familia más unida del mundo. Aunque no lo sea. Y tienes que aguantarte. Y luego llega Nochevieja, el día en que parece que haya que hacer algo, sí o sí. Aunque no te apetezca.  Y llega un momento en que te plantas y no sales. De hecho, el año pasado es lo que hice. no salir. A familiares les dije que había quedado con amigos, y a amigos les dije que había  quedado con familiares (para que no se preocupasen, claro). Y no pasó nada. Porque si lo piensas bien es un día normal.

Como todos los de la Navidad.

Si por mí fuese, pasaría del día del sorteo al día de Reyes y punto. Pero habrá que aguantarse y poner buena cara, porque igual, el día de mañana, las Navidades me vuelven a conquistar como antes, y entonces, sólo entonces, las volveré a disfrutar.

(Aún así, felices fiestas).

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