El condón asesino

El condón asesino

Una de las primeras cosas que M. y yo hicimos en plan pareja fue ir a hacernos juntos las pruebas del VIH. No es nada romántico, lo sé, pero el motivo estaba claro: si yo no estaba seguro ni de mí mismo, cómo iba a fiarme de otro?

Meses antes, en una de esas etapas mías calenturientas, había contactado con un tío con el que, aunque había hablado alguna vez por Internet, no tenía el gusto de conocer en persona.

El plan era folleteo y poco más, y con esa intención tan clara me invitó una noche a su casa.

Aunque igual ha dado otra impresión por aquí, la mayoría de las veces que quedaba en plan “noche loca” no pasaba de los morreos y las pajas. Sólo los días de mucho calentón era cuando, realmente, acababa follando.

Esa noche fue una de ésas y como el tío físicamente me molaba, y yo a él, tuve claro nada más llegar que en esa cita iba a haber sexo con mayúsculas.

Encima siendo ambos versátiles, la noche prometía que iba a ser larga.

Empezamos enrollándonos en una especie de sofá relax, para después bajar al suelo (en la alfombra, de esas de pelo largo), y subir luego hasta apoyarnos sobre la mesa del comedor.

Si primero había empezado follandomelo  yo (tenía uno de esos culitos mulliditos que a mi me flipan) fue al llegar a la mesa cuando se cambiaron las tornas.

Sacó un segundo condón de la caja (el primero aún me colgaba a mí de la polla) dispuesto a, con algo de lubricante,  follarme en medio del comedor.

Ya empezó mal intentando meterla en plan brusco cuando yo, de primeras, soy bastante estrecho (ya entendéis lo que quiero decir), y siguió mal intentando forzar algo que no hacía sino tener el efecto contrario.

Fue entonces cuando yo opté por tumbarme boca arriba, en plan tía (postura que no me gusta demasiado) para ver si la cosa se hacía más fácil, y porque, con lo caliente que iba, no estaba yo dispuesto a irme sin haber recibido mi dosis de polla.

En esa postura entró por sí sola y justo cuando estábamos en medio del mete-saca,  un ruido nítido de desgarro nos dejó a ambos helados, y en completo silencio.

El sonido fue similar a cuando un globo de estos de los críos, explota cuando se hincha demasiado.

En este caso, algo elástico y también de “goma”, era lo que había reventado…

Quietos como estábamos, le dije que sacase la polla muy lentamente, esperando que el sonido no fuera lo que ya imaginábamos los dos.

Recuerdo perfectamente la sensación al ver cómo salió la polla con medio condón adherido aún al tronco, pero dejando el capullo totalmente al aire.

La cara desencajada suya, supongo que era también un reflejo de la mia, porque yo no me podía creer lo que había pasado.

Es cierto que él ni siquiera había llegado a correrse, pero el hecho de saber que había “follado a pelo” con un desconocido hacía que todos mis agobios, de los que os hablé en Obsesión, volviesen de golpe a mi cabeza.

Aunque el tío también estaba acojonado, fue al ver mi reacción, mi ansiedad en esos pocos minutos, que él pasó a tranquilizarme insistiendo en que “estaba limpio”.

A mí en ese momento me podía decir misa que yo no iba a creerle. Yo sólo quería irme de allí y encerrarme los próximos meses hasta que un certificado médico me dijese que no tenía nada.

Me vestí en un minuto dispuesto a irme y, aunque él me lo impidió en un principio, al final me dejó marchar pidiéndome eso sí que me tranquilizara por lo menos.

En mi recorrido a casa pensaba que hasta el sexo seguro puede fallar a veces, y que igual esta vez sí, podía haberlo cagado pero bien.

Los días siguientes yo era totalmente como un zombi. Aunque iba a trabajar, estaba con la familia, o los amigos, mi cabeza siempre estaba en otro sitio y, como no, pensando siempre en lo peor.

El chico, mientras, ya no sabía cómo decirme que me calmase. Me mandaba mensajes, y me llamaba (llamadas que yo rechazaba) sólo para decirme que aunque él también tenía razones para estar asustado, que confiaba en mí desde el minuto uno que me había conocido.

Yo, por supuesto, no pensaba igual de él, y así se lo decia, echándole incluso la culpa de algo de lo que ninguno de los dos era culpable.

Fui cruel, borde, desagradable y todo lo que os podáis imaginar, y es que cuando me entran estos miedos irracionales (o no) mi reacción no es demasiado adulta que digamos.

Finalmente, una semanas después, me dijo que por favor fuese a su casa, que quería enseñarme algo.

Y fui, claro, pero sin intención de pasar del recibidor (no me preguntéis porqué) y fue allí donde me entregó un papel donde constaba que se había hecho las pruebas de VIH y hepatitis con resultado negativo.

Al ver eso, volví a ser persona, le pedí disculpas, y aún me sentí peor cuando me dijo que le había hecho las pruebas un médico amigo suyo, que hasta entonces no sabía que era gay, y al que le había contado todo para que le hiciese las pruebas lo más pronto posible…

Yo me comprometí a hacerme las pruebas también, pero me dijo que no hacía falta. Que si quería, me las hiciese por mí, pero no por él. Sólo me pidió que si otra vez pasaba por algo similar, no volviese a tratar a nadie como lo había tratado a él, porque le había hecho bastante daño.

Me gustaría decir que aprendí la lección, pero me conozco bien y no se cómo podré reaccionar en un futuro ante situaciones de este estilo.

Esa vez, las pruebas me las hice ya con mi pareja, como indiqué al principio (resultaron negativas para ambos) y creo que, a pesar de todo, sólo entonces pude respirar completamente aliviado.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Año uno

Año uno

El 25 de noviembre de 2015 comencé a escribir mi primer post, por lo que este blog acaba de cumplir su primer año de vida.

Por aquel entonces estaba yo pasando por una muy mala época.

No hacía mucho que me habían comunicado que en un mes me iba a la calle tras ocho años ininterrumpidos trabajando en la misma empresa. Reestructuración de plantilla.

Aparte, mi relación de pareja no es que estuviese pasando por su mejor momento. De hecho, poco tiempo después incluso dimos por finiquitada la relación, aunque por suerte todo se pudo reconducir.

En ese estado de hundimiento anímico fue cuando, por casualidad, di con el blog de malagasensual y me enganche a él sin ningún motivo en concreto, como ya expliqué en el Sur.

También me dio por aquel entonces por entrar en páginas web de autoayuda (cuando estoy mal soy de los que se agarra a un clavo ardiendo) y fue cuando leí que escribir, en determinadas situaciones, ayuda a veces a salir del pozo.

Así, la ecuación Tiempo libre + bajón vital + necesidad de compartir + morbo en general (eso que no falte) fue el origen inicial de todo esto.

Cuando empecé, muy fuerte, escribiendo cada día, jamás pensé que podría estar con esto durante tanto tiempo.

De hecho, si por aquel entonces hubiese espaciado más el tiempo entre posts, hubiese tenido contenido para varios años.

Escribí tan seguido al comienzo porque me asesoré un poco por medio de tutoriales y en todos se aconsejaba ser constante en los inicios. Eso y hacerse publicidad comentando en otros blogs similares.

Reconozco que al principio, por tanto, comentaba en otros blogs por el simple hecho de publicitarme (soy así de cutre, lo siento chicos), pero poco a poco me atraparon los pequeños “lazos” que se fueron formando en esta comunidad bloguera.

Así, con los blogs al margen se fue creando un toma y daca de comentarios y lecturas que es de las mejores cosas que me ha reportado escribir por aquí.

Recuerdo además, el subidón de adrenalina que me dio al ver como poco a poco mi blog fue enlazándose con otros, haciéndome ver que algo bien estaría haciendo.

De todos ellos, con dos en concreto tengo mucha más afinidad (y no hace falta que diga nombres). Uno, porque fue el origen de todo esto como ya he comentado antes, y el otro porque me ha dado muestras de ser un verdadero colega, a pesar de la distancia.

Todo esto y también los correos que empecé a recibir (sobre todo al principio) fue lo que me animó durante todo este tiempo a seguir escribiendo.

Sí que es cierto que, por circunstancias, escribo mucho menos ahora que antes pero al menos un post semanal si que sigue cayendo. Y quién sabe si algún día pueda volver a escribir con más continuidad.

Así que aunque es verdad que el número de lectores no es muy allá (39.000 visitas en un año tampoco es como para echar cohetes), espero poder mantener a los que me seguís y que como yo cuando las escribo disfrutéis de todas mis historias.

Por tanto solo puedo decir que Feliz aniversario y, por supuesto, gracias a tod@s por leerme, aunque sea de vez en cuando.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Hechizo de luna

Hechizo de luna

O de superluna.

Por si no lo sabíais, este pasado lunes se pudo ver la luna más grande y brillante desde el 25 de enero de 1948, y no se podrá ver otra igual hasta el año 2034.

(Otra cosa es cómo la percibamos aquí en la Tierra, porque yo creo que la última, que fue en verano, me pareció mucho más grande que ésta, pero bueno).

La luna, o mejor dicho los ciclos lunares, son los responsable ante todo del movimiento de las mareas, pero tambien del desarrollo de las plantas, y otros aspectos vinculados con la naturaleza.

Y a las personas nos afecta? pues a unos más que a otros y en mi caso en concreto, bastante.

Y es que siempre que ha habido luna llena mi libido sexual ha estado por las nubes.

La primera vez q me di cuenta de su influjo fue un verano, en el apartamento de la playa, en el que en una misma tarde-noche cayeron 4 pajotes seguidos.

Todavía era un adolescente y recuerdo que en la última paja, repantigado en una tumbona del balcón (ya he hablado alguna vez de mi vena exhibicionista), la luz de la luna iluminaba tanto la escena que me pude limpiar tranquilamente sin manchar nada.

Pasados unos años, cuando ya empecé a quedar con tíos, tanto el primero como el segundo con el que quedé fueron en noches de luna llena. En esos casos me acuerdo porque con el primero hablamos de hombres lobo al  darnos cuenta del aspecto de la luna, y en el segundo como follamos al aire libre fue más fácil fijarnos.

A partir de ahí no es que me fijase a todas horas en la luna pero sí que, a toro pasado, los días que hacía locuras (tríos, folladas bestiales, intentos de orgía) me fijaba que coincidía siempre con noches  de luna llena.

Incluso llegué a tener de favorita en el ordenador una página donde estaba los ciclos lunares anuales, y la consultaba habitualmente. Como quien mira el tiempo que hará al día siguiente, pero de otro modo.

Así, tanto las situaciones de El bueno, el feo, y el malo como las de La visita o Morbo ocurrieron durante esas noches.

Por contra, las épocas de luna nueva el efecto era totalmente contrario. de una época de calentón brutal pasaba a una época de sequía que duraba lo que duraba la oscuridad de las noches.

Incluso esas épocas coincidían con periodos de bajones, en los que no sólo perdía las ganas de sexo, sino también las ganas de ocio, fiesta o como queráis llamarlo.

Yo esto lo he hablado con amigos y la verdad es que de una forma tan acusada como la mía, no conozco más casos.

En Internet lo único que se habla es de los efectos en las enfermedades mentales (los llamados lunáticos), pero no creo que este sea mi caso. O eso espero.

Sí que es cierto que los efectos atmosféricos (lluvia, sol, viento) nos afectan más de lo que nos pensamos, pero mi “afección” lunar va por otros derroteros.

Por suerte, o por desgracia, esta influencia con los años se ha ido atenuando.

Ahora no es que no me afecte ya, pero ni hago las barbaridades que hacía, ni voy buscando sexo a saco para saciar mi “apetito”, con lo que digamos que la situación no es lo que era.

Supongo que además, el cumplir años también tiene bastante que ver, y la estabilidad, y aunque sigo poniéndome más palote de lo habitual estas noches, el influjo queda ya bastante rebajado.

Y si lo preguntáis, aunque la luna sea mucho más grande estos días, eso no significa que me afecte más,  con lo que la frase de “el tamaño no importa” aquí también se cumple.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Escándalo en el plató

Escándalo en el plató

Ahora que se está debatiendo en mi Comunidad día sí día también cuándo comenzará a emitir de nuevo la televisión autonómica valenciana, quisiera recuperar un fragmento de uno de sus programas estrella de hace años.

Por si no lo sabéis, la antigua televisión (Canal Nou) se cerró envuelta en un gran polémica, en noviembre del año 2013.

Con el cambio de gobierno surgido tras las últimas elecciones autonómicas, se decidió como medida estrella reabrir de nuevo la televisión, con otro nombre, otro presupuesto, y otros objetivos.

La antigua televisión pasó por épocas buenas, malas, y muy malas, y durante una etapa en concreto estuvo repleto de programas de telebasura que conseguían, eso sí, bastante audiencia.

Los vídeos que voy a poner a continuación corresponden a un programa que se emitió durante dos temporadas, entre 1997 y 1999, y que se emitía con gran éxito de público los viernes noche.

En realidad el programa empezó a emitirse en 1992 con el nombre de “Carta Blanca”, y consistía en debatir temas de actualidad, con público en plató que también podía intervenir en directo.

Tras algunos mínimos cambios en el funcionamiento del programa, en 1997 pasó a llamarse “Parle vosté, calle vosté” (“Hable usted, Calle usted”) intentando evitar los temas demasiado polémicos hasta que llegó el tema de la transexualidad al programa.

Para poneros en contexto, he de decir que era también la época de “Esta noche cruzamos el Mississippi” con La Veneno, o los debates que acababan como el rosario de la aurora en “Moros y Cristianos” (ambos en Telecinco).

En este caso también fue así, pero llegando a unas cotas de vergüenza ajena como pocas veces se había visto en televisión. Por supuesto el programa fue líder de audiencia y a mí todo lo que allí sucedió esa noche se me quedó grabado en la retina.

Y es que reconozco que me lo pasé pipa y me descojoné por momentos. Tanto es así que un buen día se me ocurrió buscar en Internet por si encontraba algo de aquello y cuál fue mi sorpresa que encontré que alguien había subido el momento mas surrealista del programa, dividiéndolo en tres partes (gracias, GustavoCL).

El fragmento en cuestión se inicia en el momento que entra en escena una trans llamada Manuela Trasobares.

Manuela, catalana de nacimiento, es una cantante, pintora, escultora (fue artista fallera) y política (llegó a concejala en un pueblecito de Castellón) que en este programa en concreto dio la campanada.

Los vídeos en cuestión se explican por sí solos, pero aún así os pongo en antecedentes:

En el primero, Manuela comienza a hacer una reivindicación de su colectivo hasta que se vuelve completamente loca y….
(Tranquilos que aunque empieza hablando en catalán, a partir del minuto 1:57 pasa al castellano).

En el segundo, después de “la noche de los cristales rotos”, el público se viene arriba y el presentador ya no sabe ni por donde va con lo que opta por expulsar de la clase a los que se portan mal…

Y en el tercer vídeo, como fin de fiesta actúa Manuela, nuestra Manuela ya, con su pie de micro y convertida en una auténtica diva del género.

Para acabar, os dejo aquí el monólogo inicial al completo, que es para retener en la memoria por los siglos de los siglos.

“Yo soy artista, soy cantante de ópera, soy mezzosoprano dramática, pero aparte de esto soy una persona que adora la estética. Me encanta Rubens, me encanta el barroquismo. Qué bonito esas figuras! Qué bonito esos dorados! Por qué no la mujer vestirse con toda su lujuria! Por qué no hablar del sexo? Por qué no hablar de la fuerza de la carne?  Por qué?! Por qué nos hemos de reprimir? Por qué? Durante tantos años la represión y la máscara. De qué me tengo que disfrazar ahora?  De una qué?”

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

La noche de Halloween

La noche de Halloween

Aunque mi relación con M. ya había empezado, todavía tardaría bastante en hablarlo con mis amigos. Además, al inicio nuestra relación se basó sobre todo en el sexo (quedábamos para follar directamente), así que tampoco era necesario, aún, hablar de eso con nadie.

Aparte de esto, desde lo que comenté en Breakdown, mi amistad con el grupo gay ya no es lo que era. A ver, con mi amiga Raquel sí que seguía quedando habitualmente, pero así en plan grupo, juntos, ya no tanto.

Sólo cuando había alguna celebración importante es cuando nos volvíamos a reunir todos.

Una de esas quedadas fue por estas fechas, en las que Guillermo nos invitó a su casa para cenar y celebrar Halloween.

Ya he contado alguna vez que cuando Guillermo montaba algo lo montaba a la grande, y está vez no iba a ser una excepción, así que mandó editar unas invitaciones, personalizadas para cada uno, para invitarnos a su fiesta.

Yo con Halloween, hasta entonces, tenía una relación de amor-odio. Me ha pasado siempre eso con las fiestas foráneas. No es que tenga nada en contra porque sí, pero me ha reventado siempre lo de echar por tierra todo lo nuestro y abrazar enseguida cualquier novedad de fuera por tonta que sea.

Así, por ejemplo, en Navidad nunca me ha gustado Papá Noel, Santa claus o como queráis llamarlo. Yo siempre he celebrado los Reyes Magos y lo seguiré haciendo toda mi vida. Y, desde otro punto de vista, la fiesta de San Juan en verano, con sus saltos de olas, hogueras, deseos y demás siempre me ha parecido una auténtica chorrada.

Con Halloween me pasaba tres cuartos de lo mismo, sólo que a mi Yo friki sí que le gustaba todo eso, igual que le gusta el cine de terror y pasar miedo sin ningún motivo.

Así que me disfrace más o menos (iba de Drácula, con su capa y todo) y allí que nos plantamos Raquel y yo,  ella con vestido rojo en plan diablesa-putilla.

Nada más llegar a su casa ya sorprendía ver que la puerta de entrada estaba totalmente cubierta de telarañas, incluso con sus arañas colgando.

Cuando entrabas dentro, te recibia Guillermo vestido como el mayordomo de la familia Addams y te daba la bienvenida a su casa.

Por cierto que su casa no era demasiado grande pero esa noche en concreto le sacó un partido increíble. Y es que donde empezaba el pasillo había colgado decenas de bolsas de basura por las paredes y el techo, creando una especie de pasaje del terror que dividía el corredor en cuatro zonas. Allí habían maniquíes descuartizados, ratas de goma, fotos de carteles de películas de terror, calabazas y toda la parafernalia típica.

Luego ya llegabas al comedor. Ese comedor que normalmente estaba llena de muebles y que esa vez, no preguntéis como, estaba únicamente ocupado por una mesa enorme cubierta por sábanas y candelabros con velas que iluminaban tenuemente la habitación.

Y con esa mínima luz cenamos en esa ocasión.

Nosotros habíamos llegado tarde, todo un clásico en nosotros, así que directamente nos sentamos a comer con el resto de gente, que entre que estaban disfrazados y la poca luz que había no consigo ya ni recordar quien había esa noche.

Porque además, para crear mas ambiente, a Guillermo se le ocurrió poner en bucle un audio de chirridos, gritos y sonidos de sierra mecánica que creaban un ambiente muy acorde pero que nos impedía escucharnos unos a otros.

Pero eso no fue todo, porque la cena también estaba ambientada en todo ese submundo: ensalada de la muerte con setas venenosas, ojos sangrientos (huevos duros) con dedos amputados (minifrankfurts),  hamburguesa con tripas de rana (menestra de verduras) y conjuros sangrientos (sirope de fresa) como postre.

Al final no sabíamos muy bien ni lo que cenamos ni de lo que hablamos ni los que éramos, pero la verdad es que fue una de las noches más divertidas que he pasado nunca y a partir de ahí le cogí mucho más gusto a celebrar esta fiesta.

De hecho creo que desde entonces, siempre que se acerca está época, busco alguna actividad relacionada con el miedo o terror y la verdad es que lo disfruto mucho.

(Sin olvidar ir también al cementerio con la familia y ver alguna tumba que da pánico por sí sola…)

Aún así, me niego a lo de “Trick or treat” de los niños, que hasta eso ha llegado también por aquí. Así que si algún día llaman a mi puerta, pueden dejarse los dedos en el timbre que no pienso abrir, y más con esa traducción cutre al castellano, en plan “truco o trato”, que no tiene ningún sentido.

Y es que hay cosas por las que no paso.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

Siete años en el Tibet

Siete años en el Tibet

Cuando el metro estaba llegando a la estación le vi junto al andén, y en lo primero que pensé fue en que, aunque estaba igual que en la foto, me lo imaginaba algo más alto.

Habíamos chateado por primera vez la tarde de antes y como ninguno de los dos tenía prisa, habíamos decidido dejar esa cita para la tarde del día siguiente. Únicamente nos habíamos mandado foto (yo le mandé una mía…disfrazado de buzo) y habíamos tenido una breve charla por teléfono.

Mis últimas citas habían resultado una mierda, y de ésta no esperaba tampoco nada en concreto. A ver, soy sincero, habíamos quedado para follar, pero me pillaba en una época en la que si surgía algo más, pues bien, y sino, también.

Al poco de vernos y romper un poco el hielo, comenzamos a hablar de nuestras vidas y me sorprendió que tuviese el mismo trabajo que Yago, de quien os hablé en Vicky Cristina Barcelona Incluso se había desplazado de su ciudad de origen para trabajar aquí (lo mismo que tuvo que hacer Yago trasladándose a Barcelona).

El hilo conductor de nuestra conversación fue prácticamente ése y aunque la conversación era fluida, algo en mi interior me decía que yo a él no le había gustado y que me iba a volver a casa sin mojar el churro. Y era una lástima porque el hombre me parecía atractivo (sobre todo por los brazos definidos que tenía). Sin embrago, me equivoqué, y cuando ya pensaba que nos íbamos a despedir fue cuando me invitó a subir a su casa para tomar algo.

Nada más sentarme en el sofá me sorprendió, aparte del pedazo de televisión impresionante que ocupaba media pared, una foto de la estantería donde se le veía con una mujer muy guapa vestida de novia…

Automáticamente, le pregunté por la foto, claro (no fuese que me tocase salir por patas si llegaba la parienta) y aunque me dijo que era de la boda de su hermana, si que me contestó que él había estado casado (otro punto en común con Yago).

Después de ese momento de confesiones ya empezamos a darnos el lote en el comedor hasta que nos fuimos a su cama para estar más cómodos.

Fue cuando ya estábamos en bolas los dos cuando me dijo que me tenía que decir algo más sobre él y era que me había mentido con su edad…

Si no recuerdo mal, me dijo que tenía 39 años cuando en realidad tenía ya 43. Que igual visto ahora, con perspectiva, era una chorrada (total, iba a ser un polvo) pero el tío tenía algo que me gustaba y saber que tenía demasiados años como para empezar una relación (yo, a la mínima, analizaba mis posibilidades de pareja) me decepcionó un poco.

De todos modos, le dije que agradecía su sinceridad aunque fuese a destiempo (tal vez no hubiese quedado esos días con alguien que me llevaba diez años), pero estando ya tiesos los dos, prefería que dejaramos de hablar y pasar a follar directamente.

Del polvo en cuestión, la verdad es que no recuerdo mucho (y es curioso, porque me acuerdo prácticamente de la primera vez con todos) pero sí del momento posterior: nos pegamos una buena ducha y cuando ya estaba dispuesto a irme, fue cuando me dijo que porqué no me quedaba a cenar y a dormir con él.

Si seguís de vez en cuando mi blog, os podéis imaginar lo que esas palabras significaron para mí, así que no hizo falta que me lo dijera dos veces y me quedé con él toda la noche.

Simplemente vimos la tele, cenamos y nos acostamos, abrazados, hasta que nos cogió el sueño. No follamos de nuevo. Sólo fue eso, pero yo no necesitaba más.

A la mañana siguiente, como él entraba a trabajar mucho antes que yo, incluso me acercó a casa en su coche no sin antes decirme que había estado muy agusto conmigo.

Ese mismo día, por la tarde, me mandó un mensaje diciendo que quería volver a verme. Yo cuando lo recibí, me alegré (te sube la moral, quieras que no), pero me sorprendió porque no pensé que a este hombre lo fuese a volver a ver más. Y también en eso me equivoqué.

Nos vimos esa tarde, y la siguiente. Esa misma semana incluso ya me quedaba a dormir en su casa mientras él se iba a trabajar antes que yo.

Era básicamente quedar para tener sexo, pero también nos reíamos mucho, pensando en nuestra diferencia de edad, en que realmente teníamos poco en común, en lo diferentes que éramos…

Recuerdo que incluso me comentó la frase de un amigo suyo que le decía que conocía a gente que empezando así, luego habían durado casi nueve años…

Pues bien, hace poco que él y yo cumplimos 7 años como pareja.

Siete años en los que, casi sin darnos cuenta, empezamos una relación desde cero, y sin buscar nada (sólo sexo) el día en que nos conocimos.

Siete años en los que me he sentido como en una nube y aunque hayamos pasado por malos momentos (algunos, muy recientes) siempre hemos sabido superarlos juntos.

Hace poco tiempo que él descubrió este blog.

Sabía de su existencia (a él le oculto pocas cosas) pero no le había mencionado nunca el nombre del blog más que nada para evitar que me cortase al escribir según qué cosas.

No sé cómo, pero al final, dió con el blog y como de cualquier cosa mala se puede extraer una buena, he querido  hoy hablar de él.

Y es que este año, que por circunstancias no podemos estar juntos, no se me ocurre otra forma mejor que felicitarle así por su cumpleaños.

Y aunque no suelo poner música, permitidme esta vez que ponga un vídeo, bastante antiguo (momento moñas) que significa mucho para ambos.

Para M. TQM.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com

En la casa

En la casa

Aunque en general siempre daba con buena gente cuando quedaba con tíos, sí que es verdad que echando la vista atrás, sí que tengo también recuerdos de algunos que me salieron bastante rana.

Uno de estos últimos fue un tío que por el chat me pareció bastante agradable pero que cuando nos conocimos en persona me agobié bastante.

Alfonso se llamaba y me comentó que era médico. Me habló al principio mucho de su trabajo pero no recuerdo cómo la conversación degeneró bastante hasta acabar hablando de sexo, de lo que le gustaría que le hicieran y lo que le gustaría hacerme a mí.

Yo como muchas veces me calentaba con nada, enseguida le dije que porqué no quedábamos y me lo hacía en persona y allí que me fui (ya os he comentado varias veces que en pocas ocasiones me he traído gente a casa -manías que tiene uno-).

Nada más llegar, me sorprendió mucho la pinta que tenía este tío. Aparte de que era evidente que tenía más edad de la que me había dicho (eso es un clásico por internet), el aspecto tanto de su casa como de él eran un tanto…extrañas.

Aparte de que me abrió la puerta llevando sólo unos calzoncillos negros de rejilla para así en teoría calentarme desde el minuto uno (la verdad es que el efecto fue justo el contrario), hablaba de una forma que no sé si estaba drogado o pensaba que era sexy su forma de arrastrar las palabras.

Su casa, mientras, era como una mezcla entre síndrome de Diógenes y la casa de Alaska y Mario. Todo con un toque así como kitsh, pero en plan descuidado, guarro, como si estuviese en medio de una mudanza eterna.

De hecho le pregunté si se estaba trasladando o algo y me dijo que no, que vivía ahí prácticamente toda su vida, y como que no entendía mi pregunta…

Me llevó a su comedor y aquello ya era esperpéntico. Aparte de que no he visto persona con tan poco gusto para los colores (no me considero decorador ni nada pero es que la mezcla de telas de cebra y leopardo hacían daño a la vista…), hacía un olor como a cuarto cerrado que echaba para atrás. Las paredes más mierda no podían tener, y si en su momento habían sido blancas, ahora tenían un color entre pardo y gris oscuro. Había incluso restos de comida sobre la mesa, que yo pensé que ya le podría haber dado por arreglar un poco la casa si esperas visita, pero bueno.

A esas alturas yo ya estaba pensando de qué forma largarme de allí sin que se sintiese molesto, pero he de reconocer que a pesar de todo, el tío tenía un muy buen cuerpo y con dos arrumacos que me hizo, ya pensé lo típico de “en peores plazas te has corrido has toreado”…

Fuimos a su habitación y, por suerte, era lo mejor de la casa (aunque eso no quería decir mucho), y aparte de cierto desbarajuste de ropa sobre una silla, un armario que sería de su abuela, y un orinal de cerámica en un rincón, la cama parecía limpia.

Empezamos a darnos el lote y al poco de empezar, el tío sin querer le dio una patada a un vaso con agua que tenía sobre su mesilla, rompiéndose en mil pedazos. Entre que se fue a por la escoba y el recogedor a a arreglar un poco el estropicio, a mí la verdad es que se me empezó a bajar el calentón. Para colmo empecé a ver los libros que tenía en su estantería y eran la mar de extraños todos, con muchos libros de sectas, de apariciones marianas y de temas de extraterrestres.

Ya volvió otra vez y a mí entre unas cosas y otras ya no me apetecía hacer demasiado en esa casa. Se lo comenté de buenos modos, pero por lo visto a él le daba igual lo que yo quisiese o no quisiese hacer, así que me dijo que al menos me quedase hasta que se hiciese una paja porque le daba morbo que yo me quedase a verlo.

Y ahí me quedé, de pie al lado de su cama, como un pasmarote, mientras él se hacía una gayola a dos manos…

Una vez acabó, le dije que me alegraba si él había disfrutado, pero que yo ya me iba.

Sí que antes de irme le pregunté si realmente era médico y ejercía (más que nada por no ir nunca a su lugar de trabajo) y él, muy ofendido, se fue hasta otra habitación y me sacó, llena de polvo, la Orla de su promoción de Medicina.

Se ve que a pesar de ser más raro que un perro verde, el hombre tenía su orgullo y amor propio, claro.

Los comentarios, aquí debajo o en mi mail: gayalguien@hotmail.com